Opinión

Take this Waltz: Trump y el elefante rojo

WASHINGTON (United States), 05/11/2026.- US President Donald J. Trump responds to a question from the news media during an executive order signing ceremony in the Oval Office of the White House in Washington, DC, USA, 05 November 2026. President Trump is seeking to designate the Oval Office a national monument, following his statements that the Secret Service had recommended rebuilding the historic room for security reasons, a proposal he opposed. EFE/EPA/JIM LO SCALZO / POOL
Donald J. Trump responde a una pregunta de los medios de comunicación durante una ceremonia de firma de una orden ejecutiva en el Despacho Oval.
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Los demócratas han ganado con una contundencia difícil de cuestionar las elecciones celebradas hace apenas unos días en Estados Unidos. Ello implica que, en enero, asumirán el control tanto del Senado como de la Cámara de Representantes. Concretamente, en la Cámara Alta, han conseguido 54 escaños, tres más de los necesarios para hacerse con la mayoría. En la Cámara Baja, han obtenido 237 escaños, superando ampliamente los 218 que marcan el umbral para dominarla. Consecuentemente, el partido que lleva un burro azul por emblema ha logrado “espantar” –como si de un juego de animales se tratara– a su contrincante: el elefante rojo que, desde finales del siglo XIX, se encuentra vinculado al partido republicano.

Conforme se fueron conociendo los primeros resultados, el mapa del país norteamericano se fue tiñendo de azul. La aritmética electoral habló por sí sola. Al final de la jornada, con datos suficientemente fiables, Donald Trump no tuvo más remedio que reconocer el revés electoral, anunciando que se pondría a trabajar con sus rivales. En un tono cordial –algo a lo que no nos tiene acostumbrados– señaló que la oposición había hecho un “buen trabajo”. Asimismo, atribuyó parte de la derrota a Irán. Con ello aludía al conflicto armado que comenzó a principios de año en territorio iraní y a las consecuencias políticas que ha tenido para su formación.

A lo largo de esta semana, se han sucedido los análisis sobre unos comicios que parecen revelar un cambio en el sentir de la población norteamericana. Este viraje muestra, en particular, cómo buena parte de la opinión pública se aleja del abrupto y sinuoso camino seguido por Donald Trump desde que hace dos años regresara a la Casa Blanca. Los informes coinciden en subrayar, sin discusión alguna, que los republicanos han perdido importantes bastiones. Maine es uno de ellos.

Da la impresión de que el revés experimentado en dicho Estado ha sido particularmente amargo a juzgar por la decisión de Susan Collins, senadora republicana desde 1997, de no aparecer en público tras conocerse el desenlace electoral. Su equipo se limitó a emitir un escueto comunicado en el que afirmaba que había sido un honor servir a su país. También difundió la canción titulada Closing Time del grupo Semisonic. El mensaje era claro: en el recinto donde se siguió el escrutinio la fiesta había llegado a su fin. Una lástima que no se hubieran decantado por la siempre deliciosa canción de Leonard Cohen que lleva el mismo título y que también refleja –a su manera, eso sí– el final que toda celebración trae consigo. En la versión de Cohen, la euforia y desenfreno se disipan cundo el violinista se detiene y la música deja de sonar. La de Susan Collins acabó el martes pasado. El violinista bajó su arco y, con ello, se rompió el hechizo.

Pero la música, en realidad, no se detuvo. O, al menos, no para todos. Como sucede en The Guests de Leonard Cohen, los políticos –a modo de invitados– fueron apareciendo en escena; uno a uno y sin saber cómo terminaría la noche. De pronto, unos comienzan a bailar y otros a llorar. Cada cual asume su papel: mientras unos brindan otros contemplan cómo se apagan las luces. Entre quienes danzan está el demócrata James Talarico que ha logrado vencer al republicano Ken Paxton y hacerse con un escaño en el Senado por Texas. Una situación que no se producía desde finales de los años ochenta.

En paralelo, Gina Hinojosa se convertirá próximamente en gobernadora de ese mismo Estado. Es, de hecho, otra de las grandes protagonistas de la noche electoral del pasado 3 de noviembre al arrebatar el poder al partido republicano que llevaba tres décadas gobernando en Texas. Este bastión, tradicionalmente seguro e intocable para el partido del paquidermo rojo, ha dejado de serlo. Pero hay algo más. Su victoria tiene un valor simbólico añadido: Hinojosa será la primera mujer latina en gobernar un Estado que comparte frontera con México y cuyo gobernador saliente, Greg Abbott, ha promovido durante años la construcción de un muro. Ahora, quizá, como invita a imaginar Cohen en su memorable canción The Partisan, sea el momento de que caigan los muros y vuelvan a florecer los campos.

El cambio de escenario también ha llegado a Georgia. Allí, Keisha Lance Bottoms ha hecho historia. Su llegada al poder devuelve el Gobierno estatal a los demócratas después de más de dos décadas de gobiernos republicanos. Pero, más allá del cambio de signo político, el resultado adquiere una dimensión especial en un Estado profundamente marcado por la esclavitud, la segregación racial y el racismo institucional. Se rompe así un doble techo de cristal: Bottoms será la primera mujer al frente del Gobierno de Georgia y, a escala nacional, la primera afroamericana elegida gobernadora de un Estado. Una gesta que bien podría evocar la atmósfera revolucionaria de First We Take Manhattan. Su llegada al poder muestra, en definitiva, el punto de inflexión en el que se encuentra Estados Unidos donde, en estos momentos, las viejas estructuras se resquebrajan mientras un nuevo orden político, con audacia, trata de abrirse paso.

midterms
New York (United States), 04/11/2026.- Supporters react to election results during the official New York Democrats election watch party in New York, New York, USA, 03 November 2026 (issued 04 November 2026). The 2026 midterm elections will determine congressional control and shape the final two years of President Donald Trump’s term. (Elecciones, Nueva York) EFE/EPA/Olga Fedorova
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Ahora bien, que la música haya cambiado de ritmo no significa que la función haya terminado. La cuestión es hasta qué punto estos resultados condicionarán los dos años que restan de presidencia a Donald Trump. Ahí reside, probablemente, el quid de la cuestión. Desde Berlín, el canciller alemán Friedrich Merz se ha mostrado escéptico ante la posibilidad de que el resultado altere sustancialmente la dirección seguida por el presidente estadounidense en estos dos años. A su juicio, Trump actuará bajo el frenético ritmo que le permitan las órdenes ejecutivas. Otros, sin embargo, advierten que el mandatario afronta una situación de vulnerabilidad. Es, precisamente, en las filas republicanas donde ciertos comentarios han adquirido interés. Me refiero a la conversación privada que mantuvieron –antes de las elecciones– colegas próximos a Trump en la que comentaban que, tal vez, podrían buscar refugio en Israel dado que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, había logrado mantenerse en el poder. En tono jocoso, señalaban que él les protegería y que, incluso, podrían pedir asilo. Una ocurrencia que, a la luz de los resultados, ha adquirido una resonancia bastante menos humorística.

En este punto, y dado que el elefante rojo ha sido uno de los protagonistas involuntarios de una noche aciaga y también de estas páginas, merece la pena detenerse en el origen de ese símbolo. Para ello, hay que retrotraerse a finales del siglo XIX cuando el afilado ilustrador Thomas Nast contribuyó a popularizar la representación animal de los dos partidos estadounidenses. En 1874 publicó una viñeta titulada Third Term Panic (Pánico a un tercer mandato) en la que abordaba la inquietud suscitada por la posibilidad de que el entonces presidente republicano Ulises S. Grant optara a un tercer mandato (algo que no era ilegítimo en aquella época pero que despertó fuertes recelos). Nast dibujó un elefante que representaba el voto republicano, avanzando con torpeza sobre unas tablas que simbolizaban la plataforma de su propio partido. En ellas podían leerse palabras como “Inflation”, “Repudiation” y “Reconstruction” mientras que, bajo sus pies, se abría un hoyo identificado con el caos. Aquella imagen acabaría consolidando al paquidermo como emblema del Partido Republicano.

Pase lo que pase durante los dos años que le quedan de mandato a Donald Trump, estas elecciones dejan una imagen difícil de ignorar: la de un partido republicano que ha perdido buena parte de su capacidad para presentarse como una fuerza electoral incontestable. Quizá sea prematuro pensar que en las próximas elecciones presidenciales no tendrá opciones de competir, pero sí parece evidente que el escenario de 2028 será muy distinto del que muchos imaginaban hace apenas unos días. Y eso, qué quieren que les diga, debería procurarnos cierto respiro. Ahora sólo queda esperar a que el tiempo transcurra deprisa y sin demasiados sobresaltos. Mucho pedir, quizá, para alguien como Trump que actúa como un elefante en una cacharrería. En todo caso y puestos a buscar una última banda sonora, quedémonos con Leonard Cohen y su Tonight Will Be Fine. Aunque solo sea…for a while.

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