Andan los enanitos políticos y mediáticos de Pedro Sánchez como mogwais que se han zampado un Big Mac pasada la medianoche porque la Audiencia de Badajoz, a sus ojos, un híbrido monstruoso y satánico entre Iker Jiménez y Gamal Al-Ghandour, ha condenado este martes a David Sánchez Pérez-Castejón, hermano del yerno de Sabiniano, a nueve años de inhabilitación por prevaricación. Por ejemplo, el último ídolo del amigo Toni Simón, Gabriel Rufián, escribía en X: “Adecentar al poder judicial debería ser prioritario”. Quien dice adecentar dice amordazar y esclavizar, o sea, a la manera bolivariana y plurinacional, claro. El dubte ofèn.
Lo único bueno de lo de David Sánchez y Begoña Gómez es que ahora el PSOE (y por extensión mucha gente) ya sabe el pan que se da cuando un juez te persigue por tus ideas, por ser quien eres o simplemente por la cara.
Adecentar al poder judicial debería ser prioritario.
— Gabriel Rufián (@gabrielrufian) July 14, 2026
Las Elma Saiz, los Alberto Ibáñez y las Santaolallas de Ruiz que claman lawfare como Helen Lovejoy pidiendo que alguien piense en los niños entroncan con esa España primitiva y longeva que, una vez restablecido el absolutismo de Fernando VII, gritaba “¡Vivan las caenas y muera la Nación!”; con esos mismos paisanos que ante el dictador Franco, el 1 de octubre de 1975, vociferaban en la plaza de Oriente: “¡No queremos apertura, queremos mano dura!”. Hay en este “trozo de planeta por donde cruza errante la sombra de Caín” (Antonio Machado) una afición activa, pero también pasiva, por el nepotismo, término que deriva de la palabra nepote, “sobrino” o “nieto” en italiano: nos alegra, en general, que al hermano de o a la esposa de le vaya bien si es de los nuestros –si no, leña al mono–. Donde esté el parentesco, que se aparten los méritos propios. La meritocracia son los papis.
Los tres magistrados que firman el fallo, de 377 páginas, han disparado, precisamente, a la barriga del nepotismo y del enchufismo: “Hemos de convenir en que esta práctica poco ética daña la salud democrática, fomenta la corrupción y la desigualdad de oportunidades, con merma de la eficiencia en el desempeño del empleo en las administraciones públicas. De igual manera, debemos recordar que el interés general, y no el particular de los futuros adjudicatarios de las plazas de empleo público, debe presidir la creación de las mismas”. Pues bien, según el ministro de Transportes, Óscar Puente, “esta época se estudiará en los libros de historia como aquella en la que se tensaron las costuras de nuestras instituciones más esenciales con la única finalidad de derribar a un gobierno ante la incapacidad de hacerlo por las urnas”; según su tocayo López, quien desfila irremediablemente del Ministerio de Transformación Digital a la Roca Tarpeya de la Comunidad de Madrid –la venganza se sirve fría y cruel–, “no hay ningún motivo para condenar a David Sánchez”. Qué sabrán esos ropones. La democracia liberal es facha –¡lawfare, lawfare!–, que vuelva el Antiguo Régimen.
Nuestra democracia merece más respeto. No hay ningún motivo para condenar a David Sánchez.
Pero es que la mera tramitación ante la jurisdicción penal de un asunto que solo cabría haberse tramitado ante la jurisdicción contencioso-administrativa rompe con todo el pasado…
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— Oscar López Agueda (@oscarlopeztwit) July 14, 2026
El Ejecutivo y sus escolanías fanáticas embisten al Judicial desprovistos de prejuicios y horrorizados por la blasfemia. La Audiencia de Badajoz ha condenado a un brahman; al hermano del santo, del héroe, del padre de la nueva patria y, para muchos, del hombre proveedor. Con diez tertulianos por banda, viento en popa a toda vela y con la inestimable ayuda del juez Peinado, el velero bergantín monclovita iza la bandera de la victimización y navega en pos de la rentabilización electoral del presunto mártir. Aventura Ramón Espinar, desde su atalaya sumanda de cristal, que “la movilización de la izquierda española va a ser histórica cuando abran las urnas”. En el voto CERA, seguro; en el presencial, no sé yo, no sé yo.
Y va el abrazo para la juez Beatriz Biedma.

