Óscar Puente reconoce que no sabe “cuánto” le durará esta etapa de contención verbal, esfuerzo pedagógico e hiperactividad mediática, marcada por su decisión de no “entrar al trapo” con el Partido Popular. El viernes aseguró que no contempla dimitir, y que se ve “capacitado” para seguir al frente del Ministerio de Transportes tras el accidente de Adamuz, que deja 45 personas víctimas mortales.
En la dirección del PSOE piden no avanzar “pantallas”, y reclaman poner el foco en el ahora, en la gestión de la catástrofe. Especialmente en lo que a la comunicación se refiere, Puente ha cosechado aplausos a la interna.
El ministro, que desde la cúpula de Ferraz identifican con la “visceralidad tuitera”, ha optado por huir de la confrontación al convertirse en la cara técnica y explicativa del Gobierno en esta catástrofe. Con perdón del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, que protagonizó dos ruedas de prensa relacionadas con el accidente esta misma semana. Pedro Sánchez marcó el tono el lunes, pero es el titular de Transportes quien ha estado bajo los focos desde entonces.
Ya en los minutos posteriores al accidente, en la tarde del domingo, Puente comunicó que estaba siguiendo de cerca los acontecimientos en las instalaciones de ADIF; a primera hora del lunes visitó el lugar de los hechos, antes incluso que el propio Sánchez. El martes dedicó buena parte de su tiempo a explicar la situación a los medios, en numerosas entrevistas. El miércoles hizo lo propio, pero además concedió una rueda de prensa de más de dos horas y cuarto, en la sede de Transportes.
El jueves continuó su peregrinación por los medios, y el viernes volvió a comparecer tras los últimos hallazgos de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF), el organismo que debe aclarar las causas del siniestro.
Con las pesquisas apuntando a la rotura del carril por el que circulaba el primer tren (Iryo), Puente respondió que esta es una “hipótesis provisional”. Y puso el foco en un posible “defecto de fabricación del carril”. En paralelo, no dejó de servirse de la red social X para precisar o desmentir informaciones, además de para rebatir teorías sobre las causas del accidente,.
“Está dando la cara, comparece, atiende a medios. Explica lo que sabe en cada momento”, ensalzan fuentes de la dirección socialista. Sostienen que esto demuestra su “responsabilidad” y su “saber gestionar”.

La dirección del PSOE no quiere avanzar “pantallas”: “Estamos centrados en lo que ha pasado”
Media docena de interlocutores consultados por Artículo14 se pronuncian en similares términos sobre el desempeño del ministro. El escenario que no quieren explorar con el mismo entusiasmo, más allá del ahora, tiene que ver con la mochila que puede suponer para Puente lo ocurrido en Adamuz. La bruma se despejará cuando se conozcan las causas y toque dilucidar responsabilidades.
La “gravedad” del siniestro es reconocida por los socialistas. No ayuda que coincidiera con la muerte de un segundo maquinista en el accidente de Rodalies en Gelida (martes). Y tampoco que se esté gestando una huelga de maquinistas, que Puente aspira a evitar.
“Nos preocupa lo que ha pasado y estamos centrados en eso”, despeja un dirigente de Ferraz. “La parte positiva es la proactividad”, reconoce un parlamentario. La negativa, apunta, “es el fondo del asunto”. “Una crisis así tiene responsabilidades que pueden ser suyas”; “Evidentemente había un problema”, apostilla.
Podrá haber cambios en materia de “gestión y de revisión”. Pero augura un “mal” escenario futuro. A esto se une, a su entender, que el “tono macarra y de confrontación” genera problemas ante una crisis semejante. “No puedes tener una careta de tipo de Estado, institucional, y al día siguiente ir atacando por Twitter”, zanja. De momento, el ministro sigue luciendo esa “careta”.
“Cuando se decide tener un perfil político tan beligerante contra el resto de políticos y tienes una catástrofe como esta entre tus manos, cualquier desliz te cuesta el puesto. Está en el filo. No ha caído pero tampoco está salvado, se encuentra en el limbo”, afirma otro dirigente estatal. “No creo que pueda salir reforzado como algunos dicen. La combinación de accidente, Rodalíes y fallos en otras vías lo imposibilitan”, anticipa.

“Un líder de gestión, que da la cara”
Otro dirigente estatal afirma que, pese a su “visceralidad tuitera”, “cuando bien mal dadas o toca dar la cara y gestionar, es un líder de gestión”. “Ha ejercido con transparencia”, insiste.
“Se le da muy bien comunicar de forma clara y directa. No le pondría ningún pero“, sostiene un dirigente andaluz, todavía conmocionado por la magnitud del siniestro. Destaca que Puente estuvo presente “desde el minuto 1”, disponible para los medios de comunicación. “Sobre todo, explicando de forma sencilla algo muy complejo técnicamente: rodaduras, agujas, boiges… Hacer simple lo complejo”.
A su entender, como al de la mayoría de dirigentes consultados, “su imagen se ve reforzada como un ministro preparado, que sabe del asunto, que lo comunica a la sociedad y que no se esconde de ningún debate”. Que ha entendido que, o comunicas, o el resto comunican por ti. Y que ha corrido a las redes sociales, radios y televisiones, cuando ha habido que aclarar las circunstancias del resto de incidencias registradas esta semana, todas ellas bajo la lupa mediática.

En sus primeras jornadas de desempeño, el balance es positivo para los suyos: Puente ha pedido comparecer en el Congreso (aún sin fecha), y no se descartan nuevas ruedas de prensa en los próximos días si siguen aflorando novedades sobre las investigaciones. De momento, ha logrado morderse la lengua y no ha tirado de su tono más bronco.
A mitad de semana, además, el Partido Popular anticipó que pondrá la gestión del ministro en su diana. Puente es una pieza de caza mayor. Es aclamado por buena parte de los suyos por prestarse a la batalla cultural contra los postulados del PP. Y se ha convertido en uno de los integrantes del Consejo de Ministros con más peso político propio.
En la oposición saben que accidentes de estas dimensiones, con una cifra de fallecidos tan elevada, suelen tardar años en cicatrizar. En dejar de erosionar a los políticos que estaban al frente de las instituciones percibidas o identificadas como responsables. PP y Vox ya han iniciado la ofensiva parlamentaria, y Junts y ERC han empezado a apretar al ministro por los dos accidentes de Rodalies, sumados al caos circulatorio en Cataluña por el retraso al volver a operar.
Lo previsible es que próximamente empiecen a reclamar comisiones de investigación, que contesten a cada ausencia de datos con nuevas acusaciones. Y, cuando el souflé mediático baje, la buena respuesta en términos comunicativos puede no ser suficiente para mantener la moral alta en sus filas.



