Pocos ochomiles jurídicos más altos se pueden escalar en la disciplina profesional del Derecho que los que ha coronado ya Enrique Arnaldo Alcubilla (1957): Licenciado y Doctor en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid, técnico de la Administración Civil del Estado, Letrado de las Cortes Generales, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Rey Juan Carlos, vocal del Consejo General del Poder Judicial (1996-2001) y, desde noviembre de 2021, magistrado del Tribunal Constitucional, donde lidera estoicamente la minoría disidente a la práctica del constructivismo jurídico que, transmutando un poder constituido en uno constituyente, impera hoy en el alto tribunal bajo el rodillo de Cándido Conde-Pumpido.
El año 2025 fue un periodo fértil para Enrique Arnaldo: Ingresó como académico de número en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España –su discurso de ingreso, pronunciado el pasado 15 de diciembre, llevó como título El principio de estabilidad electoral–. Espíritu polifacético, publicó su ópera prima no jurídica: El Deporte en la Literatura (Espasa), tres mil años de fascinante recorrido ensayístico en torno al deporte como eje narrativo en la literatura universal. Transitando por centenares de referencias bibliográficas, Arnaldo ha creado una obra rebosante de erudición y amenidad que arranca homéricamente en los juegos fúnebres de Patroclo y cierra el telón con los versos de otro aedo contemporáneo, Luis Alberto de Cuenca, cantando a modo de laudatio el gol de Iniesta en la final del Mundial de Sudáfrica. De Shakespeare a Kapuscinski, de Píndaro a John Carlin, de Plutarco a Gay Talese, no hay evocación deportiva en la literatura universal que haya quedado excluida de este libro de libros. Arnaldo cree, con Ortega y Gasset, que el juego deportivo es una expresión sublimada del homo ludens.

Buena parte de la intelectualidad ha ninguneado tradicionalmente al deporte como una actividad indigna de ser elevada al estatus de categoría cultural. ¿Es este libro una reivindicación del deporte como manifestación cultural, como logro civilizatorio del espíritu humano?
Los clásicos ya identificaban el ejercicio físico con una parte de la formación, la educación y de la vida. Platón cuenta cómo él y el propio Sócrates acudían al gimnasio y compartían una vida de comunidad. Esa cultura grecorromana se pierde en la Edad Media, en la que el deporte se identifica exclusivamente con la lucha. Pero el elemento nuevo en la historia del deporte es la pelota, que lo cambia todo. El origen del tenis se remonta al Renacimiento italiano y, a partir de entonces, todo empieza a girar en torno a la pelota.
Entonces, el deporte forma parte esencial y existencialmente de la cultura desde siempre, sí, pero, sobre todo, y particularmente, en el mundo contemporáneo, que se diferencia básicamente del anterior en una cosa: Lo que antes era la obra de una élite, se universaliza. Ahora todo el mundo quiere hacer deporte, practicar o ser espectador del deporte. Incluso administrativamente, en muchos países, como el nuestro, el deporte está integrado en el Ministerio de Educación. Es una apuesta, porque, efectivamente, el deporte es cultura.
En el libro demuestra además que, desde la antigüedad, el deporte ha sido un argumento literario en toda época y civilización. ¿Ha vertebrado el deporte la andadura histórica del ser humano?
El hallazgo del libro es que el deporte es también un hecho literario. No es una cuestión reservada a las páginas deportivas de los periódicos o a las consideraciones de tertulias de bar, sino que los grandes literatos han hecho del deporte una forma de expresión. Es imposible entender la literatura norteamericana sin el deporte. Auster, Hemingway, Roth y tantos otros escriben sobre béisbol, boxeo, fútbol americano, baloncesto… Si nos vamos al continente sudamericano, países como Argentina o Uruguay son una fuente permanente de expresión a través del fútbol. En Inglaterra, exactamente lo mismo, es inconcebible que un literato allí sea capaz de expresar una idea sin acudir a un argumento deportivo, porque, al ser conocido por todo el mundo, es muy fácil visualizar la imagen.
De guerras a procesos de construcción nacional, pasando por fenómenos de nacionalismo banal en torno al aglutinante emocional del fútbol, aborda en profundidad las dimensiones política y bélica del deporte, tal y como han quedado plasmadas en la literatura y el ensayo. ¿Podemos decir que, en ocasiones, el deporte es la continuación de la política por otros medios?
La política ha instrumentalizado el deporte históricamente porque, parafraseando a Ortega y Gasset, es un elemento vertebrador de sociedades. Tenemos un ejemplo inmediato en este sentido en el Mundial de Sudáfrica (2010) un momento de exaltación del patriotismo constitucional español, cristalizado en el gol de Andrés Iniesta, al que dedica un poema extraordinario Luis Alberto de Cuenca.
John Carlin cuenta en El Factor Humano cómo Nelson Mandela consiguió la unificación de toda una sociedad en torno a una selección nacional de rugby formada por jugadores blancos y uno solo de color.

En el extremo contrario, también ha habido regímenes dictatoriales que han hecho explotación propagandística del deporte para autolegitimarse y adormecer a sus sociedades. Hay un ejemplo icónico en la Checoslovaquia comunista que es el del atleta Emil Zatopek, biografiado por Jean Echenoz (Correr). Zatopek fue primero exaltado por el régimen hasta que se inclina por un reformista como Dubcek, momento a partir del cual es marginado y obligado a ser barrendero. La utilización de la gimnasta rumana Nadia Comaneci por los Ceausescu es otro caso de instrumentalización deportiva. Y hay un libro extraordinario de Lea Ypi (Libre), que es un retrato de la Albania estalinista donde la gente recurría al deporte como única válvula de escape de la opresión.
Ignacio Martínez de Pisón, a quien cita, caracteriza al deporte como una escuela de valores morales. Desde Aristóteles al Barón de Coubertin se han alzado muchas voces autorizadas abogando a lo largo de la historia por la inclusión del deporte en la formación educativa de los jóvenes con la idea de conciliar la cultura física, la intelectual y la moral en el cursum honorum educativo. ¿Considera en este sentido que la formación deportiva está suficientemente bien integrada en el currículum del sistema educativo español?
Pertenezco a una generación donde la gimnasia era algo impuesto, se llamaba educación física, y estaba vinculada al plinton, a las espalderas, era una formación casi paramilitar, muy poco atractiva para los jóvenes. Muchos literatos y muchas novelistas de los años sesenta y setenta expresan su frustración por cómo se practicaba la gimnasia en el colegio, lo recuerdan como un suplicio. Esta etapa que refleja la literatura del período está superada por fortuna, ha cambiado radicalmente en España y hoy la educación física o deportiva se imparte con otros parámetros.
Por otro lado, la educación física era una asignatura maría, no formaba parte del currículum. Por el contrario, si nos vamos a las universidades americanas, allí el espíritu deportivo es fundamental para alcanzar una beca. Nosotros ahora sí concedemos ventajas a los deportistas de alto rendimiento para el acceso a la universidad. Ahora sí cuidamos que sea compatible la mens con el cuerpo.
¿Es el fútbol, como cree Jorge Valdano, la cosa más importante entre las menos importantes?
Para mucha gente, el fútbol es una religión, una religión laica como lo calificaba Vázquez Montalbán ¿Por qué? Porque el estadio es el nuevo templo con unos sumos sacerdotes, lo cuenta extraordinariamente bien Eduardo Galeano. El fútbol es muy importante para mucha gente, da la felicidad a mucha gente, sirve como elemento de comunicación para interrelacionarse, así Philip Kerr lo definía como la lengua franca universal y además genera un sentimiento identitario, una identidad sacrosanta en palabras de Javier Marías. Pero también es algo excesivo ¿por qué? por la mercantilización, por la concepción negocial del fútbol, por los salarios estratosféricos de los jugadores, por la necesidad de mantener una rueda que funcione. El fútbol contemporáneo puede que esté sobresaturado como consecuencia de la necesidad de cuadrar las cifras de los grandes clubes.
Mario Vargas Llosa escribió hace largo tiempo en ABC que las páginas deportivas eran las más vitales e imaginativas de diarios y revistas, en la medida en que permitían al periodista una mayor libertad estilística. ¿Continúa siendo así en tu opinión?
Los periódicos generalistas, más que los periódicos estrictamente deportivos, son más cuidadosos con el relato, porque se dirigen a un público para el que el deporte forma parte de su vida, pero no es el centro de su vida. Por otro lado, el consumidor del periódico deportivo lo que quiere es la exaltación de su club, por eso los periódicos deportivos venden muchos más ejemplares cuando gana el equipo de la ciudad.
Sin embargo, el generalista tiene una visión más amplia. Algún periódico generalista cuando salió a la luz se planteó no incluir páginas deportivas, igual que se planteó no incluir páginas taurinas. De algún periódico han desaparecido las páginas taurinas pero, por mor de la presión social, las páginas deportivas persisten y se busca una cierta calidad en el relato. Y es que el deporte da mucho juego, es decir, yo modestamente trato de demostrar que desde García Pavón o Jardiel Poncela, Vargas Llosa y ahora Jorge Bustos o el maestro Santiago Segurola muestran que se puede elevar la categoría del relato deportivo. Por tanto, es conveniente incorporar firmas a las páginas deportivas, sí.
Cuenta que el siglo XX marca el acceso al profesionalismo deportivo. ¿Cómo queda retratado en la literatura el paso de ese amateurismo romántico del deportista gentleman, del juego por el juego, al profesionalismo contemporáneo?
En realidad, el profesional del deporte existe desde siempre. Quienes han estudiado la antigüedad cuentan que ya había profesionales en los Juegos Olímpicos, había atletas y luchadores profesionales igual que los hay ahora. La diferencia es que mientras aquellos hacían del deporte una profesión modesta, hoy los grandes deportistas de nuestra época son los héroes de nuestro tiempo. Los héroes de la sociedad contemporánea no son Kennedy o Winston Churchill o De Gasperi, sino Rafa Nadal, Alcaraz o Maradona. Nadie te va a citar a un político ni te va a citar a Shakespeare.
Ha pasado afortunadamente mucho tiempo desde que en el prólogo del libro Plenitud, de Lilí Álvarez, Jean Giradoux sentenció que el deporte “es la única ocupación humana en que las mujeres aceptan el principio de ser inferiores al hombre e incapaces de competir con él”. ¿Cómo queda plasmada la evolución de la igualdad en el deporte profesional?
Volviendo a los clásicos, en la Antigua Grecia no solamente la mujer no practicaba deporte, sino que no podía asistir a los espectáculos deportivos. Hay una historia de una la madre de un atleta que se vistió de hombre para ver a su hijo en el estadio. La incorporación de la mujer al deporte es puramente contemporánea. Es verdad que, a finales del siglo XIX, en el del marco del obrerismo británico, algunas fábricas en donde trabajaban básicamente mujeres empezó a surgir algún equipo femenino de fútbol pero era una cosa prácticamente testimonial.
La emancipación deportiva de la mujer es un hecho contemporáneo y se ha producido con una fuerza expansiva enorme. Primero ocurrió en los deportes individuales, por ejemplo, el tenis en España con Lilí Álvarez, en el atletismo con Ana María Martínez Sagi, biografiada por Juan Manuel de Prada, o en el esquí. Después en un segundo momento, a mi juicio, ya en deportes de equipo, voleibol, fútbol, baloncesto, sobre todo en ahora en fútbol. Este hecho es tardío en el tiempo, pero su fuerza es imparable. Y la mujer cada día tendrá mayor protagonismo en el deporte y eh alcanzará, como está alcanzando, niveles prácticamente idénticos a lo del hombre, por ejemplo, en una marca en carreras o en una punta de velocidad en el saque en el tenis.
En cuanto al tema de igual trabajo igual salario, las ligas y las competiciones son distintas y es un factor que depende de la capacidad de atracción de ingresos. Pero es verdad que las grandes empresas del Ibex 35 se han incorporado activamente al patrocinio del deporte femenino, cosa que es novedosa. Y los grandes clubes de fútbol han incorporado también secciones femeninas, porque cada día tiene más seguidores, más atractivo, más pegada.
Entre las 500 obras que menciona, ¿cuáles son las tres que mejor condensan el espíritu de este libro?
La más optimista es sin duda El Factor Humano, de John Carlin, porque te hace creer en el ser humano. Hay personajes que cambian el paso de la historia, Mandela es el ejemplo del político que después de estar encerrado durante años no utiliza el poder para vengarse, sino para construir un país. El segundo libro que destacaría sería Años Salvajes, de William Finnegan, un libro de pasión, el hombre convertido en la prolongación de una tabla de surf, al igual que el balón era la prolongación de Maradona. Otro libro de pasión, ya hemos hablado de él, es Correr, el libro sobre Zatopek de Jean Echenoz. Zatopek es un hombre modesto que descubre que correr se le da bien, empieza a correr de forma natural al modo de Forrest Gump hasta que los políticos y militares checos le miran y dicen: nos puede servir para algo. Y él sigue corriendo y no se deja manipular hasta que al final le utilizan de tal manera que no le dejan ser libre. Zatopek reivindica el valor de la libertad y prefiere ser barrendero antes que dejarse utilizar.
Por último, no puedo olvidar Salvajes y Sentimentales, de Javier Marías, que es el santo y seña de los madridistas. Uno puede cambiar de nacionalidad o de matrimonio, pero nunca puede cambiar de camiseta.
Una última pregunta, ¿existe el fair play en las altas instancias de la judicatura?
El fair play es la deportividad, es el respeto y tolerancia. Eso lo hay, pero siempre debería haber un poco más. En realidad, la falta de fair play es más exógena a la judicatura. Sobre todo, en los últimos tiempos hay una clarísima falta de fair play por parte de los políticos y de algunos medios de comunicación que se convierten en punta de lanza contra los jueces.
Nosotros siempre hemos sostenido que la justicia es poco fotogénica. ¿Por qué? Porque siempre hay una de las partes que está insatisfecha. pero esa insatisfacción es un desacuerdo, es una manera de desacuerdo, pero al mismo tiempo de respeto. Y hoy lo que se ha perdido es el respeto. Es una irrespetuosidad permanente y una descalificación que es negativa desde el punto de vista de los valores del Estado Democrático de Derecho, uno de los cuales es, no solamente la independencia judicial, sino el respeto a esa independencia.
El deber de los poderes públicos es respetar y apoyar ese respeto, porque los jueces no se pueden defender de ninguna manera, no podemos ni debemos hablar más allá de las resoluciones. Entonces, claro, la descalificación se produce desde unas atalayas en las que se sabe que no hay capacidad de respuesta, de defensa. Luego podríamos llegar a la conclusión de que los jueces hoy viven en una situación de indefensión.
Esta sí es ya la última. ¿A estas alturas se puede ser de un equipo pero no ser anti otro en el Tribunal Constitucional?
La Constitución es un campo abierto, no es una norma cerrada, como hay otras normas, por ejemplo, urbanísticas. Y es una norma abierta porque se concibió para que pudieran gobernar distintas ideologías, para que hubiera alternativa. Entonces, caben interpretaciones distintas de la Constitución. Pero a mi juicio, lo que no caben o lo que deben excluirse son interpretaciones que conforman una nueva Constitución, interpretaciones tan creadoras que al final deforman la Constitución. En mi camiseta del Tribunal Constitucional yo estoy en la Constitución, en la interpretación acorde con la voluntad de los constituyentes en el 78.


