Manuela Carmena volvió a dejar una idea sencilla y difícil de discutir: si la izquierda quiere recuperar el pulso, lo primero es saber adónde pretende llegar. La exalcaldesa de Madrid intervino este fin de semana en La Roca para comentar el movimiento de Gabriel Rufián, que ha anunciado una gira de encuentros con líderes del espacio situado a la izquierda del PSOE.
Para Manuela Carmena, el riesgo no está solo en la fragmentación, sino en el desconcierto. “Para que se genere esa ilusión, lo primero, por encima de todo, es tener claro qué es lo que se quiere conseguir”, vino a resumir, apuntando a un problema que se repite elección tras elección: mensajes que no terminan de cuajar y votantes que se enfrían antes de llegar a las urnas.
La gira de Rufián: un intento de reordenar a la izquierda del PSOE
El plan de Rufián arranca este 18 de febrero y, al menos de inicio, está planteado como una ronda de conversaciones públicas con referentes de distintas fuerzas progresistas y plurinacionales. La primera cita anunciada será en Madrid con Emilio Delgado, coportavoz de Más Madrid en la Asamblea.
Manuela Carmena analizó ese gesto como un intento de activar un terreno que lleva meses en tensión: la idea de un “frente amplio” o una fórmula de coordinación electoral para evitar que la división debilite al bloque progresista. En esa discusión, la exalcaldesa madrileña puso el acento en el contenido y en el propósito, más que en el casting de siglas o liderazgos.
La intervención de Manuela Carmena también se leyó como una advertencia práctica: sin un objetivo reconocible —y explicable en dos frases— es difícil pedir confianza, disciplina y entusiasmo. De ahí su insistencia en que, una vez definido el rumbo, “es más fácil que todos se acoplen” y se construya algo común sin que parezca un mero parche preelectoral.
Imaginación y alternativas: la receta de Carmena para recuperar la ilusión
En su análisis, Manuela Carmena se detuvo en un concepto que suele faltar cuando la política se vuelve solo táctica: la imaginación. La exalcaldesa defendió que hace falta “buscar alternativas” para que la ilusión del electorado no se pierda, especialmente en un momento en el que muchos votantes están cansados de guerras internas y de proyectos que cambian de forma cada temporada.

Manuela Carmena describió el impulso de estas iniciativas como algo “ilusionante” si sirve para que “renazca esa especie de primavera necesaria” en el entorno de la izquierda. Es una forma de decir que la política no puede limitarse a resistir: también tiene que prometer futuro, y hacerlo con una narrativa coherente.
Un debate abierto (y con recelos) dentro del propio espacio
Mientras Manuela Carmena llamaba a ordenar objetivos, el debate sobre la propuesta de Rufián ha ido dejando reacciones diversas. En el entorno de la izquierda soberanista, por ejemplo, han aparecido matices y distancias: desde EH Bildu se ha subrayado que no conviene confundir unidad de acción con unidad electoral.
El debate ha saltado a otras organizaciones del espacio, con mensajes que piden aprender de intentos anteriores y evitar errores de diseño, de tiempos o de prioridades. En ese contexto, las palabras de Manuela Carmena funcionan casi como una regla básica para cualquiera que quiera impulsar algo nuevo: primero el destino; después, el mapa.
Menos ingeniería y más sentido común
La lectura de Manuela Carmena no es la de una analista de laboratorio, sino la de alguien que ha gestionado una gran ciudad y conoce la distancia entre la conversación política y la vida real. Su mensaje apunta a un problema recurrente: cuando el electorado percibe que el proyecto se construye “contra” alguien o “para” salvar una coyuntura, la ilusión dura poco.

Por eso, el subtexto de Manuela Carmena es directo: si el objetivo está claro, la conversación deja de ser un reparto de espacios y se vuelve una conversación sobre país, derechos, prioridades y horizonte. Y si no está claro, cualquier alianza nace con la fecha de caducidad escrita.
¿Qué puede pasar a partir del 18 de febrero?
A corto plazo, la gira será una prueba de interés social y de capacidad para poner temas encima de la mesa sin quedar atrapados en el ruido. Si el plan de Rufián consigue que se hable de propuestas —y no solo de sumas—, habrá ganado parte de la batalla narrativa. Y si se queda en un gesto simbólico, reforzará la idea de que la izquierda sigue buscando un relato común.
