El 7 de junio de 2018 el presidente Sánchez formó su primer Ejecutivo, el bautizado como “Gobierno bonito” por su prevalencia de mujeres sobre hombres, y el perfil profesional e independiente de muchos de ellos. Lo formaron diecisiete ministros, once mujeres y seis hombres, además del presidente. De ellos, solo la ministra de Defensa, Margarita Robles; el titular del Interior, Fernando Grande Marlaska, y el de Agricultura, Luis Planas.
El relevo en todas las carteras salvo la de Defensa e Interior
Carmen Calvo ocupó la Vicepresidencia del Gobierno y dirigió el Ministerio de la Presidencia, Relaciones con las Cortes e Igualdad. Josep Borrell fue nombrado ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, mientras que Dolores Delgado se hizo cargo de Justicia y Margarita Robles de Defensa. La cartera de Hacienda recayó en María Jesús Montero, y la de Interior en Fernando Grande-Marlaska. José Luis Ábalos asumió Fomento e Isabel Celaá Educación y Formación Profesional, además de ejercer como portavoz del Gobierno.

En el ámbito laboral y económico, Magdalena Valerio dirigió Trabajo, Migraciones y Seguridad Social; Reyes Maroto, Industria, Comercio y Turismo; y Nadia Calviño, Economía y Empresa. Luis Planas fue el titular de Agricultura, Pesca y Alimentación, y Teresa Ribera de Transición Ecológica. Meritxell Batet se encargó de Política Territorial y Función Pública, y Pedro Duque de Ciencia, Innovación y Universidades. Completaban el Gabinete Màxim Huerta, en Cultura y Deporte, y Carmen Montón, en Sanidad, Consumo y Bienestar Social.
Perfil propio desde el principio
Paradójicamente, la ministra Robles fue la única que, durante la formación del segundo Gobierno de Sánchez tras las elecciones de 2023, apareció en La Moncloa sin su cartera por un olvido y no hizo el habitual paseíllo de los ministros. Esta anécdota es fiel reflejo del perfil que ha mantenido la ministra durante estos años y que le ha conducido a ser definida por algunos como el “verso suelto” del Gobierno.

Los casos más polémicos
El choque más recurrente es con Fernando Grande-Marlaska. Ambos son jueces convertidos en ministros y comparten Consejo de Ministros pero arrastran un largo historial de desencuentros. El primero de calado fue el cese en 2020 del coronel de la Guardia Civil Diego Pérez de los Cobos, que el Supremo acabó declarando ilegal. Después vinieron las fricciones por el despliegue de la UME durante la nevada Filomena y por el reparto de competencias en la operación Balmis durante la pandemia.
El enfrentamiento más directo llegó con el caso Pegasus, en 2022. Robles quedó en el punto de mira al señalarse al CNI como responsable del espionaje a políticos independentistas, y el Gobierno acabó cesando a su directora, Paz Esteban. La oposición lo interpretó como un sacrificio para calmar a ERC. Fuentes de Defensa y del CNI apuntaron entonces a cuerpos policiales dependientes de Interior como posibles usuarios del programa.

Sus diferencias también han llegado al terreno internacional. Tras las elecciones venezolanas de septiembre de 2024, Robles calificó a Venezuela de dictadura y el ministro Albares rebajó pronto sus palabras. En 2025 se publicaron mensajes de 2020 entre Sánchez y Ábalos en los que el presidente la llamaba «pájara» después de que ella se desmarcara de la línea dura del Gobierno con Isabel Díaz Ayuso. Robles restó importancia al asunto y lo calificó de conversación privada.
La crisis migratoria de Ceuta, el último desmarque de Robles
La crisis migratoria de Ceuta a finales de julio ha reabierto la brecha. Artículo 14 sostiene que mientras Sánchez, Marlaska y Albares mantienen una línea común, Robles rompió el argumentario de Moncloa desde el primer día, reclamó investigaciones a Marruecos y recibió críticas de compañeros, sobre todo en privado. Una postura que chocó de frente con la mantenida por el ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, quien vertió la responsabilidad sobre el CNI con el argumento de que Inteligencia no había informado de los hechos, lo que quedó desmentido tras la desclasificación de los documentos. Robles no ha cejado en su decisión de defender el trabajo de los espías.
Estabilidad en las llamadas “carteras de Estado”
Pese a que en momentos como el de la crisis de Ceuta, la ministra haya marcado un perfil propio, no ha habido consecuencias: ni Sánchez la ha cesado ni ella ha dimitido. Si bien Marlaska ha ido en línea con la posición defendida por el Gobierno, ambos ocupan lo que, antiguamente se llamaban, carteras de Estado. Su permanencia en el cargo transmite estabilidad en asuntos muy delicados y de gran envergadura del país, lo que da confianza a un electorado socialista que, además, es de perfil moderado.

Pese al último capítulo de Ceuta, Robles sí ha mostrado lealtad en otras ocasiones. Ejemplo de ello fue en noviembre de 2020, tras el Covid, cuando pidió al entonces vicepresidente segundo humildad tras los choques entre PSOE y Unidas Podemos, y le recordó públicamente que quien dirige el Ejecutivo era Sánchez. Esa defensa de la autoridad del presidente le valió duras críticas de Ione Belarra.
Pero además de estos gestos con Sánchez en el Gobierno, la relación entre Robles y Sánchez viene de antes. En las primarias de 2017, cuando Sánchez dimitió como secretario general y dejó el escaño, Robles fue una de las pocas diputadas que se mantuvo a su lado. Fue una de los 15 diputados socialistas que votaron «no» a la investidura de Rajoy, desobedeciendo al Comité Federal, que había impuesto la abstención.

