Dos semanas desde el inicio de la guerra en Irán. El Gobierno de Pedro Sánchez mantiene el tipo ante los ataques de Donald Trump, que comenzaron cuando el jefe del Ejecutivo impidió usar las bases militares de Rota y Morón para participar en el conflicto. Y se intensificaron cuando recuperó el “no a la guerra”, confrontando directamente con el presidente estadounidense.
Inicialmente, Moncloa celebró que distintos líderes europeos y mundiales matizaran sus posiciones ante la guerra en Oriente Próximo, y en los últimos días también hubo hitos que celebrar. Que el presidente francés, Emmanuel Macron, enfriara su propuesta de misión de escolta a buques en tránsito por el estrecho de Ormuz, fue uno de ellos. En público, la ministra de Defensa, Margarita Robles, se había desmarcado de esta iniciativa, recalcando que no estaba bajo el paraguas de la OTAN, de la ONU o de la UE.
En privado, Moncloa mostraba su incomodidad con este planteamiento, y reclamaba más datos antes de afinar su respuesta. “No vamos a participar en ninguna acción de participación en la guerra de Irán”. “Si es para defender y disuadir, lo estudiaremos”, despacharon. También asistieron con satisfacción a la rectificación de Ursula von der Leyen.
La presidenta de la Comisión Europea matizó sus propias palabras, para afirmar el miércoles que la UE “siempre defenderá” el derecho internacional. “Europa no puede ser la guardiana del viejo orden mundial, de un mundo que ha desaparecido”, había dicho 48 horas antes.
El Gobierno evitó confrontar directamente con la jefa del Ejecutivo comunitario, pero corrió a defender las posiciones del presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa. Reivindicó un “orden internacional basado en reglas” y advirtió de que “el unilateralismo nunca es el camino”.
Sánchez, volcado en la esfera internacional, redobló esta semana su apuesta contra los “tecnoligarcas” que hacen “política de la mala” al “potenciar” discursos de odio en las redes sociales. Pero concentró el grueso de sus esfuerzos en revitalizar el “no a la guerra”. En la semana que se conmemoraron los atentados del 11 de marzo de 2024, tiró del espíritu contra la guerra de Irak, apoyado por el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. Y repitió este eslogan en la recta final de la campaña al 15-M en Castilla y León.
El PSOE, que reconoce que aspira a “movilizar” a los progresistas que hoy están en la abstención apelando al pacifismo español, volvió a replicar el “no a la guerra” en las pantallas de su cierre de campaña, en Valladolid. En los discursos del presidente, el expresidente y el candidato Carlos Martínez. Los socialistas esperan que su candidato a la presidencia de la Junta contribuya a insuflarles algo de oxígeno político este domingo, tras dos duras derrotas en Extremadura y Aragón.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez , en La Moncloa
Sin medidas cerradas ni explicación sobre cómo financiarlas, con los Presupuestos al caer
Dos semanas después, los dos socios del Gobierno de coalición negocian sobre las medidas a aprobar para hacer frente a las subidas de precio, principalmente en los combustibles y en la energía. La disputa entre PSOE y Sumar tiene que ver con el contenido, pero también con los tiempos para actuar. El viernes, en declaraciones de los medios de comunicación, la vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, intentó zanjar el debate y aseguró que actuarán cuando “sea oportuno”.
Ninguno de los dos partidos del Ejecutivo, hasta el momento, ha aclarado cuánto costarían sus recetas (los socialistas apenas han esbozado alguna). Con los Presupuestos prorrogados desde 2023 -vienen de la anterior legislatura-, mantienen su intención de aprobar las cuentas para 2026 en las próximas tres semanas en Consejo de Ministros, para después llevarlas a la Cámara Baja. Su naufragio está garantizado a día de hoy, y socios como el PNV ya les recuerdan que no aprobar Presupuestos dificulta la operación de despliegue de un nuevo escudo social.
Ambas fuerzas recuerdan que sólo las primeras medidas del escudo social ante la escalada de precios por la guerra en Ucrania, en 2022, ya obligaron a movilizar 16.000 millones de euros. Fuera de cámara, asumen que el volumen de recursos que van a necesitar volverá a ser considerable, aunque el daño no sea hoy equiparable, y todo dependa de cuánto dure la guerra.
También tienen presente que necesitarán apoyos parlamentarios para aprobar estas políticas. Este fin de semana recopilan las propuestas aportadas por los partidos, los sindicatos y la patronal. Y durante los próximos días prevén definirlas, siempre atentos a los vientos del Consejo Europeo del 18 y el 19 de marzo.
En aguas internacionales, incluso ante Trump, se muestran más cómodos que en una Cámara Baja muy fragmentada, en la que se están acostumbrando a sufrir duras derrotas. “No tienes la horrible presión legislativa, ni tampoco que pactar”, reconoce un dirigente.

La hora de la verdad para Illa
Sánchez ha decidido comparecer en la Cámara Baja el 25 de marzo, pero la celebración de nuevos plenos, con sesión de control incluida (el miércoles), servirá de altavoz a las presiones de sus socios, que le instan a actuar lo antes posible. Por la izquierda exigen controlar los precios; por la derecha aplicar rebajas fiscales. Vuelven las preguntas al Ejecutivo, pero también las temidas votaciones.
En Cataluña, por su parte, el viernes se celebrará el debate de totalidad de los Presupuestos de Salvador Illa en el Parlament. ERC mantiene su enmienda de totalidad, y si prospera logrará tumbarlos. Puede retirarla hasta el último minuto, pero sus diferencias con el Gobierno central sobre el traspaso de la recaudación del IRPF a Cataluña anticipan curvas.
En el Ejecutivo de Sánchez sólo contemplan un pacto que garantice el aval de ERC a ambas cuentas, en Cataluña y en Madrid, y por eso los acontecimientos de esta semana servirán como termómetro. Ven a sus socios en posiciones de “máximos”, y no consideran “técnicamente viable” transferir el IRPF a Cataluña en 2027, como les exigen los republicanos.
De fondo resuena, además, el mensaje que Illa trasladó a su Ejecutiva hace escasas semanas: “No va a gobernar sin presupuestos”, “fue inusualmente duro”, recuerdan fuentes presentes. Si el president ve estrellarse sus cuentas, hay dirigentes que alertan de unas elecciones anticipadas en Cataluña. En la cúpula de Ferraz, por su parte, niegan temer este escenario: “Ganaríamos”. En el PSC aseguran que sólo contemplan la opción de aprobarlos.
