Verónica Barbero (Gijón, 2 de febrero de 1980) es diputada por Pontevedra, portavoz de Sumar en el Congreso de los Diputados. Siempre con una sonrisa. O siempre que puede. “Una diputada concilia difícil, una portavoz concilia aún peor”, reconoce en su conversación con Artículo14. ¿Lo que más le pesa? “La imposibilidad de estar con mi hijo, y con mi familia”.
Barbero concibe la política como un trabajo que también realiza por su hijo, desde la convicción de la justicia social que lo define, y eso le da fuerzas. Cuando puede, se escapa a hacer deporte. “Me gusta la montaña, particularmente la escalada, el barranquismo“, afirma. También disfruta, y mucho leyendo.
Licenciada en Derecho por la Universidad de Oviedo y graduada en Administración de Empresas por la UDIMA, Verónica Barbero es inspectora de Trabajo y Seguridad Social. Esta identidad profesional no es para ella una etapa cerrada, sino un rasgo permanente. “Yo soy inspectora de trabajo, ¿vale? Lo considero como algo que fui, que soy y que seré siempre”. Desde esta posición, entiende su profesión como “una forma de garantizar que la ley no sea papel mojado” y como un instrumento para “proteger los derechos de la clase trabajadora”.

Su entrada en la política no se produjo desde una vocación partidista temprana, sino desde el sindicalismo. Tal y como explica, “yo empecé en política más bien desde una perspectiva muy sindical”, atraída por una forma de acción colectiva que concibe los derechos “como conquista” y los convenios colectivos “como leyes que se construyen con el acuerdo y colectivamente”.
Esa experiencia la llevó a especializarse en negociación colectiva, un espacio que define como mesas donde se comprenden “los intereses cruzados de dos partes que construyen leyes”.
Un recorrido profesional desembocó posteriormente en responsabilidades institucionales. Entre 2017 y 2020 fue presidenta del Consejo Gallego de Relaciones Laborales, y entre 2020 y 2023 ejerció como directora general de Trabajo en el Ministerio de Trabajo y Economía Social. Su incorporación al Gobierno respondió, según relata, a una llamada directa de Yolanda Díaz: “Me llamó Yolanda y me dijo si quería ser directora general de Trabajo, y yo le dije que sí”. Una decisión que no fue sencilla, ya que “tenía un niño muy pequeño”.
Para Verónica Barbero, esa forma de hacer política “desde el acuerdo” es esencial y atraviesa toda su trayectoria. Desde la inspección aplicando leyes, pasando por la Dirección General construyéndolas mediante el diálogo social, hasta el Parlamento, concibe la política como “una herramienta para mejorar la vida de la gente de verdad”.
Desde esta perspectiva, su llegada al Congreso de los Diputados le resulta un paso coherente: “Llegar aquí y construir desde el acuerdo, desde el Parlamento, que es la sede de la soberanía popular, era algo natural”.
En el ámbito parlamentario, Verónica Barbero ocupa responsabilidades relevantes, como portavoz titular en la Junta de Portavoces, vicepresidenta primera de la Comisión de Justicia y portavoz en la Comisión de Trabajo, Economía Social, Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. Estas funciones refuerzan una identidad política centrada en los derechos sociales y la igualdad.
Sin embargo, reconoce que el ejercicio del poder no es neutro en términos de género. “Sin duda las mujeres lo tenemos más difícil”, afirma, señalando la persistencia de “un doble rasero” que opera tanto en lo formal como en los códigos implícitos de la política.
El feminismo por bandera
La diputada describe cómo a los hombres “se les presuma capacidad” mientras que las mujeres “tenemos que estar una y otra vez demostrándola”. A ello se suma una lectura crítica de los estereotipos: “Si cualquier mujer demuestra ser firme, es dura o mandona; pero un hombre es contundente”. Estas dinámicas, subraya, no son anecdóticas, sino que “condicionan muchísimo cómo se nos escucha, cómo se nos interrumpe y cómo se evalúa cada error o cada mérito”.
Junto a esta dimensión estructural, Verónica Barbero incorpora una reflexión sobre la autoexigencia femenina. Reconoce que las mujeres son “más autoexigentes”, en parte porque saben que “cualquier tropiezo significa muchísimo más”.
No obstante, subraya los avances logrados gracias al movimiento feminista, que ha proporcionado “las herramientas y el lenguaje necesario para nombrar cosas que antes pasaban por sensaciones individuales” y entenderlas como “estructuras compartidas”. Al mismo tiempo, advierte de que estos avances “no son irreversibles” y alerta frente a una “reacción organizada” que busca devolver a las mujeres “al silencio”.

En relación con las políticas de igualdad, Verónica Barbero defiende que el Congreso ha impulsado medidas relevantes, como el Pacto de Estado contra la Violencia de Género, el lenguaje inclusivo en el reglamento parlamentario o la iniciativa para llevar el derecho al aborto a la Constitución. Esta última, subraya, constituye “hablar de derechos de las mujeres en mayúsculas” y de “una de las grandes peleas del movimiento feminista”. Sin embargo, reclama un enfoque más transversal, ya que “a veces la igualdad se trata como un compartimento estanco”, algo que considera un error político y democrático.
La diputada también vincula la igualdad con otras políticas públicas, como la vivienda, recordando que muchas mujeres no pueden huir de la violencia machista “porque no pueden alquilar un piso”. Por ellas, asegura, también trabaja día tras día en el Congreso de los Diputados.



