Colaboro desde hace casi dos años con Artículo14 y creo que esta va a a ser la quinta crónica en la abordo el reto que tenemos en España con la vivienda. No es para menos y debería de ser un tema con sección fija en los medios de comunicación teniendo en cuenta que ahora mismo a nivel nacional es el principal problema y objetivo que tiene este país.
En tan solo cinco años el precio del alquiler ha subido de media entre un 30 y 40% y en el último año la compra de vivienda se ha encarecido aproximadamente un 10%. Es una crisis estructural marcada por precios de compra y alquiler disparados, un déficit que comienza a ser crónico de oferta residencial y algo a lo que se le presta poca atención: la brecha creciente entre salarios y costes.
Los jóvenes y su dificultad para acceder
Todo esto dificulta el acceso a una vivienda digna, especialmente para los jóvenes, que se enfrentan a altos precios, a falta de crédito por las exigencias de los bancos a la hora de autorizar una hipoteca y una precariedad laboral de la que tampoco se habla mucho que les impide ahorrar o emanciparse obligándoles a depender del alquiler o de que se mueran sus padres para poder tener una vivienda en propiedad. Y a esto sumen que prácticamente no hay suelo urbanizable y que los costes de construcción han aumentado.
Con este panorama, el presidente del Ejecutivo, Pedro Sánchez, ha anunciado esta semana un paquete de medidas dirigidas a aliviar el mercado del alquiler. La más importante y también la más polémica es una bonificación del 100% del IRPF para los propietarios que renueven su alquiler sin subir el precio. Hay 630.000 contratos de alquiler que vencen este año y que afectan a 1,3 millones de personas.
Se limita también los precios de los alquileres por habitaciones que no podrían sumar en su conjunto más que el contrato de la vivienda al completo, pero la más polémica y la que ha provocado el rechazo de sus socios es esta bonificación.
Es una medida reciclada porque Sánchez ya prometió hace un año una rebaja de renta para los arrendadores, pero esta vez se hace pública con el enfado de los socios porque supone una enmienda sustancial a la intervencionista Ley de Vivienda que fue promovida por el Ejecutivo.
Hay una china en el zapato del Gobierno de coalición que tanto con Podemos como con Sumar provoca mucha incomodidad. La imposibilidad de acceder a una casa digna obliga al presidente del Gobierno a impulsar medidas que no tienen resultados en el mercado y que además reciben el rechazo de sus socios en el Consejo de Ministros.
Sumar está sometido a fuertes presiones internas para que el Gobierno tome medidas en vivienda. Hay descontento entre los votantes por la situación que viven en carne propia y que les impide acceder a una vivienda y hay desesperación entre los partidos políticos que forman parte de la coalición que cada día están más frustrados con el agujero negro que literalmente “se come” todas las mejores salariales sobre todo lo conseguido por ellos como el Salario Mínimo Interprofesional (SMI) y las ayudas sociales que en estas legislaturas ha aprobado el ejecutivo.
Además, Moncloa ha arrinconado a Sumar en el último mes con temas como el envío de tropas a Ucrania o las relaciones comerciales que se mantienen con Israel. Como se preveía gobernar con dos almas es más complicado de lo que ellos mismos creían.
La debilidad parlamentaria
La rectificación del presidente tiene que ver con un cálculo electoral ante el agravamiento de la crisis habitacional. Es un giro fiscal en la errática política que ha seguido el Gobierno en materia de vivienda, pero se ve obligado ante esta crisis. Hace ahora un año, en enero del año 2025, Sánchez presentó un plan de doce iniciativas que, en parte, se ha visto frustrado por la debilidad parlamentaria del Gobierno.
Por eso ahora Moncloa recurre a un real decreto cuya convalidación depende del Congreso, dando una vuelta de tuerca a los incentivos fiscales para contener los alquileres y sobre todo con una visión menos populista que ha hecho a los socios de Gobierno calificar la propuesta de medidas para ricos que pueden apartar a la izquierda fuera del poder.
Sumar exige una solución opuesta a la de Sánchez que pasa por forzar una prórroga automática de estos contratos a través de un decreto ley como se hizo en pandemia y con la guerra de Ucrania como se hizo con este mismo presidente.
Probablemente, a Sánchez no le haya hecho mucha gracia poner sobre la mesa esta medida, pero este viraje fiscal no se puede separar de la sangría de votos que los socialistas están sufriendo en los sondeos principalmente entre la gente joven de entre 30 y 40 años, muy castigada por la subida del alquiler. Parece que Sánchez está dispuesto a enemistarse con sus socios ante la alarma por el coste en las urnas que entraña este reto.
“Tomar las calles”
Otra cosa es que las reacciones de Sumar y sobre todo de Podemos llamando a “tomar las calles” por estos incentivos fiscales sean claramente desaforadas. Estos descuentos de hasta el 90% del IRPF ya están en la Ley que ellos aprobaron y esta semana en la Mirada Crítica de Telecinco, Ione Belarra, la secretaria general de Podemos se defendía asegurando que ellos siempre estuvieron en contra y que lo hicieron a cambio de incluir que las rebajas fiscales fuesen por poner en alquiler inmuebles en zonas tensionadas, algo que encierra trampa porque también se aprobó bonificaciones del 50% para alquileres en cualquier zona.
Vamos a acabar la legislatura, aguante o no hasta el año 2017, exactamente igual que cuando la arrancamos: con muchas promesas y pocos planes efectivos. El gobierno debería saber que la gente no es tonta y que aunque en España no somos mucho de “tomar” las calles la desesperación de los ciudadanos es lo que puede provocar que se encienda una mecha muy difícil de parar y de controlar.
En este tema los ciudadanos sabemos que no hay soluciones inmediatas que solventen este problema pero pedimos planes reales que unan fuerzas en el Congreso de los Diputados y que comiencen a abrir camino para muchos jóvenes y sectores vulnerables de la sociedad que ni siquiera cuentan con el 70% de su sueldo para pagar el alquiler. Promesas muchas, planes ninguno.


