Hace algunos años, el síndrome de Asperger dejó de considerarse un diagnóstico independiente y pasó a integrarse dentro del Trastorno del Espectro Autista (TEA), de acuerdo con los principales manuales diagnósticos internacionales y la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Las personas dentro del espectro autista pueden compartir características como dificultades en la comunicación e interacción social, intereses intensos y patrones de comportamiento repetitivos o poco flexibles. También pueden presentar una sensibilidad sensorial aumentada o una forma diferente de procesar determinados estímulos.

Sin embargo, según la doctora Gloria López Sobrino, del Servicio de Neurología del Hospital Ruber Internacional, perteneciente al grupo Quirónsalud, esto responde a diferencias en la forma de procesar la información y relacionarse con el entorno. “El síndrome de Asperger describe un perfil dentro del espectro autista en el que no existe discapacidad intelectual ni alteraciones estructurales significativas del lenguaje”, explica la especialista.
Las principales características
La experta señala que las personas con este perfil suelen presentar intereses muy intensos y una mayor dificultad para interpretar normas sociales implícitas o aspectos sutiles de la comunicación, como la ironía, los dobles sentidos o determinadas expresiones emocionales. Precisamente alrededor de estas diferencias han surgido numerosos mitos que aún persisten.
Mitos frecuentes
Uno de los más extendidos es afirmar que las personas con Asperger carecen de empatía. “Eso no es cierto. Lo que ocurre es que, en ocasiones, pueden tener más dificultad para interpretar señales emocionales de manera inmediata, pero sienten con gran intensidad”, recalca la Dra. López Sobrino.
Otro estereotipo frecuente es asociar este perfil con talentos extraordinarios o capacidades excepcionales. Aunque algunas personas pueden destacar en áreas concretas, no es una característica universal. “Existen tantos perfiles como personas”, añade la doctora.
Dificultades asociadas
La especialista recuerda que no todas las dificultades que presenta una persona dentro del espectro autista se explican únicamente por el autismo.
Con frecuencia pueden coexistir con otros trastornos como el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, problemas del sueño, la ansiedad o alteraciones del estado de ánimo, que requieren una valoración específica y un abordaje individualizado.
“Por eso es tan importante detectar y comprender estas dificultades desde edades tempranas. Un acompañamiento adecuado puede mejorar significativamente la adaptación, el bienestar emocional y la calidad de vida”, explica la neuropediatra.
La comprensión también es una forma de apoyo
La especialista insiste en que comprender cómo una persona con este perfil percibe e interpreta el mundo permite construir entornos más inclusivos, previsibles y respetuosos.
“El objetivo no es cambiar su manera de ser, sino ayudarle a entenderse mejor, desarrollar herramientas y favorecer contextos donde pueda participar y sentirse seguro”, concluye.
Comprender cómo funciona el cerebro de un niño también cambia la manera en que lo acompañamos. Acompañar a un menor dentro del espectro autista no significa intentar normalizar su forma de pensar, sino entender que la diversidad neurológica también forma parte de la condición humana.

