En casa, puede existir un agotamiento imperceptible o que no mejora con un buen descanso. Se trata de una carga mental invisible, que normalmente recae en la madre y cuyo funcionamiento está siempre en marcha.
Las tareas físicas empiezan y terminan, pero la gestión, la previsión y la planificación no paran. Esto quita tiempo de descanso mental efectivo a las personas, lo que puede derivar en un gran padecimiento en la salud mental. Por ello, es importante dar con métodos donde la responsabilidad puede distribuirse.
Decisiones y carga mental invisible

Más allá de hacer más o menos cosas, el mayor peso no visible en la crianza suele ser la fatiga de decisión.
Esa “batería cognitiva” que todos tenemos, puede terminar agotándose mucho antes de que termine el día ante la amplia cantidad de decisiones diarias. Así lo señalan diferentes investigaciones.
Hay muchas personas que padecen esta fatiga, si bien es común entre las madres al ver unidas sus decisiones y todas las relativas al hijo o hija.
La socióloga Susan Walzer señaló que al caer sobre ellas la carga mental de la familia, las mujeres se encuentran en un estado de hipervigilancia sin descanso. Esto deriva en un estrés crónico y un cortisol elevado con graves efectos para la salud mental.
Walzer insistía en que el peso no es lo que “rompe” a las personas, sino la forma en que este se lleva. A la mujer se le enseña a saber qué hay que hacer sin indicaciones, mientras que algunos hombres necesitan “indicaciones” para “ayudar”.
Crianza corresponsable como alivio mental

Al ofrecer “ayuda”, la presión de la planificación sigue recayendo en la madre. Y eso significa que, aunque la tarea la ejecute otra persona, ella debe procesarla, explicarla y supervisarla.
Para poner remedio a la carga mental invisible, el único camino efectivo a la larga es el de la corresponsabilidad auténtica. Una vía que sólo puede materializarse si se cambian las dinámicas familiares.
Algunos expertos sugieren métodos como la sincronización. Hoy en día, es más fácil que nunca compartir calendarios, alertas y recordatorios, gracias a la tecnología. La madre puede dejar de ser un “calendario/agenda”.
También es útil el método de la propiedad total, que tiene que ver con repartir las áreas temáticas. Por ejemplo, una persona se encarga del tema escolar, y otra de la alimentación, en vez de ir repartiendo tareas como recoger al pequeño del colegio o ir a comprar leche.
O bien, se puede recurrir a los estándares mínimos. Vale la pena sentarse a establecer los requisitos y estándares mínimos relacionados con cuestiones importantes, como la limpieza o la higiene. Dejar claro qué es que algo esté bien para ambas partes evita muchos problemas a posteriori.
Existen muchos métodos de distribución de responsabilidades. La clave es dar con una gestión eficiente, donde la redistribución se note en el día a día. La carga mental se puede aliviar mediante la autonomía total de los miembros adultos de la familia.
