Comer sano nunca había estado tan de moda. Etiquetas como clean eating, real food o comida consciente inundan redes sociales, blogs y conversaciones cotidianas. Sin embargo, lo que comienza como un interés legítimo por mejorar la salud puede, en algunos casos, transformarse en una obsesión que termina dañando el bienestar físico y emocional. Ese punto de inflexión tiene nombre: ortorexia.
Aunque todavía no figura oficialmente en los grandes manuales diagnósticos, la ortorexia nerviosa es un trastorno de la conducta alimentaria emergente que los profesionales de la salud observan cada vez con más frecuencia, especialmente entre adolescentes y adultos jóvenes. Su rasgo principal no es comer poco, sino comer “perfecto”.
Cuando lo saludable se convierte en una imposición
El término ortorexia fue acuñado a finales de los años noventa para describir una fijación patológica por la alimentación considerada sana. A diferencia de la anorexia o la bulimia, aquí la preocupación no gira en torno a la cantidad de comida o al peso corporal, sino a la calidad, el origen y la “pureza” de los alimentos.
Las personas que la padecen eliminan progresivamente de su dieta productos que consideran nocivos: azúcares, grasas, aditivos, conservantes, alimentos de origen animal o aquellos que no sean ecológicos o mínimamente procesados. Con el tiempo, la lista de “alimentos prohibidos” se amplía tanto que la dieta se vuelve extremadamente restrictiva.
Una obsesión que ocupa la vida entera
Uno de los signos de alarma más claros es el tiempo y la energía mental que se invierte en la alimentación. Pensar, planificar, comprar y preparar comida puede ocupar varias horas al día. Leer etiquetas se convierte en un ritual obligatorio; el modo de cocinar, combinar alimentos o consumirlos sigue reglas rígidas e innegociables.
Comer deja de ser una fuente de placer o socialización y pasa a ser una prueba constante de autocontrol. Cumplir la dieta autoimpuesta genera una sensación de superioridad moral o identidad personal, mientras que cualquier “desliz” provoca culpa, ansiedad y frustración.
¿A quién afecta con más frecuencia?
La ortorexia puede afectar a cualquier persona, pero se observa con mayor frecuencia en mujeres jóvenes, adolescentes y personas vinculadas a entornos donde el cuerpo y el rendimiento físico tienen un peso importante, como el deporte, la danza o el fitness. También es más común en perfiles con rasgos de perfeccionismo, rigidez mental y necesidad de control.
@muerdelamanzana_ Ortorexia Es un trastorno de la conducta alimentaria en el que la persona que lo sufre se obsesiona por comer saludable. Estas personas tienen carencias o excesos de vitamina, anemias y problemas psicológicos. ¿Conocías este tca? #ortorexia #trastornodelaconducta #comersaludable #fyp
El contexto actual actúa como caldo de cultivo. La sobreinformación nutricional —a menudo contradictoria y sin base científica—, la presión estética, el culto a la imagen y la idealización de ciertos estilos de vida en redes sociales contribuyen a normalizar conductas que, en realidad, son señales de alarma.
Relación con otros trastornos
La ortorexia no aparece de forma aislada. Puede coexistir o evolucionar a partir de otros trastornos de la conducta alimentaria, especialmente la anorexia nerviosa, y guarda una estrecha relación con los trastornos obsesivo-compulsivos. La diferencia clave es que, en la ortorexia, las obsesiones están alineadas con valores socialmente aceptados —salud, autocuidado, disciplina—, lo que dificulta su detección y retrasa la búsqueda de ayuda.
Consecuencias físicas y emocionales
Paradójicamente, un trastorno que nace con la intención de “cuidar la salud” puede terminar dañándola gravemente. Las restricciones prolongadas provocan déficits nutricionales, pérdida de masa muscular, alteraciones hormonales, problemas óseos, cardiovasculares y un sistema inmunológico debilitado.
En el plano psicológico, aparecen ansiedad, pensamientos obsesivos, baja autoestima, aislamiento social y, en muchos casos, síntomas depresivos. Las relaciones personales se resienten: comer fuera, viajar o compartir una comida se percibe como una amenaza.
La importancia de pedir ayuda
Detectar la ortorexia no siempre es sencillo, precisamente porque muchas de sus conductas están socialmente aplaudidas. Sin embargo, cuando la alimentación se convierte en el eje central de la vida y genera sufrimiento, es momento de actuar.
El abordaje debe ser interdisciplinar, combinando atención médica, nutricional y psicológica, con el objetivo de recuperar una relación flexible, equilibrada y realista con la comida. Porque comer sano debería sumar salud, no restarla.


