El buen dormir de los bebés

A pesar de necesitar tantas horas de sueño, la máxima cantidad de tiempo que un bebé suele dormir es de tres a cuatro horas seguidas, de acuerdo con la doctora Ana María Pérez Pardo

Los bebés sí pueden formar recuerdos. El problema es poder recuperarlos en la edad adulta

El sueño es importante a cualquier edad. Pero los patrones de sueño de un bebé y un adulto son muy diferentes.
Para que los bebés puedan tener un buen desarrollo, desde el primer día y hasta los 3 meses de edad deben tener de 14 a 17 horas de sueño de buena calidad. Mientras que los pequeños de 4 a 11 meses, pueden tener de 12 a 16 horas, según la Organización Mundial de la Salud.

A pesar de necesitar tantas horas de sueño, la máxima cantidad de tiempo que un bebé suele dormir es de tres a cuatro horas seguidas, de acuerdo con la doctora Ana María Pérez Pardo, jefa del Servicio de Pediatría del Hospital Universitari General de Catalunya, perteneciente al grupo Quirónsalud.

Esto se debe a que hasta aproximadamente los cuatro meses, el reloj interno del pequeño no está bien organizado. “En los primeros meses, los despertares son parte del desarrollo normal del bebé. Su sueño es más inmaduro, con ciclos distintos, y además necesita alimentarse con frecuencia. Con el tiempo, el sistema nervioso madura y el descanso se va estructurando”, explica Pérez Pardo.

¿Por qué se despierta mi bebé por la noche?

En las primeras semanas de vida, el bebé alterna entre diferentes tipos de sueño, incluyendo fases más ligeras en las que puede moverse, hacer ruidos o gestos sin estar realmente despierto.

A partir de los tres meses, el sueño comienza a organizarse en fases más definidas, pero los ciclos son breves, de unos 60 a 70 minutos, lo que favorece las transiciones y los despertares. “Muchos despertares son transiciones normales entre fases de sueño. A veces el bebé se mueve o vocaliza y no necesita una intervención inmediata. Aprender a distinguirlo reduce estrés en la familia y ayuda a consolidar rutinas”, señala la especialista.

Rutinas para un sueño más estable

Aunque no existen fórmulas universales, establecer hábitos predecibles puede ayudar a mejorar la calidad del sueño del bebé. Las rutinas actúan como señales que le permiten anticipar el momento de descanso.

Entre las recomendaciones más habituales están diferenciar claramente el día de la noche. Estar bajo la luz natural y tener actividad normal durante el día, y un ambiente tranquilo por la noche, realizar tomas nocturnas breves y con poca estimulación, y repetir siempre una pequeña rutina antes de acostarlo.
También se aconseja acostar al bebé cuando esté somnoliento, pero aún despierto, para favorecer que aprenda a dormirse por sí mismo.

Es clave el evitar que se duerma siempre durante la toma, para que comience a separar poco a poco el comer de dormir. “Las rutinas no buscan imponer horarios rígidos, sino dar señales repetidas y coherentes. En bebés pequeños, la regularidad y la forma de manejar la noche —más tranquila y con menos estímulos— es lo que más ayuda”, destaca la doctora Pérez Pardo.

La evolución en el primer año

A lo largo del primer año de vida el sueño de los bebés cambia de manera importante. En los primeros meses, el descanso está muy fragmentado, con múltiples siestas y despertares frecuentes tanto de día como de noche.

Hacia los seis meses, muchos bebés empiezan a concentrar más horas de sueño durante la noche, aunque los despertares ocasionales siguen siendo normales. “El sueño infantil evoluciona rápidamente durante el primer año y puede variar mucho entre bebés. Estas diferencias suelen reflejar el ritmo propio de desarrollo de cada niño”, afirma la pediatra.

Cuándo consultar con un médico

Aunque los despertares nocturnos suelen ser normales, hay situaciones en las que conviene buscar orientación médica. Entre las señales de alerta se encuentran las pausas respiratorias, la dificultad para respirar o cambios en la coloración de la piel.

También es recomendable consultar si el bebé presenta ronquidos intensos, signos de mal descanso como somnolencia excesiva durante el día, irritabilidad persistente o problemas de alimentación y crecimiento.

El bienestar de la familia también es un factor importante. Si los cuidadores se sienten desbordados, pedir ayuda profesional puede ser clave para encontrar estrategias adecuadas. “Ante dudas sobre el sueño del bebé, lo más recomendable es consultar con el pediatra. Una valoración adecuada permite descartar problemas médicos y orientar a las familias sobre cómo favorecer un descanso saludable”, concluye la experta.

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