Los trastornos de alimentación o trastornos de la conducta alimentaria, son enfermedades que afectan la salud física y mental e incluso ponen en riesgo la vida de quien los padece, según los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH, por sus siglas en inglés).
Las personas suelen tener graves alteraciones de la conducta alimentaria y esto puede causar distintas variaciones. Quienes lo padecen pueden tener bajo peso corporal, peso normal o sobrepeso, explican los NIH.
La época de verano puede ser más difícil de afrontar esta enfermedad según lo que describe la psicóloga Rocío Rosés, directora del Hospital de Día Infanto-Juvenil del Hospital Universitari Sagrat Cor.

Cómo afecta un TCA a la percepción personal
Uno de los principales efectos de los trastornos de la conducta alimentaria es la alteración de la imagen corporal. Las personas que los padecen desarrollan una percepción distorsionada de su propio cuerpo, viéndose de una manera mucho más negativa de lo que corresponde con la realidad. “Los TCA alteran la imagen corporal. Esto significa que las personas se perciben de una manera más negativa respecto a su realidad”, explica Rosés.
La especialista señala que esta percepción está muy condicionada por los cánones de belleza actuales. Mientras que muchos hombres tienden a verse menos musculados de lo que realmente son, las mujeres suelen percibirse con una cintura o unas caderas más anchas al compararse con ideales físicos prácticamente inalcanzables.
Una enfermedad que empeora en verano
La llegada del calor y el uso de ropa más ligera hacen que muchas personas se sientan más expuestas físicamente. En verano es cuando las personas exponen más sus cuerpos y, por tanto, es cuando las inseguridades respecto a este van a más, afirma Rosés.
A ello se suma la llamada “operación bikini”, impulsada cada año por campañas publicitarias y contenidos en redes sociales que fomentan la necesidad de modificar el cuerpo en poco tiempo.
Según la psicóloga, también es importante prestar atención a determinados cambios de comportamiento. “No querer ir a la playa o a la piscina cuando siempre ha querido ir puede ser uno de los factores de riesgo de que la persona puede empezar con este tipo de sintomatología psiquiátrica”, señala. Esto ocasiona que en muchos casos, se pasen años sin poderse bañar en piscinas o playas.
Además, recuerda que durante la primavera y el verano aumenta la incidencia de estos trastornos, por lo que es una etapa especialmente sensible para prevenir recaídas o detectar los primeros síntomas.
Los mensajes más dañinos
La presión social por alcanzar un determinado físico puede convertirse en un importante factor de riesgo para desarrollar un trastorno alimentario o favorecer su mantenimiento. “Estos mensajes afectan muy negativamente a la persona afectada, ya que el mensaje desde la publicidad y las redes sociales es que el cuerpo es maleable y cambiante, cuando todos tenemos un peso determinado por aspectos genéticos”, explica la especialista.
Rosés insiste en que mantener una alimentación variada y equilibrada es compatible con una buena salud, pero alerta sobre las dietas restrictivas realizadas únicamente por motivos estéticos. “El factor que más se vincula con el inicio de patología alimentaria, así como de mantenimiento de la enfermedad, es la realización de restricciones alimentarias o lo que está tan socialmente aceptado: realizar una dieta sin supervisión ni necesidad médica, sólo con fines estéticos”, subraya.
Cómo ayudar a una persona con TCA en verano
El entorno familiar desempeña un papel esencial tanto en la prevención como en la recuperación de los trastornos de la conducta alimentaria.
Rosés recomienda realizar el mayor número posible de comidas en familia, compartiendo el mismo menú y favoreciendo un ambiente de conversación y apoyo. También aconseja evitar comentarios negativos sobre el aspecto físico de cualquier persona, ya que este tipo de mensajes pueden reforzar las preocupaciones relacionadas con la imagen corporal.
También explica que es fundamental fomentar una actitud crítica frente a los mensajes que difunden los medios de comunicación y las redes sociales. “Hay que ayudar a que los adolescentes sean conscientes de que los estándares de belleza tanto masculinos como femeninos son prototipos prácticamente inexistentes en la población general”, afirma.
En lugar de perseguir ideales físicos irreales, la psicóloga apuesta por fortalecer la autoestima y el autoconcepto. “No hay que hacer dietas milagro, sino trabajar la autoestima y el autoconcepto, y trabajar para saber por qué es tan importante conseguir ese cuerpo deseado en vez de aceptarse cómo es uno físicamente”, concluye.

