CRIANZA

Si tu hijo grita a medianoche pero parece no despertarse, deja de hacer esto: no es una pesadilla común

Las rabietas nocturnas van más allá de las pesadillas: descubre qué puedes hacer y cuándo acudir a un especialista

Imagen simbólica del descanso infantil

En plena madrugada, escuchas un grito que viene del cuarto de tu hijo o hija. Allí está el pequeño aún dormido, pero agitado, llorando o incluso con los ojos abiertos pero todavía confundido. A estas situaciones se les califica de rabietas nocturnas, aunque no las causa una falta de disciplina a la hora de dormir.

Para poder entender mejor cómo actuar, es importante saber qué está ocurriendo. Por ello, es importante diferenciar entre pesadilla y terror nocturno, de origen similar pero de características distintas.

Por parte de las pesadillas, estas ocurren durante la fase REM del sueño. Suele suceder en las últimas horas de descanso, y se trata de un sueño aterrador que al final termina despertando al niño. Son muy comunes, y suelen reflejar los miedos habituales o las situaciones estresantes que ha vivido el pequeño.

En cambio, los terrores nocturnos suelen suceder durante el sueño profundo, más al comienzo de la noche. A pesar del sudor, los llantos y las sacudidas, el infante permanece dormido. Y lo más probable es que no recuerde absolutamente nada del episodio a la mañana siguiente.

Según explica KidsHealth, suelen suceder entre los menores de 13 años. Estos pueden no llegar a ser conscientes de que alguien les está intentando calmar. Y, normalmente, se ven afectados por estos terrores nocturnos los niños enfermos, estar bajo medicación, atravesar un fuerte estrés, la propia predisposición genética hereditaria y los problemas para conciliar el sueño (como apneas o reflujos).

Cómo actuar frente a las rabietas nocturnas

Niño duerme en su cama – Westend61 / Nina Janeckova
Westend61 / Nina Janeckova

Muchos padres tratan de despertar a sus hijos durante estas nerviosas. En realidad, este es un gran error, y es incluso contraproducente.

El intento de despertarle puede prolongar el episodio o incluso desorientar al niño aún más. El episodio sucede en una transición fallida del cebero hacia el sueño, por lo que tratar de despertarlo puede generar confusión o pánico.

Por ello, la intervención debe ser mínima. Es importante mantener la calma y esperar con paciencia a que pase el episodio, pues no suelen durar más de 20 minutos según indican los expertos.

La única intervención adulta realmente útil debe ser evitar que la integridad física del niño se vea comprometida. Se deben quitar los objetos que puedan obstaculizarle o dañarle, y se le puede mover si se puede caer de la cama o golpearse con la pared.

Lo cierto es que la amplia mayoría de casos de terrores y rabietas de la noche suelen desaparecer en la adolescencia.

Sin embargo, las señales de alerta que deben consultarse con un pediatra o especialista son:

  • La frecuencia de estos episodios (Varias veces por noche o casi todas las noches).
  • La apnea (Los episodios van acompañados de ronquidos fuertes y largas pausas en la respiración).
  • La persistencia más allá de la pubertad.
  • El riesgo de lesión durante las crisis.
  • La somnolencia durante el día.

Como consejo final, los especialistas recomiendan trabajar en una rutina de sueño constante con el pequeño. Evitar las pantallas antes de dormir, permitir que libere el estrés durante el día y velar por su seguridad en el descanso nocturno son algunas de las acciones más recomendadas.

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