SALUD MENTAL

No eres vaga ni te falta voluntad: la razón oculta por la que no puedes empezar nada sin estar agotada

Tras las causas de la procrastinación femenina, se encuentran una gran brecha en la carga mental y un enorme miedo al fracaso

Terapia de esquemas
Una mujer decepcionada
Shutterstock

A veces, posponer una tarea se siente como pura pereza o una mala gestión del tiempo. No obstante, en muchas otras en realidad es una herramienta psicológica de defensa. La procrastinación femenina muchas veces trae consigo miedo al fracaso, perfeccionismo extremista y una carga mental desproporcionada.

Luchar contra este pesar no es tarea fácil. Pero la ciencia propone diferentes métodos para afrontarla y volver a recuperar las riendas de la vida.

Miedo al fracaso y expectativas sociales

Una mujer cansada y agotada

Dejar lo importante para el día siguiente no siempre es efecto de la pereza.

Muchas mujeres se ven sometidas a la presión de ser exitosas todo el tiempo. De acuerdo con los psicólogos, esto ha llevado a que la mayoría de ellas asocien su autoestima a sus logros sociales: en lo académico, lo laboral, lo estético, lo social…

Investigaciones como la del doctor Shatz sugieren que las personas a veces evitamos ciertas tareas por la percepción que tenemos de uno mismo o una misma. Si la tarea no se empieza, no se puede fallar o dejar imperfecta.

Este sentimiento se ve exacerbado en las mujeres. Al ser educadas para estar a la altura de las expectativas, el cerebro activa la amígdala, lo cual hace que la tarea pendiente se sienta como una amenaza de la que rehuir.

En otro orden de cosas, la procrastinación femenina se ve asociada a la carga social. El agotamiento de las obligaciones laborales, sumado a las tareas del hogar y de la familia que suelen asumir las mujeres, termina agotando los recursos cognitivos de estas.

Ahí aparece la procrastinación por agotamiento, cuando el cansancio deja en una especie de parálisis por la sobrecarga mental.

El camino hacia la autocompasión

Síndrome del impostor - Sociedad
Una mujer con problemas de salud mental (Licencia Unsplash)

Acabar con el agotamiento y la posposición de las tareas es posible. Una de las estrategias pospuestas por expertos es la regla de los dos minutos, respaldada por David Allen y James Clear.

Esta técnica, pilar del método GTD, sigue un principio básico de la física. El movimiento es mucho más fácil si se mantiene que si se genera desde cero. Es decir, que es mejor no pensar en una tarea completa, sino enfocarla en una o dos acciones que se puedan hacer en menos de dos minutos.

El objetivo de esta estrategia es la activación. Una vez has empezado, el cerebro ya no toma la tarea como una amenaza, sino un proceso manejable y que se puede conseguir.

Por ejemplo, si tienes que escribir un documento de varias páginas, piensa primero en abrir el documento y escribir el título del mismo. O si tienes que organizar una habitación entera, empieza por lo más sencillo, como recoger un par de prendas de ropa o hacer la cama.

A esta técnica de activación debe acompañarle un cambio de enfoque general. La doctora Kristin Neff, una de las pioneras en la investigación de la autocompasión, defiende la amabilidad como aliado frente a la procrastinación femenina.

Es importante ser autocompasiva en estas situaciones. La culpa sólo causa el efecto contrario, aumentando el estrés y el factor de evitación.

Para conseguir que la autocompasión forme parte de la manera de pensar, es importante dividir los objetivos en las tareas, externalizar y compartir la carga y priorizar el descanso para poder rendir bien.

De este modo, es posible transformar ese cansancio crónico en una acción libre de culpas y alcanzable.

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