Crisis sanitaria

Un positivo en el Gómez Ulla: así ha sido el día 1 de cuarentena

Durante seis semanas convivirán en habitaciones individuales con controles médicos, aislamiento y la posibilidad de desarrollar síntomas en cualquier momento

Uno de los 14 españoles que estuvieron en el MV Hondius.
Uno de los 14 españoles que estuvieron en el MV Hondius.
EFE

Desde el domingo a primera hora de la tarde, los catorce pasajeros españoles del crucero MV Hondius se encuentran bajo vigilancia sanitaria en el Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla de Madrid después de haber estado expuestos a un brote de hantavirus durante su expedición internacional. Aunque ninguno ha desarrollado por ahora un cuadro grave, el Ministerio de Defensa confirmó anoche el resultado positivo en hantavirus en una prueba PCR realizada tras su repatriación. Se encuentra en buen estado y asintomático. El resto convivirá durante las próximas semanas con la incertidumbre de saber que el virus puede tardar hasta 42 días en manifestarse.

La llegada al hospital se desarrolló bajo un operativo de bioseguridad diseñado para evitar cualquier contacto de riesgo. “Se blindó su paso desde la entrada hasta el ascensor y del ascensor a las habitaciones, con un riesgo cero”, explica José García, delegado sindical de CSIF en el centro. “Gracias a los trabajadores del hospital, el dispositivo de llegada fue chapeau. Se acordonó toda la zona desde la entrada hasta el ascensor. La planta está cerrada al público y a cualquier persona ajena al operativo”.

El recuerdo del coronavirus

El Ministerio de Sanidad ha fijado la cuarentena hasta el 17 de junio, siguiendo el criterio acordado con la OMS, el ECDC y el Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias. Ese periodo de observación convierte al hospital militar madrileño en el lugar donde España pondrá a prueba su capacidad de respuesta frente a amenazas biológicas importadas en plena era post-COVID.

MADRID, 10/05/2026.- Un autobús transporta a los ciudadanos españoles que se encontraban en el crucero MV Hondius este domingo desde la Base Aérea de Torrejón hasta el Hospital Gómez Ulla . El avión militar con los catorce españoles que han sido desembarcados este domingo en Tenerife del crucero MV Hontius afectado por un brote de hantavirus ha aterrizado a las 15:00 horas en la base aérea de Torrejón (Madrid), desde donde serán conducidos al Hospital Gómez Ulla para ponerse en cuarentena. EFE/ Fernando Villar
Un autobús transporta a los ciudadanos españoles que se encontraban en el crucero MV Hondius
EFE/ Fernando Villar

La imagen recuerda inevitablemente a otros episodios recientes, con protocolos especiales, aislamientos, vigilancia constante y circuitos hospitalarios separados. Pero esta vez el escenario es distinto. El hantavirus Andes no tiene el comportamiento pandémico del SARS-CoV-2, aunque sí puede causar enfermedad grave y, de forma poco frecuente, transmitirse entre personas en contactos estrechos.
Los pasajeros no estarán necesariamente 42 días en condiciones de máximo aislamiento biológico. El protocolo aprobado por la Comisión de Salud Pública establece medidas de cuarentena y vigilancia activa que serán revisadas de forma continua, según Sanidad. En una primera fase ocuparán habitaciones individuales en una planta segregada del resto del hospital, sin visitas, con circuito cerrado, ascensor exclusivo, controles médicos y toma de temperatura dos veces al día.

Sin visitas, pero conectados con sus dispositivos

“La habitación permanece cerrada y serán los técnicos quienes decidan si más adelante podrá haber visitas o no”, explica García. “Las primeras horas han sido buenas y todos cuentan con dispositivos y pertenencias básicas que trajeron del barco”. No se trata de habitaciones convencionales, pero tampoco, al menos inicialmente, de las cámaras de máxima contención reservadas a pacientes confirmados o con síntomas compatibles. El Gómez Ulla trabaja con dos niveles: una cuarentena preventiva para contactos de alto riesgo y, si aparece clínica o una prueba positiva, traslado a la Unidad de Aislamiento de Alto Nivel, heredera de la experiencia del ébola y reforzada durante la COVID-19.

Esta unidad dispone de siete camas y un laboratorio BSL-3, diseñado para pacientes con sospecha o confirmación de enfermedades infecciosas de alto riesgo. Se trabaja con presión negativa, medidas extremas de contención y protocolos NRBQ (la unidad preparada para responder a amenazas nucleares, radiológicas, biológicas y químicas).

La habitación será, por tanto, una mezcla de dormitorio, consulta y sala de espera. Cada entrada o salida del personal implica un procedimiento. Las comidas, la limpieza, la lavandería, los residuos, las pruebas y los controles clínicos se organizan para evitar contactos innecesarios con otros pacientes o trabajadores. Se trata, sobre todo, de vigilar a estas personas sanas que podrían dejar de serlo.

La Unidad de Aislamiento de Alto Nivel del Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla.
La Unidad de Aislamiento de Alto Nivel del Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla.
Ministerio de Defensa

Desde el punto de vista médico, el seguimiento se hace desde varios frentes. El primero es clínico. Toma de temperatura, constantes vitales y observación de mialgias, escalofríos, cefalea, náuseas, vómitos, diarrea, dolor abdominal, tos, dolor torácico o dificultad respiratoria. Son síntomas compatibles con la infección por virus Andes y forman parte de los criterios que maneja el ECDC para identificar posibles casos. “El domingo se hicieron las primeras PCR a todos los ingresados y el Ministerio de Defensa hará públicos los resultados”, explica el delegado sindical. “Se han hecho todos los controles: toma de temperatura, vigilancia de síntomas y monitorización permanente”.

El segundo frente es diagnóstico. A los pasajeros se les realizan PCR y pruebas seriadas, además de analíticas y exploraciones clínicas. No obstante, una PCR negativa en una persona asintomática no cierra el caso. La PCR detecta material genético viral cuando hay carga suficiente; si el contacto está en fase muy temprana de incubación, puede no detectar todavía la infección. Por eso el tiempo es parte del diagnóstico.

La serología permitirá observar la respuesta inmune y, si apareciera un positivo, la secuenciación ayudaría a confirmar la relación con el linaje Andes y con el clúster del barco. La OMS ha informado ya de nueve confirmaciones por PCR y de identificación del virus Andes mediante secuenciación en este brote.

El tercer pilar del seguimiento es el epidemiológico. Hay que reconstruir los días de expedición: camarotes, comidas, excursiones, contactos con casos sintomáticos, asistencia médica a bordo, vuelos de repatriación y posibles exposiciones ambientales. La OMS ha señalado que la respuesta internacional incluye investigación epidemiológica, pruebas de laboratorio y rastreo internacional de contactos.

En España, la coordinación se articula entre Sanidad, el CCAES, la Comisión de Salud Pública, las comunidades autónomas y Defensa. El Gómez Ulla actúa como nodo de alta especialización, pero no puede ser entendido como una isla. Si aparecieran sospechas en otros territorios, los hospitales designados y las autoridades autonómicas tendrían que coordinar aislamiento, diagnóstico, transporte sanitario y eventual derivación.

Los sindicatos denuncian falta de personal

La parte menos visible de la operación es el personal. Según García, el refuerzo previsto de entre 60 y 90 efectivos de todas las categorías para atender el dispositivo, con personal exclusivo y altamente cualificado, no se ha cumplido. Además, CSIF denuncia el cese inminente de más de 200 trabajadores temporales del hospital, una decisión que, según el sindicato, dejaría al centro “en una situación muy delicada en un momento de especial presión asistencial”.

“Después de estar dando su do de pecho y de enfrentarse al virus en primera línea, mandan a estos trabajadores a la calle sin un mínimo respeto”, critica José García. “¿Cómo quieren que sigamos atendiendo a todos los pacientes con las mayores garantías?”. CSIF recuerda que el Gómez Ulla no solo afronta ahora la cuarentena de los pasajeros del Hondius, sino también la atención diaria ordinaria a los vecinos de Carabanchel, para quienes sigue siendo hospital de referencia.

Fachada del Hospital Gómez Ulla, Madrid.
Ministerio de Defensa

Pese a ello, el delegado insiste en que la seguridad del operativo es “máxima” y subraya que el hospital mantiene su actividad habitual sin alteraciones relevantes. “El hospital no se ha visto afectado en su rutina”. Añade, por otra parte, que los perfiles que trabajan en esta operación han pasado cursos específicos de manejo de pacientes infecciosos y están acostumbrados a trabajar con ellos o con simulacros.

El aislamiento consume recursos

El problema de personal es especialmente sensible porque la medicina de alto aislamiento consume muchos recursos. Hacen falta, según los sindicatos, técnicos de laboratorio, celadores, limpieza especializada, mantenimiento, seguridad, lavandería, gestión de residuos, salud laboral, psicología y coordinación administrativa. Un paciente aislado requiere un circuito completo que debe funcionar durante 42 días sin relajarse.

La cuarentena también será una experiencia psicológica intensa. Los pasajeros no están enfermos, pero tampoco pueden vivir como sanos. Permanecerán separados de sus familias, sometidos a controles diarios, pendientes de cualquier síntoma menor y rodeados por una atención mediática que puede aumentar la sensación de estigma. Tras el COVID, el aislamiento remite a miedo, encierro, vulnerabilidad y pérdida de control.

La crisis también obliga a revisar qué quedó de las lecciones del ébola y del coronavirus. Del ébola se aprendió la importancia de unidades de alto aislamiento, circuitos limpios y sucios, entrenamiento en EPI, descontaminación y control de residuos. Del COVID se aprendió rapidez diagnóstica, coordinación diaria y comunicación de riesgo. Pero persisten fallos. Se reacciona cuando el problema ya está en el hospital y la integración entre salud humana, animal, ambiental y transporte sigue siendo incompleta.

 

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