Dentro de nueve meses, aproximadamente en abril de 2027, habrá quien examine las estadísticas de las maternidades españolas como si estuviera consultando la clasificación de la Liga. Si aumentan los nacimientos, será el baby boom del Mundial. Si no aumentan, probablemente nadie se acuerde de la teoría. Así funcionan algunas leyendas deportivas.
Cada vez que España gana un gran campeonato reaparece la misma fantasía nacional. La selección levanta la copa, las calles se llenan y, mientras unos cantan, otros imaginan que la fiesta continuará en espacios algo más reservados. El resultado, según esta interpretación, sería una generación de niños concebidos bajo los efectos del entusiasmo patriótico. La hipótesis tiene todos los ingredientes para triunfar. Fútbol, sexo y bebés. Resulta mucho más atractiva que admitir que los nacimientos dependen del empleo, el precio de la vivienda, la conciliación, la estabilidad sentimental y la voluntad de tener hijos. Frente a semejante lista de problemas, un gol parece una política demográfica bastante más alegre.
La idea cuenta con antecedentes
Tras el Mundial de Sudáfrica de 2010 se difundió que España había registrado un importante repunte de nacimientos nueve meses después de que Andrés Iniesta marcara el gol que cambió la historia de la selección. Una información publicada entonces llegó a hablar de un incremento máximo del 45 %, aunque advertía de que no existían datos oficiales suficientemente detallados para atribuirlo con seguridad a la victoria.
El famoso 45 % procedía, en realidad, de observaciones limitadas y terminó adquiriendo unas dimensiones casi tan legendarias como el propio gol de Iniesta. Un estudio publicado posteriormente en The British Medical Journal analizó los nacimientos ocurridos después de las victorias del Barcelona en mayo de 2009. Los investigadores encontraron un incremento transitorio del 16,1 % en febrero y otro del 11 % en marzo, cifras significativas, pero muy alejadas del gran 45 % difundido inicialmente. El trabajo, además, dejaba claro que su diseño no permitía demostrar una relación causal. Los niños habían nacido después de los triunfos futbolísticos, pero no era posible acreditar que hubieran sido concebidos gracias a ellos. Es decir, hubo más bebés, pero ningún certificado de nacimiento incorporaba una casilla en la que los padres pudieran marcar: “Concebido por un gol de Iniesta”.
Una razón hormonal
Ana Lombardía, sexóloga y experta en bienestar sexual, reconoce que la teoría tiene una base razonable, aunque invita a no confundir una noche de alegría con un programa de estímulo a la natalidad. “Desde el punto de vista hormonal, explica, una victoria puede generar una intensa sensación de felicidad y bienestar. La alegría y la euforia favorecen la liberación de sustancias químicas y hormonas relacionadas con el placer, la satisfacción y el buen estado de ánimo”. Y sentirse bien puede hacer que algunas personas estén más dispuestas a mantener relaciones sexuales.

La lógica parece impecable. Si el equipo gana, aumenta la felicidad; si aumenta la felicidad, puede crecer el deseo; y si crece el deseo, las consecuencias podrían aparecer nueve meses más tarde. “Cuando me estoy sintiendo bien, va a ser más probable que tenga ganas de mantener relaciones sexuales”, señala Lombardía. Pero ese factor no basta para explicar un aumento de la natalidad. A lo largo de la historia se han observado pequeños repuntes después de determinados acontecimientos, celebraciones o periodos de optimismo, pero casi siempre se han identificado una vez producidos. Predecirlos resulta mucho más difícil porque intervienen numerosos factores.
La victoria puede encender el entusiasmo, pero no necesariamente apaga la prudencia. A diferencia de lo que ocurría hace décadas, actualmente existe un mayor control de la reproducción. El uso de anticonceptivos, la educación sexual y la planificación familiar reducen la posibilidad de que una noche de euforia se transforme de manera automática en un nacimiento. “Ahora hay mucho más control de la natalidad, usamos más anticonceptivos y regulamos más estas decisiones”, recuerda la experta. Por eso considera menos probable que una victoria provoque por sí sola un auténtico baby boom.
Más euforia colectiva que en la cama
También conviene observar dónde y cómo celebran los españoles. El fútbol es, por definición, una experiencia colectiva. Las grandes victorias no suelen festejarse con una cena íntima, luz tenue y una lista de reproducción cuidadosamente escogida. Se celebran en bares llenos, plazas abarrotadas, calles bloqueadas y salones en los que todavía quedan amigos discutiendo si aquella entrada merecía tarjeta roja. “La emoción puede estar en su máximo nivel, pero la ocasión sexual, sencillamente, no presentarse”.

En la celebración aparece además otro factor, el alcohol. Su influencia es ambivalente. En algunos casos reduce las inhibiciones, facilita el acercamiento y aumenta la probabilidad de mantener relaciones sexuales. En otros, puede dificultar la respuesta sexual, reducir el deseo o convertir cualquier propósito romántico en unas irresistibles ganas de dormir.
A estos factores se suma el panorama demográfico español. En 2025 nacieron provisionalmente 321.164 niños, un 1 % más que el año anterior. Fue un pequeño ascenso después de una década marcada por la caída de los nacimientos, pero el saldo vegetativo continuó siendo negativo: se produjeron 122.167 defunciones más que nacimientos. La fecundidad sigue además en niveles muy bajos. En 2024, el número medio de hijos por mujer se situó en 1,10; entre las madres españolas fue de 1,07 y entre las extranjeras, de 1,27. La edad media a la maternidad alcanzó los 32,61 años.
El Mundial no paga una guardería
Son cifras que demuestran que la decisión de tener hijos depende hoy de cuestiones bastante más persistentes que una alegría deportiva. El Mundial puede aportar unas horas de optimismo, pero no paga una guardería, no amplía un piso de cincuenta metros cuadrados y tampoco consigue que un contrato temporal se convierta, por arte de magia, en indefinido. Lombardía cree precisamente que estos fenómenos se explican mejor desde la sociología que desde la psicología.
También la derrota puede producir respuestas distintas. En determinados casos, explica la sexóloga, algunas personas canalizan la tristeza, la pena o el dolor a través de la sexualidad. No es lo habitual. La reacción más común al abatimiento consiste en tener menos deseo, aislarse o buscar un consuelo que no sea sexual. Lombardía advierte además de que recurrir sistemáticamente al sexo para aliviar una derrota, una pérdida o un episodio doloroso puede convertirse en una conducta problemática si se prolonga en el tiempo y pasa a ser la principal herramienta para gestionar el malestar.
Así que tampoco los aficionados argentinos deberían ser incluidos automáticamente en ningún estudio sobre natalidad. Unos buscarán consuelo, otros pedirán que nadie les hable durante una semana y la mayoría terminará aceptando que, después de todo, perder una final es menos grave que levantarse el lunes para trabajar. ¿Habrá entonces un baby boom español en abril de 2027? Podría producirse un pequeño repunte, pero sería temerario adjudicárselo por completo a la selección.

