La caída de Digi sacude a miles de usuarios en España y deja sin llamadas a buena parte del país

La caída volvió a poner en evidencia la fragilidad de las telecomunicaciones cuando una avería nacional dejó sin servicio de voz y SMS

Tiendas DIGI - Economía
Una tienda de DIGI en Barcelona.
Shutterstock

La caída de Digi ha dejado una de esas imágenes que un operador teme por encima de casi cualquier otra: miles de usuarios mirando el móvil, comprobando que la cobertura parecía seguir ahí, pero descubriendo que las llamadas no salían, los SMS no llegaban y la sensación de desconcierto se extendía por buena parte del país. La avería se produjo el 8 de abril de 2026, tuvo alcance nacional y afectó sobre todo al servicio de voz, tanto en líneas móviles como fijas, además de impactar también en los mensajes y, en algunos casos, en los datos móviles.

En un mercado de las telecomunicaciones donde el precio se ha convertido en uno de los grandes argumentos comerciales, la caída de Digi ha devuelto al primer plano una cuestión más incómoda: la fiabilidad. Digi ha crecido en España a gran velocidad durante los últimos años gracias a su oferta agresiva y a su capacidad para atraer clientes que buscaban una alternativa más barata a las grandes operadoras. Pero cuando una incidencia de este tamaño golpea a la red, el debate cambia por completo. Ya no gira solo en torno a cuánto cuesta una tarifa, sino a qué ocurre cuando el servicio deja de funcionar en un momento cotidiano o urgente.

Una avería que dejó incomunicados a muchos clientes

La incidencia comenzó a detectarse durante la mañana y se prolongó durante varias horas. Según las informaciones publicadas, el fallo afectó principalmente a las llamadas de voz y a los SMS, mientras que la fibra no se vio afectada de la misma manera. Esa circunstancia hizo que para muchos usuarios la caída de Digi resultara especialmente extraña: podían seguir usando parte de la conexión, pero no realizar una acción tan básica como llamar. Downdetector llegó a registrar más de 2.000 avisos en menos de una hora, una señal clara de que no se trataba de un problema aislado ni local.

La compañía trasladó después que había activado sus protocolos de emergencia y que la incidencia había quedado resuelta hacia las 13.00 horas. Sin embargo, como suele ocurrir en este tipo de episodios, la percepción de los usuarios no siempre coincide con el cierre oficial del problema. Cuando una red sufre una sacudida de este calibre, la recuperación no siempre se vive de forma idéntica en todos los puntos ni en todos los dispositivos. De ahí que, incluso después del mensaje de normalidad, muchos clientes siguieran preguntándose qué había fallado exactamente y por qué una operadora en plena expansión había quedado tan expuesta.

Qué pudo fallar en la red de Digi

Caída de Digi
Imagen promocional con el logotipo de la empresa.
DIGI

Las pruebas técnicas publicadas apuntan a un posible problema en el sistema IMS, la capa que permite gestionar llamadas sobre redes 4G y 5G, así como a la falta de respuesta del servidor ePDG. Traducido a un lenguaje menos técnico, eso significa que el golpe se habría producido en uno de los puntos más sensibles de la telefonía actual: la infraestructura que hace posible que las llamadas funcionen con normalidad en redes modernas. Algunos usuarios comprobaron incluso que podían volver a llamar si forzaban el móvil a conectarse a redes 2G o 3G, un detalle que refuerza la hipótesis de un fallo vinculado al entorno VoLTE.

Ese dato es importante porque explica por qué la caída de Digi no fue una simple interrupción genérica, sino una avería con un patrón muy concreto. También ayuda a entender por qué este episodio puede tener recorrido informativo más allá del susto puntual. En telecomunicaciones, una caída no solo se mide por su duración, sino por el lugar exacto en el que impacta y por la confianza que erosiona en el usuario.

La caída de Digi llega, además, en un momento delicado y simbólico para la compañía. Digi ha firmado un crecimiento récord en España y ya supera los 10 millones de líneas activas. Una cifra que confirma su peso en el mercado, pero que también eleva la exigencia sobre su red y su capacidad de respuesta. Cuantos más clientes tiene una operadora, menor margen existe para un fallo de este tipo, no solo por el volumen de afectados, sino por el daño reputacional que puede dejar tras de sí.

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