Madrid es una de las grandes ciudades del mundo donde más se vive: su esperanza de vida alcanza los 86,1 años. En un evento celebrado este lunes por Madrid Futuro se plantea qué hacer con esa ventaja. La asociación reunió en el Círculo de Bellas Artes a expertos y representantes de la administración y la sociedad civil bajo el título ‘Madrid para la longevidad. Un modelo de ciudad para vivir más y mejor’, con la idea de que los datos dejen de ser una consecuencia y se convierta en una estrategia de ciudad.
“Madrid parte de una posición extraordinaria”, subrayó en la apertura el presidente de Madrid Futuro, Manuel Bretón.
El delegado de Urbanismo, Medio Ambiente y Movilidad del Ayuntamiento, Borja Carabante, calificó el aumento de la esperanza de vida de noticia “extraordinaria”, aunque advirtió de que el reto no se agota en sumar años. A su juicio, la calidad de vida depende tanto de la sanidad y los servicios públicos como de la transformación urbana, y situó como prioridades la lucha contra la soledad no deseada, la accesibilidad, la movilidad y la seguridad de los mayores, además de parques, plazas y comercios que favorezcan la relación entre vecinos.
Carabante plantea cuál es el desafío residencial: en torno a 750.000 personas mayores en la ciudad hoy, que rondarían los 1,2 millones en 2040. Y enmarcó la respuesta en el nuevo Plan estratégico municipal, cuya aprobación inicial se prevé para 2027 y que sustituirá al Plan General de Ordenación Urbana de 1997, con el objetivo de “construir entre todos una ciudad preparada para vivir más y mejor”.
La directora general de Madrid Futuro, Natalia Peiro, situó el debate en un cambio demográfico global. Hoy una de cada once personas en el mundo tiene 65 años o más; en 2050 será una de cada seis, y a finales de la década de 2070 los mayores superarán por primera vez en la historia a los menores de 18 años. La cuestión central, dijo, es “cómo queremos vivir esos años adicionales”. Entre los retos señaló las desigualdades en longevidad y el tiempo vivido en dependencia; entre las oportunidades, la investigación, la economía silver, los nuevos mercados y la formación a lo largo de toda la vida.
“Madrid no ha tenido simplemente suerte”
El urbanista británico Greg Clark, que colabora con Madrid Futuro desde hace más de dos años, situó a la capital en la confluencia de dos revoluciones simultáneas: el alargamiento de la vida y la urbanización del planeta. De ahí su lema: “Añadir vida a los años, no sólo años a la vida”. Buena parte de lo que condiciona el envejecimiento —vivienda, diseño de barrios, movilidad, cercanía de los servicios sanitarios, relaciones sociales—, recordó, se decide en el ámbito local.
Clark atribuyó la ventaja que existe en Madrid. Por un lado, una herencia favorable: dieta mediterránea, clima suave, vida en la calle y un fuerte tejido intergeneracional. Solo el 23% de los adultos madrileños vive solo, frente al 32% de media en la Unión Europea. Por otro, decisiones públicas: un sistema sanitario con una atención primaria robusta, 34 hospitales, 430 centros de salud y 71.000 profesionales, además de un modelo urbano compacto, caminable y bien conectado por transporte público. “Madrid no ha tenido simplemente suerte; ha elegido ser una gran ciudad para una vida larga”, resumió.
Según confirma, un vecino de Chamartín vive hasta los 84,3 años; uno de Puente de Vallecas, hasta los 81,3. La pandemia, añadió, ensanchó esa brecha, y los factores socioeconómicos y educativos explican el 80% de las diferencias de esperanza de vida entre los 21 distritos. A ello suma el reto del crecimiento: Madrid gana población a gran velocidad y mantener su posición exigirá coordinar a administraciones, empresas, universidades, hospitales y tejido social. Puso como referencia a Tokio, con casi dos décadas de trabajo sobre una ciudad para vivir cien años, y a Nueva York, que bajo Michael Bloomberg priorizó la longevidad.
Para dar forma a ese proyecto, Madrid Futuro estudia varias iniciativas: una conferencia internacional, un índice anual, una red de ciudades, un pódcast, un programa de investigación y una plataforma de inversión. Ninguna está cerrada de forma deliberada, para abrirlas a la co-creación. “Madrid no necesita inventar su longevidad; necesita comprenderla, hacerla suya, defenderla y enseñarla”, concluyó Clark.
Una tarea compartida
La jornada se cerró con una mesa redonda en la que participaron Catherine Cummings, Directora de Sostenibilidad y RRIl de Sanitas, Rita Gasalla, Presidenta del Observatorio de Arquitectura Saludable, Salvador Noves, Director de Propuesta de Valor de Segmentos Retail en CaixaBank, María del Mar Pageo, Presidenta de Cruz Roja y Cándido S. Pérez, Socio responsable de infraestructuras, Transporte, Gobierno y Sanidad de KPMG.
Cummings defendió la prevención y los hábitos saludables para anticiparse a la dependencia. Pageo reclamó políticas sanitarias y sociales “intencionadas” para ganar años libres de discapacidad. Cándido Pérez, de KPMG, pidió estudiar primero las causas de la longevidad madrileña y priorizar equidad, vivienda, integración sociosanitaria y actividad física.
Gasalla presentó un proyecto de prevención de caídas con el Ayuntamiento y defendió la arquitectura y el urbanismo como medicina preventiva. Noves apostó por la educación financiera para preservar la autonomía a lo largo de la vida y por la colaboración público-privada en torno a la economía silver.

