Mariano Barbacid ha roto su silencio en plena tormenta sobre el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, el CNIO, con una defensa frontal de su trayectoria y una descalificación rotunda de las acusaciones que le han salpicado en las últimas semanas. En una entrevista publicada por ABC y recogida también por otros medios, el investigador niega que se hayan desviado 25 millones de euros destinados a la investigación contra el cáncer y sostiene que todo forma parte de una ofensiva interna dirigida contra él y contra personas de su entorno profesional.
“Todo esto se trata de un ataque personal”, afirma. La respuesta de Mariano Barbacid llega en un momento especialmente delicado para el CNIO. Una institución que lleva meses instalada en una crisis de gobernanza, enfrentamientos internos y denuncias cruzadas. El centro ya vivió un terremoto a comienzos de 2025, cuando el patronato cesó por unanimidad a la directora María Blasco y al entonces gerente Juan Arroyo, en medio de una grave fractura institucional.
Barbacid niega el desvío de fondos y habla de una ofensiva personal
El eje central de la defensa de Mariano Barbacid pasa por rechazar de plano la idea de que participara, directa o indirectamente, en una trama de desvío de fondos públicos. En la entrevista asegura que no cree que se hayan robado esos 25 millones de euros y enmarca las acusaciones dentro de una dinámica de acoso interno. Según su versión, hay un intento deliberado de apartar a determinadas personas del CNIO y de erosionar su prestigio profesional.
Barbacid va un paso más allá al sostener que él mismo sería el siguiente objetivo de esa ofensiva. En sus declaraciones atribuye parte del conflicto a la “envidia” y a una rivalidad interna por la visibilidad pública de sus avances científicos. Es una tesis que también aparece en el comunicado difundido por su entorno legal y recogido por varios medios en marzo, donde denunciaba “acoso laboral” y una “campaña de desprestigio” contra su figura.
El contexto del CNIO: una guerra interna que viene de lejos

Para entender el momento en el que habla Mariano Barbacid hay que situarse en la larga crisis del CNIO. El conflicto no nace ahora. Desde finales de 2024 y comienzos de 2025, el centro ha encadenado denuncias públicas sobre irregularidades, tensiones entre dirección y gerencia y un deterioro del clima interno. El País informó entonces de que María Blasco aseguraba haber denunciado irregularidades en contrataciones, mientras otras voces dentro del centro negaban esa versión o la matizaban.
Más tarde, el foco se desplazó hacia una investigación sobre un posible desvío millonario de fondos públicos. El País publicó en marzo de 2026 que la Fiscalía Anticorrupción y la UDEF examinaban una presunta trama de corrupción en el CNIO relacionada con contratos amañados y posibles servicios inflados o inexistentes, con el exgerente Juan Arroyo como principal señalado en esa información. En ese contexto, el nombre de Mariano Barbacid apareció vinculado al clima general de sospecha, aunque él insiste en que no existe prueba alguna contra su persona.
La figura de Juan Arroyo y la línea roja de Barbacid
Uno de los puntos más delicados de las declaraciones de Mariano Barbacid afecta precisamente a Juan Arroyo, exgerente del centro y persona de su confianza. Barbacid admite su amistad con él y recuerda que han trabajado juntos durante años, pero introduce una matización importante: asegura no tener ninguna evidencia de que haya cometido irregularidades, aunque añade que, si la Fiscalía Anticorrupción demostrara que robó dinero, esa amistad se rompería de inmediato. Esa frase intenta dibujar una línea de defensa propia sin romper por completo con quien ha sido una figura clave de la etapa anterior del CNIO.
Ese equilibrio revela bien el terreno resbaladizo en el que se mueve ahora Mariano Barbacid. Por un lado, quiere proteger su nombre y desvincularse de cualquier sospecha penal. Por otro, no renuncia a denunciar lo que considera una operación interna para desacreditarle. Su intervención pública no busca solo defenderse de una acusación concreta, sino disputar el relato de fondo sobre qué ha pasado realmente en el mayor centro español de investigación oncológica.
