Tragedia ferroviaria

El misterio de la pieza ‘varada’ y otras incógnitas del Expediente Adamuz

¿Y si el Iryo arrastró algo que lo hizo descarrilar? ¿Y si el Alvia no impactó solo contra los vagones? Así surgió la teoría del bogie, del que nadie informó

El objeto no identificado se detectó el lunes, a unos 270 metros de la vía en la que unas horas antes se había producido la tragedia. Además de los agentes sobre el terreno, la Guardia Civil había desplegado drones sobre la zona cero. Gracias a las imágenes que captaron, en la distancia fuimos capaces de ubicarnos en ese recorrido de vagones que parecían retorcidos sobre sí y raíles que veíamos cercenados por tramos. También, dónde estaba cada uno de los trenes o el apeadero del AVE. No había rastro de agua, a simple vista. De ahí la sorpresa inicial al publicar el ‘New York Times’ la fotografía de una gran pieza de hierro que aparecía varada en un arroyo junto al titular “Nuevas pistas sobre la causa del accidente ferroviario en España”.

En España, en cambio, nadie sabía nada. Adif rehusaba comentar, Iryo no daba señales y Renfe se limitaba a no reconocer la pérdida como suya. Balones fuera, la pieza terminó cayendo en el tejado benemérito: “El Equipo Central de Inspecciones Oculares ha realizado la identificación y reseña, pero debido a su volumen y peso, se ha dejado en el lugar del hallazgo. Es una de las cientos de evidencias que se están recopilando. En cualquier caso, el análisis técnico lo realiza la CIAF”. Con esta respuesta pretendían dar por concluido el misterio. Como era previsible, no lo consiguieron.

La teoría del bogie varado

¿Cómo puede quedar una prueba sin custodiar? Es la primera pregunta que brotó pertinente a la vista del comunicado difundido este lunes por el Ministerio de Transportes sobre el procedimiento a seguir de la CIAF. La Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios tiene un abecedario de actuación a resolver en el plazo de un año, en cuyo punto de partida figura la recogida de todos los materiales implicados, que deben ser luego debidamente custodiados. “Uno de los investigadores ha viajado incluso a Madrid con parte de ese material para garantizar la custodia”, ha aclarado a los medios Ignacio Barrón, presidente de la CIAF. Con tal nivel de implicación en la vigilancia, no cabía a priori imaginar que una de las piezas pudieran quedar abandonada a la intemperie, semihundida en un arroyo y sin precintar. “Pesa unas diez toneladas”, ha apuntado sobre la misma el ministro de Transportes.

Nadie se la llevará. Tampoco nadie ha informado sobre ella en 72 horas. Pero en el barrido que hicieron los drones sí quedó registrada este lunes. Y en el posterior volcado de la imagen, un mapeado en 3D, pudo comprobarse de qué se trataba: un bogie, una estructura metálica compuesta de ruedas, ejes, muellas y sistemas de suspensión; una de las “patitas” del tren, que va engarzada a los raíles. En cuestión de horas pasó de no saberse a qué tren pertenecía a ubicarla, sin lugar a dudas, en el vagón 8 del Iryo. A la vista, está claramente mellado.

“Las ruedas te dicen cosas y la suspensión del bogie también dice cosas concretas”, apunta Ramón Aurín, ingeniero de caminos, una de las voces expertas que estos días intentan hacer comprensible una ingeniería desconocida por la mayoría más allá de la experiencia viajera. ¿Y si esa enorme pieza se desprendió del Iryo -como aseguran los técnicos, pasa en otras ocasiones- provocando que el tren descarrilase por la cola? ¿Y si ese bulto metálico de gran tonelaje fue lo que arrolló el Alvia justo nueve segundos después? Lo que daría respuesta a esa hipótesis inicial de que no hubo colisión entre trenes, como a la distancia donde cayó, casi 300 metros de la zona cero, y a esa otra incógnita planteada al saberse de la rotura del raíl 23117: ¿y si el Iryo llevaba un lastre, una especie de carga que entorpecía su avance?

Expediente 08/2026

En la web de la CIAF está abierto desde la noche del domingo el Expediente 08/2026 o Expediente Adamuz. De cara al público, en estos momentos no están ni siquiera actualizados los datos de víctimas; figura aún el registro de 39 muertes. Al cierre de esta edición son 42 los identificados de un total de 43 localizados; para dos de las denuncias de desaparición que se notificaron desde en un principio aún no hay siquiera restos trasladado a la morgue. A la angustia de las familias se suma la dificultad en precisar el qué falló.

Descartado el fallo humano todo se centra en el vil metal: un raíl cercenado, muescas en las ruedas y un supuesto lastre. El maquinista del Iryo habla incluso de “un enganchón”, que para los ignotos parecía dar respuesta a esa carga fantasma en los bajos del tren, pero que al instante se corrigió por quienes saben: en argot ferroviario no se refiere a los “pies” sino a los “brazos” del tren, los que lo engarzan a la catenaria para recibir electricidad. Cuando un tren se desengancha, queda inmóvil en las vías. Según el ministro Oscar Puente, el bogie no se habría desprendido antes de que el Iryo parase sino justo unos segundos después -antes 20, ahora 9- cuando el Alvia golpeó el vagón 8 a unos 200 kilómetros por hora. “Lo desplazó el impacto”, ha matizado Puente. Con lo que el bogie habría salido disparado ladera abajo hasta caer unos 300 metros en un riachuelo, alejado del epicentro de la tragedia. Allí seguirá varado, por tiempo impreciso.

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