En las imágenes de los encierros que ocupan portadas en todo el mundo, las más impactantes son las heridas por asta de toro, el símbolo más indeseado de los Sanfermines, a pesar de que representan solo una pequeña parte del enorme dispositivo sanitario que movilizan las fiestas. Cada año, los servicios de emergencias atienden numerosas incidencias por traumatismos, intoxicaciones etílicas, golpes de calor, caídas, crisis médicas y otras urgencias que poco tienen que ver con los toros.
En los primeros días de las fiestas de 2025, el 112 recibió cerca de 9.000 llamadas y movilizó ambulancias en más de 150 ocasiones. Los hospitales y centros de urgencias realizaron miles de asistencias, muchas en las inmediaciones de la cuesta de Santo Domingo, la calle Estafeta o la plaza de toros, aunque ajenas al encierro. Personas que se desploman en una terraza, dejan de respirar durante un almuerzo o se atragantan en medio de una comida entre amigos.
Cada minuto cuenta
No es exclusivo de los Sanfermines. En España se produce una parada cardiorrespiratoria (PCR) aproximadamente cada 20 minutos. Cada minuto que transcurre sin iniciar la reanimación y sin desfibrilación precoz reduce las posibilidades de vida un 10%. Pasados 10 minutos sin actuar, el daño cerebral suele ser irreversible, según la Sociedad Española de Cardiología. En el caso del atragantamiento, la obstrucción completa de la vía aérea puede provocar lesiones cerebrales irreversibles en cuatro o cinco minutos.

Ese reloj corre todavía más deprisa cuando cientos de miles de personas llenan las calles de Pamplona. Una ambulancia puede tardar mucho más en recorrer unos cientos de metros cuando la ciudad está completamente abarrotada. “Entre todas esas emergencias hay dos especialmente críticas: la parada cardiorrespiratoria y el atragantamiento grave. En ambos casos, el tiempo marca la diferencia entre la vida y la muerte”, nos explica Patxi Bueno, enfermero en emergencias de Navarra e impulsor de Sanfermines Cardioprotegidos.
Esta campaña ha desplegado alrededor de cuarenta nuevos desfibriladores repartidos por hoteles, bares, peñas, comercios, farmacias, sociedades gastronómicas y otros puntos estratégicos del casco urbano. A ellos se sumarán diez taxis equipados con desfibrilador que funcionarán como auténticos puntos móviles de rescate cardiaco, además del refuerzo de equipos de DYA Navarra.
Pero la iniciativa no consiste únicamente en colocar aparatos. Cada establecimiento participante ha recibido formación para que sus trabajadores sepan reconocer una parada cardiaca, activar inmediatamente el 112, iniciar las maniobras de reanimación cardiopulmonar y utilizar el desfibrilador mientras llegan los equipos sanitarios.
Otra forma de hospitalidad
Uno de los hoteles adheridos es el hotel Puerta Catedral. Desde allí nos atienden su directora, Saioa Villar Sola, que reconoce que disponer de un desfibrilador supone una responsabilidad añadida, pero también una forma de entender la hospitalidad. “Al principio impone respeto porque todos pensamos que ojalá nunca tengamos que utilizarlo. Pero precisamente por eso la formación resulta tan importante. Saber que cuentas con el equipo adecuado y que existen profesionales que te guían aporta mucha tranquilidad”.

Para Villar, participar en esta red trasciende cumplir un protocolo. “Un hotel recibe a miles de personas de edades y procedencias muy diferentes. Queremos que quien se aloje aquí sienta que está en un espacio seguro. Hoy la hospitalidad no consiste únicamente en ofrecer una buena habitación o un buen desayuno, también pasa por estar preparados para responder cuando ocurre una emergencia”. Considera, además, que este tipo de iniciativas añaden valor tanto al establecimiento como a la ciudad y contribuyen a construir una cultura preventiva. “Cada vez más empresas entienden que formar a sus equipos en primeros auxilios no es un gasto, sino una inversión en seguridad y en confianza. Si algún día podemos ayudar a salvar una vida, tanto un cliente como cualquier otro ciudadano que necesite asistencia, todo habrá merecido la pena”.
Ese cambio de mentalidad constituye precisamente uno de los objetivos de la campaña. “El reto es conseguir que, allí donde se produzca una emergencia, siempre exista un desfibrilador visible, cercano y una persona capaz de utilizarlo antes de que lleguen los servicios sanitarios”, añade la directora de Puerta Catedral. La red de cardioprotección ya suma hoteles, peñas, establecimientos hosteleros, librerías, farmacias, asociaciones, sociedades gastronómicas e incluso taxis que recorrerán continuamente la ciudad durante las fiestas. Todos los puntos estarán geolocalizados y podrán localizarse a través de una página web específica para que cualquier ciudadano o visitante encuentre el desfibrilador más próximo en cuestión de segundos.
Estos dispositivos son automáticos y capaces de analizar el ritmo, por lo que en caso de ser necesaria una descarga, el mismo aparato indica las instrucciones a seguir. La otra son las personas. Reconocer una parada cardiaca, avisar inmediatamente al 112, iniciar las maniobras de reanimación y saber cómo utilizar el desfibrilador mientras llegan los equipos sanitarios. “El desfibrilador prácticamente guía todos los pasos, pero lo realmente importante es no quedarse paralizado. Saber actuar aporta mucha tranquilidad”, resume Villar Sola.

