Terremoto

¿Por qué Venezuela tembló dos veces?

La ciencia detrás del extraño doblete sísmico que ha desconcertado a los expertos, explicada por la catedrática Belén Benito

La Tierra no siempre libera la tensión acumulada de una sola vez. A veces lo hace en dos golpes casi consecutivos, como una rama que no termina de partirse con el primer crujido y acaba rompiéndose con un segundo chasquido. Eso es precisamente lo que, según los primeros análisis científicos, ha ocurrido frente a las costas de Venezuela, donde dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 han sacudido el norte del país en una secuencia excepcional que ha despertado el interés de la comunidad científica.

Aunque Venezuela es uno de los países con mayor actividad sísmica de Sudamérica, lo extraordinario es la forma en que se produjo. Tanto el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) como el Centro Nacional de Alerta de Tsunamis de Estados Unidos coinciden en que no se trató del patrón habitual de un gran terremoto seguido de réplicas decrecientes, sino de un fenómeno mucho menos frecuente conocido como doblete sísmico.

Mapa geológico de Venezuela. USGS
USGS

En qué consiste

En un terremoto convencional, el gran sismo libera la mayor parte de la energía acumulada y después aparecen réplicas cada vez menos intensas. En un doblete sísmico la primera ruptura altera de forma brusca las tensiones de la falla y esa redistribución desencadena casi inmediatamente una segunda gran ruptura cercana, de magnitud similar o incluso superior. Nos ayuda a entenderlo Belén Benito, catedrática de la Universidad Politécnica de Madrid y codirectora de la empresa Geolyder, especializada en estudios de peligrosidad y riesgo sísmico. “Según la información técnica disponible, el terremoto de magnitud 7,5 ocurrió el 24 de junio de 2026 apenas 39 segundos después del sismo de magnitud 7,2. Esa diferencia temporal tan corta refuerza la interpretación de que no se trató de una réplica ordinaria, sino de una secuencia sísmica de tipo doblete, formada por dos terremotos de magnitudes similares, muy próximos en el tiempo y en el espacio”.

Este mecanismo responde a un fenómeno conocido como transferencia de esfuerzos (stress transfer). Cuando una falla rompe, libera enormes cantidades de energía, pero al mismo tiempo modifica instantáneamente las tensiones que soportan los segmentos vecinos. Si alguno de ellos ya estaba muy cerca de su límite de resistencia, ese pequeño cambio puede bastar para desencadenar otro gran terremoto.

La imagen resulta más fácil de entender si se piensa en una tableta de chocolate. Al partir uno de sus cuadrados, la tensión se redistribuye y puede hacer que otro termine rompiéndose casi al mismo tiempo. Durante décadas o incluso siglos, las rocas soportan enormes esfuerzos sin fracturarse. Cuando finalmente superan su límite de resistencia, liberan de golpe toda esa energía acumulada en forma de ondas sísmicas.

AME4151. CARACAS (VENEZUELA), 24/06/2026.- Integrantes de cuerpos de emergencia buscan víctimas este miércoles, luego de dos fuertes terremotos que sacudieron el Caribe venezolano, en Caracas (Venezuela). El evento principal fue un sismo de magnitud 7,5, informó el sistema oficial de alerta de tsunamis de Estados Unidos. EFE/ Ronald Peña R
Devastación en Venezuela.
EFE/ Rayner Peña

“En la zona del terremoto -continúa la catedrática-, la placa del Caribe se desplaza hacia el este respecto a la placa Sudamericana a una velocidad aproximada de 20 milímetros al año. Ese movimiento se acomoda principalmente a lo largo de un sistema de fallas de deslizamiento lateral derecho que atraviesa el norte de Venezuela. La ubicación del sismo, su escasa profundidad y su mecanismo focal son coherentes con una ruptura dentro del sistema de fallas de Boconó”. La falla responsable llevaba más de un siglo acumulando tensión. Aunque para la memoria humana parezca mucho tiempo, en términos geológicos apenas representa un instante.

Además, un terremoto de magnitud 7,5 no debe imaginarse como una sacudida en un único punto. “Los terremotos de deslizamiento lateral de ese tamaño suelen romper una superficie de falla de aproximadamente 150 kilómetros de longitud por unos 20 kilómetros de anchura. La energía se libera a lo largo de una fractura regional, no en un punto aislado”. Otro elemento que aumentó la violencia del episodio fue la escasa profundidad de ambos terremotos. Los primeros análisis sitúan el origen de la ruptura entre los 10 y los 20 kilómetros bajo la superficie, por lo que se consideran seísmos superficiales. Cuanto menor es la profundidad, menos energía se pierde antes de alcanzar la superficie y más intensas resultan las sacudidas.

Benito recuerda que el norte de Venezuela posee, además, un largo historial de grandes terremotos. “Desde 1900 se han registrado cinco seísmos de magnitud igual o superior a 7 en el norte del país o frente a su costa. En un radio aproximado de 250 kilómetros alrededor de los terremotos del 24 de junio de 2026 se han producido siete terremotos de magnitud 6 o superior durante el último siglo”. Uno de los antecedentes más devastadores fue el terremoto de Caracas de 1967, de magnitud 6,6. “Aquel sismo provocó alrededor de 240 muertos, cientos de heridos, el colapso de varios edificios de apartamentos y una destrucción generalizada”. Más recientemente, en septiembre de 2025, la región experimentó otro doblete sísmico de magnitudes 6,2 y 6,3, que dejó al menos una víctima mortal, más de un centenar de heridos y graves daños estructurales.

El verdadero enemigo, el tipo de construcción

Sin embargo, el verdadero enemigo no suele ser el movimiento del terreno, sino la vulnerabilidad de las construcciones. Un primer terremoto puede agrietar pilares, deformar vigas o debilitar cimentaciones sin provocar un colapso inmediato. Si pocos segundos después llega un segundo gran terremoto, esas estructuras ya dañadas disponen de mucho menos margen para resistir. “Desde el punto de vista de la ingeniería sísmica, el riesgo no depende únicamente de la magnitud del terremoto. También influyen la profundidad, la distancia a las zonas pobladas, el tipo de suelo, la duración de la sacudida y, sobre todo, la calidad de las edificaciones”, detalla la experta.

Consecuencias de los terremotos en Venezuela - Internacional
Personas entre los escombros de edificios derrumbados.
EFE

Las construcciones con mayor riesgo son las viviendas de mampostería sin refuerzo, las edificaciones autoconstruidas, los edificios de hormigón armado anteriores a las normas sísmicas modernas y numerosos edificios públicos antiguos, como escuelas, hospitales e iglesias, que nunca han sido reforzados. En las zonas afectadas se alternan construcciones modernas con viviendas tradicionales y edificaciones informales de gran vulnerabilidad. En muchas áreas predominan las casas de bloques de hormigón o de ladrillo sin refuerzo y, en zonas rurales, viviendas de adobe o bahareque, especialmente frágiles frente a terremotos intensos.

Edificios anteriores a 1967

La fecha de construcción resulta igualmente decisiva. “Los edificios anteriores a 1967 presentan la mayor vulnerabilidad sísmica; los construidos entre 1967 y 1982 muestran un comportamiento intermedio, mientras que los posteriores a 1982 suelen responder mejor gracias a códigos sismorresistentes más exigentes”. Entre las deficiencias más habituales Benito destaca el escaso confinamiento de la mampostería, las denominadas columnas cortas, la reducida resistencia lateral y las ampliaciones realizadas sin criterios estructurales.

En realidad, los terremotos por sí mismos rara vez matan. Son los edificios incapaces de soportarlos los que convierten un fenómeno natural en una tragedia humana. La calidad de las normas de construcción y su cumplimiento resultan tan determinantes como la magnitud del seísmo. La secuencia, además, todavía no ha terminado. Tras un doblete de estas características es normal que continúen registrándose numerosas réplicas durante días, semanas o incluso meses. Algunas pueden superar la magnitud 5, aunque eso no significa necesariamente que vaya a producirse otro gran terremoto. Sí obliga, en cambio, a extremar la vigilancia sobre edificios ya debilitados, que pueden colapsar con sacudidas mucho menores.

El episodio venezolano recuerda que la Tierra no funciona mediante explosiones aisladas, sino como un sistema de tensiones en permanente equilibrio. En ocasiones, ese equilibrio se rompe de una sola vez. Otras, como acaba de ocurrir en Venezuela, necesita dos golpes para terminar de liberar una energía que llevaba generaciones acumulándose bajo los pies.

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