Generación conectada
Phil González
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RentAHuman.ai: ¿Y si algún día tu jefe fuese una máquina?

Terminator nos dejó cierto trauma colectivo. Varias de las intuiciones futuristas que aparecían en las distintas películas de la saga se están cumpliendo una a una. Órganos sintéticos, mentes conectadas a máquinas, manos robóticas. Todo existe ya o va camino de formar parte de nuestras vidas.

Sin embargo, lo que más nos aterroriza es la idea de que, algún día, las máquinas nos sometan, nos vigilen o incluso puedan aniquilarnos. Sin querer preocupar a nadie, todo va tan rápido que hoy ningún escenario es realmente descartable.

Esta semana se ha lanzado una nueva plataforma que, aunque aún en sus inicios, anticipa el imprevisible porvenir de nuestra sociedad moderna. Ideada por un joven apasionado por el mundo de las criptomonedas, RentAHuman.ai (que significa alquilar un humano en nuestro idioma) podría suponer un antes y un después en el mundo laboral.

Una de las limitaciones de la computación actual es que “solamente” puede actuar en el cableado de Internet y sus redes. Si no es a través de un robot conectado, los ordenadores no pueden realizar realmente ninguna tarea fuera de las CPU y de sus pantallas. Abrir o cerrar una puerta, regar una planta, entregar un paquete o ir a ver qué pasa en la línea de producción de una fábrica requiere una intervención in situ y física. Con este proyecto empresarial, los agentes de inteligencia artificial pueden contratar a humanos para que ejecuten tareas en el mundo real. Dicho de otra forma, es una web donde la IA puede “pedir ayuda” a un ser humano cuando se encuentra con ese límite fuera de la pantalla.

¿De qué se trata?

No es fácil entenderlo a la primera, pero intentaré explicarlo llanamente y con todo el detalle posible porque tiene bastante importancia el tema. La web de RentAHuman.ai no propone ofrecerte robots para hacer las cosas, sino algo disruptivo a la vez que inquietante. Permite que sistemas de inteligencia artificial se conecten a su web y deleguen tareas en personas reales.

Cuando hablamos de “agentes de inteligencia artificial”, no hablamos de robots con forma humana ni de máquinas conscientes. Un agente es, básicamente, un programa autónomo capaz de tomar decisiones, encadenar acciones y buscar soluciones para cumplir un objetivo concreto.

Durante estos últimos años hemos hablado de humanos usando esos agentes, esa IA como una herramienta. Podíamos imaginar que, a la hora de realizar tareas complementarias, esos mismos humanos contarían con robots humanoides. Pero ¿y si los robots fuesen sencillamente personas?

Hasta ahora, el esquema era simple. Los humanos recurríamos a la inteligencia artificial para pensar más rápido, organizar mejor o decidir con más datos. Lo nuevo aquí es que ese mismo humano puede crear o usar un agente virtual autónomo… y que ese agente, a su vez, recurra a otros humanos para ejecutar tareas en el mundo real.

Desde comprobar algo en un entorno físico hasta realizar acciones a las cuales las máquinas no llegan, el caso es que este invento puede cambiar muchísimas cosas. No es un Cabify o un Glovo que te trae tabaco o alcohol a casa, no es una plataforma de freelance más. Es otra cosa.

Pensemos en otro ejemplo. Un agente de inteligencia artificial gestiona cientos de pisos turísticos en una ciudad. Detecta que en uno de ellos se han repetido quejas sobre el ruido de una puerta. En lugar de avisar a una empresa o a un gestor humano, el propio sistema podría contratar a una persona cercana para que vaya, escuche, grabe un vídeo y confirme si el problema existe o no.

Aquí el cliente no es una persona ni una empresa, sino un agente algorítmico actuando como intermediario que detecta una limitación y busca ayuda humana para resolverla. La inteligencia digital sin cuerpo sigue siendo, por ahora, incompleta. Los propios humanos nos convertiríamos desde ya en una extensión de la IA, dicho de otra forma.

Os doy otro ejemplo. Le pedimos a la inteligencia artificial a través de uno de esos agentes que nos organice un viaje a Filipinas con el máximo detalle posible. Pero queremos asegurarnos de que las playas que visitaremos allí no estarán masificadas. En un momento del proceso, el agente virtual contrataría a gente local que pueda certificar que esas arenas suelen ser tranquilas.

O algo aún más cotidiano. Un agente de IA que organiza la agenda de una persona mayor que vive sola. El sistema detecta que hace días que no se ha abierto la puerta de su domicilio. La máquina contrata a alguien del barrio para que se pase, toque el timbre y confirme que todo está en orden.

De asistentes a ser tus jefes

Detrás de esta idea no hay una gran corporación ni una de estas grandes figuras de las más ricas del planeta, sino la inquietud de Alexander Liteplo, un ingeniero informático a quién se le ocurrió la idea. No estamos ante una excentricidad creativa ni tampoco una simple reflexión provocadora. Es una respuesta a una obsesiva pregunta: ¿qué pasará con nuestro trabajo cuando la inteligencia ya no sea exclusivamente humana, pero siga requiriendo manos, brazos y piernas?

En sus primeros días de vida, la plataforma atrajo a decenas de miles de personas dispuestas a registrarse y cobrar por realizar esos microservicios, una señal clara de que este modelo conecta con una nueva realidad laboral que toca a nuestra puerta.

La aparición de esta “nueva central del empleo” y de las que vengan pronto, responde a una lógica de negocio clara. Si la IA nos puede ayudar a detectar necesidades, optimizar procesos y tomar decisiones, lo razonable es que también pueda coordinar nuestros recursos humanos cuando los necesite. Algo que toca ya a lo filosófico y simbólico.

Una nueva agencia de empleo basada en cuerpos prestados

En este potencial y futuro contexto, el valor diferencial del ser humano ya no sería su capacidad intelectual sino el disponer de un cuerpo. Destacaría por estar ahí cuando sea necesario.

Aunque durante siglos fue al revés, estaríamos ante una nueva era donde la IA piense, decida y calcule, mientras nosotros los humanos ejecutemos lo que nos pida. Este modelo y esta economía encajarían a la perfección con la fragmentación del trabajo, la atomización de tareas, la conversión del empleo en esos microservicios que son ya nuestro pan de cada día.

Lo preocupante aquí es que el contratante ya no sea un reclutador o una empresa tradicional, sino un nuevo tipo de agencia de trabajo temporal: un sistema informático, totalmente autónomo. Un algoritmo que no duerme no tiene corazón ni duda, pero que sabe perfectamente a quién contactar y cuándo lo necesita.

¿Estamos ante una nueva clase de trabajadores invisibles que trabajarían para distintas inteligencias? ¿O es sencillamente una nueva forma de colaboración entre hombres y máquinas dónde ellas son las que mandan?

Ni utopía ni fin del mundo

La historia de la tecnología demostró que cada gran avance generó grandes miedos. No estamos ante la rebelión de las máquinas anticipada en muchas sagas cinematográficas ni el fin del trabajo para la especie humana. Que una IA contrate a personas o equipos no significa que tenga conciencia o voluntad de hacerlo.

Quiere decir que estamos diseñando sistemas capaces de identificar problemas y buscar soluciones. Y eso indica algo positivo y es que la IA seguirá necesitando los humanos. No por sus capacidades de análisis o cálculo, sino por su presencia física, por su creatividad, por su improvisación o interpretación de este mundo.

El verdadero temor aquí no está en la tecnología, sino en que los algoritmos gestionen el trabajo humano sin marcos contractuales, éticos y laborales. ¿Quién fijará el precio del coste hora de un humano? ¿Qué pasará con la protección y seguros sociales? ¿Quién se responsabilizará si algo sale mal? Preguntas que levantarán muchas dudas legales y ahí llegaremos, como siempre, tarde.

Más allá de esta novedad

RentAHuman.ai no es una anomalía del sistema, es un síntoma de esta convulsa época. Hemos inventado y desarrollado cerebros virtuales para ayudarnos a entender mejor el universo, desplazarnos por él, organizar nuestras empresas, procesos y tomar decisiones; pero podría llegar el día en que empiecen a gestionarnos ellos. Nos digan qué hacer, cómo criar a nuestros hijos y a qué hora salir de casa por la mañana.

Por lo que sale en la prensa americana, la empresa en cuestión tiene actualmente más mano de obra humana registrada que empleadores virtuales en este momento y aun así, hace vislumbrar todos los cambios que este nuevo concepto podría suscitar.

Podría llevar a replantearse la organización del trabajo, el pertenecer a una compañía y una cultura concreta. En una era la cual la inteligencia ya no es un monopolio humano, los jefes podrían ser ordenadores que decidan hasta quién trabaja y cuándo, y que determinen el valor del tiempo y el coste horario, sin rastro ni despacho.

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