Sarampión: por qué España ha dejado de ser un país libre del virus

Para mantener el estatus de país libre de circulación endémica, la OMS exige que no se detecte transmisión local continuada durante al menos 12 meses, un criterio que España ya no cumple

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha confirmado algo que en España no ocurría desde hace años: el país ya no puede considerarse libre de sarampión. La pérdida de este estatus -alcanzado tras una década de eliminación- no implica que el virus esté fuera de control, pero sí que vuelve a circular localmente, una señal que para los organismos internacionales funciona como termómetro de la solidez de un sistema sanitario.

“Que un país sea libre de sarampión es un indicador de que los programas de vacunación y de vigilancia funcionan de forma muy eficaz», explica a Artículo 14 Oriol Mitjà, médico infectólogo del Hospital Germans Trias i Pujol. “La pérdida de ese estatus es una señal de alerta: indica que han surgido brechas, ya sea en la inmunidad de la población o en la capacidad de respuesta del sistema sanitario”.

Entre 2024 y 2025, la incidencia de esta enfermedad altamente contagiosa experimentó un aumento sostenido: de 227 casos confirmados en 2024 se pasó a cerca de 397 en 2025, según los datos oficiales utilizados por la OMS para su evaluación. Esa progresión ha llevado al organismo internacional a concluir que la transmisión endémica del virus se ha restablecido, aunque de forma localizada y mediante brotes acotados.

Para mantener el estatus de país libre de circulación endémica, la OMS exige que no se detecte transmisión local continuada durante al menos 12 meses, un criterio que España ya no cumple.

¿Por qué ocurre en un país con buena vacunación?

La vacunación es una de las claves para entender este escenario. España ha mantenido históricamente coberturas elevadas, especialmente en la primera dosis de la vacuna triple vírica. Más del 97% de los niños recibe esa primera pauta. El problema aparece en la segunda.

“Solo alrededor del 94% completa la segunda dosis”, señala Mitjà . En el caso del sarampión, esa diferencia es crítica. Se trata de uno de los virus más contagiosos que existen: una sola persona infectada puede llegar a contagiar hasta a 18 personas no vacunadas.

“En un virus tan contagioso, ese 6% sin protección es suficiente para que el sarampión pueda transmitirse y aparezcan casos autóctonos que no vienen de fuera”, explica el infectólogo .

La vacuna triple vírica —que protege frente a sarampión, paperas y rubéola— alcanza una eficacia superior al 95% cuando se administran ambas dosis. Pero cuando la cobertura no es homogénea en toda la población, se crean bolsas de personas susceptibles en las que el virus encuentra terreno para circular.

El problema no es solo la media nacional. “Puede haber barrios, escuelas o comunidades donde la tasa de vacunación esté muy por debajo de esa media”, advierte Mitjà . A eso se suma otra dificultad menos visible: los errores en el cálculo de las tasas vacunales. “También es frecuente que haya errores en los registros y que en realidad estemos ligeramente por debajo de lo que se informa”, añade.

A esta situación se suma el impacto de los casos importados. El origen del problema, explica Mitjà, es conocido: “Llegan casos de otros países donde el virus circula con fuerza y, cuando este fenómeno se repite varias veces, el riesgo de contagio autóctono aumenta mucho”.

Los expertos insisten en que este dato no debe utilizarse para estigmatizar a ningún colectivo. La movilidad es global y afecta por igual a viajeros, residentes y visitantes. El sarampión no distingue pasaportes.

Europa también está en alerta

El aumento de casos en España no es una excepción. La región europea atraviesa una situación similar, en parte como consecuencia de las interrupciones provocadas por la pandemia de COVID-19. Al menos cinco países europeos, además de España, han perdido el reconocimiento de eliminación del sarampión por parte de la OMS. Los retrasos en los calendarios de vacunación y la reducción de controles sanitarios dejaron lagunas que ahora están siendo aprovechadas por el virus.

Más allá de las estadísticas: qué significa para las familias

El sarampión no es solo un indicador epidemiológico. Aunque muchos casos evolucionan sin complicaciones graves, la enfermedad puede causar neumonía, encefalitis e incluso la muerte, especialmente en niños pequeños, personas inmunodeprimidas y adultos sin vacunación completa.

Para las familias y para quienes trabajan en salud pública, este repunte implica reforzar la vigilancia, revisar calendarios vacunales y, sobre todo, mejorar la comunicación.“Para revertir esta situación hay que centrarse en dos tareas”, resume Mitjà. “Detectar rápidamente todos los casos sospechosos y poderlos aislar para que no contagien, e incrementar las tasas vacunales, identificando las comunidades donde sean más bajas”, añade.

Qué está haciendo el sistema sanitario

El Ministerio de Sanidad ha anunciado la actualización de los planes de eliminación del sarampión y la rubéola, con el objetivo de intensificar la vigilancia epidemiológica, aumentar la cobertura vacunal en las áreas donde persisten brechas y recordar a la población la importancia de completar la pauta de vacunación en todas las edades recomendadas.

El repunte del sarampión en España no dibuja un escenario de alarma inmediata, pero sí lanza un mensaje claro: los logros en salud pública no son irreversibles. Requieren vigilancia constante, datos fiables y vacunas al día. El virus ha vuelto a circular. Ahora el reto es impedir que se quede.

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