Basta con asomarse a la ventana estos días para que surja la duda: ¿no se suponía que este iba a ser un invierno en España más cálido de lo normal? Con la llegada encadenada de borrascas como Francis, Ingrid o Joseph, la cota de nieve desplomándose hasta los 500 metros en el noroeste y temperaturas gélidas en buena parte del país, la sensación térmica de enero de 2026 dista mucho de ser suave.
Sin embargo, no hay contradicción real. El invierno en España está respondiendo a una lógica climática que tiene más que ver con probabilidades, patrones atmosféricos y cambio climático que con una previsión fallida.
Qué dijo realmente la AEMET sobre el invierno en España
Cuando la Agencia Estatal de Meteorología presentó su predicción estacional, no habló de un invierno sin frío ni de temperaturas primaverales constantes. Lo que indicaban los modelos era una situación probabilística: casi toda España se situaba en el tercil cálido, es decir, existía una alta probabilidad de que la temperatura media del trimestre se encontrase entre el 33 % de los inviernos más cálidos del registro histórico.
En términos simples, el invierno en España tenía muchas más opciones de acabar siendo más cálido que frío, pero eso no eliminaba episodios intensos de frío. De hecho, la probabilidad de un invierno más frío de lo normal era baja, en torno al 10 %, pero no inexistente.
Enero de 2026: frío real dentro de un invierno cálido
Cuando se abandona el terreno de los modelos estacionales y se entra en la meteorología real, el invierno en España ha mostrado su cara más clásica. Enero ha estado marcado por una entrada severa de aire ártico, avisos meteorológicos en prácticamente todas las comunidades y nevadas destacadas en la Cordillera Cantábrica y los Pirineos.

Se trata de un episodio invernal de manual. Pero una semana gélida no define por sí sola el carácter térmico de todo el trimestre. De hecho, según la AEMET, este invierno aún no ha registrado ninguna ola de frío oficial, lo que apunta a un tercer año consecutivo sin ellas en España.
Menos olas de frío, pero no menos invierno
Los datos históricos ayudan a entender mejor el invierno en España actual. Desde 1975, la duración media de las olas de frío en la península se ha reducido en 1,2 días por década. Esto no implica que desaparezcan los episodios fríos, sino que son menos frecuentes y más cortos.
En este contexto, un invierno cálido no significa ausencia de frío, sino un aumento de los días templados y de las mínimas suaves, combinados con irrupciones frías más puntuales pero a veces intensas.
El papel clave de la NAO en el invierno en España
Uno de los factores determinantes es la Oscilación del Atlántico Norte (NAO), junto con la Oscilación Ártica (AO). En un invierno en España con NAO positiva, predominan las borrascas atlánticas, el aire templado y las temperaturas más suaves.

Sin embargo, cuando la NAO entra en fase negativa, se producen bloqueos atmosféricos que permiten que el aire polar se desplace hacia el sur. Es exactamente el patrón que ha dominado durante este episodio frío. Y uno de los grandes retos de los modelos climáticos.
Por qué los modelos no “ven” estos episodios con antelación
Las predicciones estacionales, basadas en sistemas como el ECMWF, tienen una resolución limitada. Son herramientas diseñadas para ofrecer contexto climático útil para sectores como la agricultura o la gestión energética, no para anticipar el día exacto en que llegará una entrada ártica.
Los modelos aciertan bien la señal térmica global del invierno en España. Pero tienen dificultades para anticipar con meses de antelación en qué fase estará la NAO o la secuencia concreta de irrupciones frías.
Qué esperar en las próximas semanas
Mirando más allá de esta semana marcada por el frío y las borrascas, el invierno en España vuelve a entrar en terreno incierto. Según la AEMET, entre el 2 y el 8 de febrero podría mantenerse un patrón similar, con borrascas atlánticas afectando a buena parte del país.

Los modelos apuntan, además, a un periodo especialmente húmedo en el oeste peninsular durante las próximas semanas, con precipitaciones abundantes en zonas concretas de España y Portugal. Frío, lluvia y variabilidad. La esencia de un invierno que, aunque más cálido en promedio, sigue siendo invierno.

