Tribuna

Yo soy “ELLA”. No quiero ser “ELLE”

Es necesario que desde las Administraciones Públicas se obtengan datos objetivos basados en el sexo pues solo así se podrá seguir visibilizando la brecha salarial existente, la discriminación institucional, la segregación laboral, o los diversos tipos de violencia que sufren las mujeres

La ministra de Igualdad, Ana Redondo
Efe

El Instituto de las Mujeres, organismo adscrito al Ministerio de Igualdad, ha puesto a disposición de las administraciones públicas la Guía del lenguaje inclusivo para la Administración.  El objetivo de este documento es evitar la exclusión, relegación o invisibilización de la mujer derivado de tener en la actualidad un lenguaje que no es neutral.

Para ello, en el mismo se presentan las herramientas básicas para facilitar la elaboración de documentos que favorezcan una comunicación institucional más igualitaria, rigurosa y respetuosa con los derechos de las mujeres.

En la redacción del documento intentan mostrarnos que la fórmula del desdoblamiento de palabras para referirse a lo masculino y a lo femenino (ej. Diputados/diputadas) se ha mostrado ineficiente y que hay que dar un paso más en el lenguaje inclusivo.

Consideran que la “utilización del masculino genérico”, que desde hace tiempo hemos estado utilizando con total normalidad y que creo personalmente que no pretendía “ocultar” a la mujer, ahora se supone que quiere esconder o invisibilizar a las mujeres. Se nos muestra como un hecho catastrófico que se siga con este uso aunque, desde mi punto de vista, lo que a mi me parece catastrófico es que desde un Ministerio de Igualdad se centren más en el lenguaje inclusivo que en aprobar medidas que pongan freno a las constantes muertes violentas de mujeres en nuestro país.

En la guía en cuestión se propone el uso de un lenguaje que visibilice a las mujeres y que a su vez también lo haga a otros grupos minoritarios históricamente silenciados y para esto último se considera necesario fomentar el lenguaje “no binario”.

Recordemos que el género binario es aquel que no se considera exclusivamente como género masculino ni del género femenino. El pronombre más utilizado por las personas no binarias es “elle”, pero se amplía a otras palabaras como “nosotres”, “vosotres”,…

Ante este fenómeno lingüístico, la Real Academia publicó en el año 2018 el primer manual de estilo del idioma español para poner fin a este debate del “lenguaje inclusivo” y expresó su rechazo ante el modo de intercambiar una vocal por la “e” para evitar el género masculino para referirse a ambos sexos.

Pero el rechazo a su uso no solo ha sido por parte de la RAE también se han mostrado en contra entidades feministas como la Alianza contra el Borrado de las Mujeres.

Muestran su disconformidad con el hecho de que se impulse el uso de categorías de género no binario en sustitución del sexo y reivindican que los documentos oficiales deben de ser estrictos diferenciando entre “hombre” o “mujer”.

En definitiva, una medida que se ha elaborado para visibilizar a las mujeres evitando el “masculino genérico” y fomentando el lenguaje “neutro”, resulta que pude desembocar en un grave problema a la hora de la recogida de información fiable sobre desigualdades estructurales entre mujeres y hombres.

Por ello, es necesario que desde las Administraciones Públicas se obtengan datos objetivos basados en el sexo pues solo así se podrá seguir visibilizando la brecha salarial existente, la discriminación institucional, la segregación laboral, o los diversos tipos de violencia que sufren las mujeres.

Veremos cual es la próxima brillante propuesta por parte del Ministerio de Igualdad.

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