Victoria denunció, pero el sistema no supo protegerla

La mujer de 33 años asesinada el sábado por su expareja en Málaga tenía un hijo de once años y dos mellizas de 7 a su cargo, un nivel de riesgo "bajo" en VioGén y una orden de alejamiento. A pesar de haber pedido ayuda, no se la protegió

Victoria denunció, pidió ayuda, pero su expareja la asesinó el sábado en Alhaurín el Grande
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Victoria había hecho lo que se le pide de forma sistemática a las mujeres que viven una relación de violencia: denunciar. A finales de octubre, esta mujer de 33 años dio ese paso. Acusó a su expareja de amenazas graves —“vas a salir con los pies por delante”, le llegó a decir— y lo contó en comisaría, en presencia de su hermana y su madre. Allí también respondió al cuestionario del sistema VioGén, una serie de preguntas cuya evaluación automática establece un nivel de riesgo a partir de la información aportada por la víctima. En el caso de Victoria, el resultado fue un riesgo bajo de volver a sufrir una agresión. Esa valoración no impidió que el juzgado acordara una orden de alejamiento.

Sin embargo, el agresor la quebrantó en varias ocasiones. A partir de ese momento, y sin una protección física permanente, gran parte de la seguridad cotidiana de Victoria quedó en sus propias manos.

La vivienda donde un hombre con orden de alejamiento ha asesinado a su expareja, madre de tres niños menores.
EFE/Álvaro Cabrera.

Madre de tres hijos menores —un niño de once años y dos mellizas de siete—, no se fiaba. Decidió reforzar por su cuenta la protección del domicilio e instaló cámaras de vigilancia. No fue una decisión excepcional, sino la forma en que muchas mujeres tratan de protegerse después de denunciar, cuando el sistema te atiende, pero vuelves a casa con tus hijos sola.

El plan de seguridad

Tras la denuncia, a las víctimas se les entrega un plan de seguridad personalizado. Se trata de una guía de varios folios con recomendaciones para reducir riesgos en la vida cotidiana: llevar siempre el teléfono móvil encima, cambiar rutinas, extremar la precaución en redes sociales, no atender llamadas desconocidas, planificar vías de huida o avisar al entorno laboral de la situación.

En la práctica, muchas de estas medidas trasladan a la mujer la responsabilidad de anticiparse al peligro. Son ellas quienes deben modificar hábitos, vigilar movimientos, organizar planes de emergencia y reforzar la protección de su vivienda, mientras tratan de reconstruir una vida marcada por el miedo.

Victoria siguió esas indicaciones. Cambió rutinas, reforzó su casa, colocó cámaras de vigilancia y vivía en alerta constante. La guía no era una garantía de protección, sino un recordatorio de que debía cuidarse sola.

“No quería sentirse culpable de que el padre de sus niños acabara en la cárcel”

Lorena conoció a Victoria hace seis años. Sus parejas jugaban juntas al fútbol y ellas, que compartían profesión —ambas eran peluqueras—, comenzaron pronto a compartir también confidencias. Con el tiempo, Victoria empezó a contarle aspectos de su relación que no eran normales. “Sobre todo episodios de manipulación y de maltrato psicológico”, recuerda Lorena en el diario SUR.

Hace dos años, Victoria estuvo a punto de romper definitivamente con su pareja. “Pero decidió darle otra oportunidad”, explica su amiga. No fue una mejora. “No cambió“, resume. Poco después, Victoria decidió denunciarlo.

Domicilio de Victoria y sus tres hijos, donde su expareja la asesinó el pasado sábado
EFE/Álvaro Cabrera.

Según relata Lorena, tras la denuncia ella intentó reducir al mínimo el contacto. “Le dejaba acercarse lo justo porque no quería impedir que viera a sus hijos”. Aun así, asegura que él quebrantaba la orden de alejamiento “para provocarla o para intentar volver” Su entorno le aconsejaba que lo comunicara a la Guardia Civil, pero Victoria dudaba. Sabía que hacerlo implicaría su ingreso en prisión y “no quería sentirse culpable de que el padre de sus niños acabara en la cárcel”.

El miedo constante

Aunque decía a sus amigas que no lo veía capaz de cumplir sus amenazas, su comportamiento mostraba lo contrario. Victoria no se sentía segura ni siquiera en su propia casa. Por eso instaló cámaras de seguridad y por eso quería colocar una verja de hierro que dificultara el acceso a la vivienda. No era una exageración, sino una forma de protección ante un miedo constante.

El sábado por la mañana, ese temor se confirmó. El agresor accedió al domicilio, situado en la calle Tomillo de Alhaurín el Grande, y la asesinó con un cuchillo de cocina. Más tarde se entregó a las autoridades.

Victoria denunció, obtuvo una orden de alejamiento y trató de protegerse. El agresor la había amenazado, quebrantó la medida judicial y ella, como tantas otras mujeres, dudó en volver a alertar por miedo, por culpa y por la esperanza de que no fuera a más. Mientras tanto, tuvo que seguir adelante prácticamente sola, al cuidado de tres hijos menores, gestionando su seguridad cotidiana sin una protección efectiva que la acompañara.

El sábado, esa violencia terminó por alcanzarla. Victoria fue asesinada en su domicilio, sola, mientras sus hijos se encontraban en la vivienda.

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