El asesino se suicidó

“Hay una recompensa del FBI para quien sepa dónde está mi hermana”

Felipe Henao pisa España por primera vez para retomar la búsqueda del cuerpo de Ana María

Este no es el Madrid que Felipe habría deseado conocer, ni el que habría conocido de haber ocurrido todo de otra manera. Pero es el viaje que cree que debe acometer ahora. Colombiano, de 38 años y residente en Florida, se ha venido con su mujer, su hijo de dos años y la maleta para una semana. El tiempo en que espera recorrer esos lugares que a su hermana le habría gustado enseñarle, de haber podido. De no haber sido asesinada por su exmarido. Por desgracia, a día de hoy, uno de los lugares que Felipe ha visitado es el escenario del crimen de Ana María Henao. El piso del barrio Salamanca en el que apenas llevaba dos meses viviendo el día que todo cambió, el 3 de febrero de 2024.

“Ha sido duro, pero necesitaba hacerlo. Quería hacerlo. No cuestiono el trabajo policial, pero quería ver las cámaras que lo captaron y acercarme a la puerta tras la que pasó todo. Y me habría gustado entrar, pero el piso está ocupado”.  Y ni siquiera timbró. Los Henao son de natural cauto. Felipe empieza midiendo sus palabras, como quien las ha callado durante mucho tiempo. Lo cierto es que llegó a retirarse de los focos durante la búsqueda de su hermana y eligió a Joaquín Amills, presidente de SOS Desaparecidos como interlocutor.

Casi tres años después, la posición es otra. Quiere que se le vea y se le escuche, que se sepa de su presencia. Pero sobre todo de la ausencia de su hermana, de la que aún no han hallado el cuerpo. Por eso está en España, para recordar que hay una recompensa del mismísimo FBI, que ofrece 25.000 dólares por cualquier pista de su paradero. Hay dos objetos claves. Uno, el collar de perlas que solía llevar siempre Ana y no hallaron en su piso; el otro, su diario. Creen que pudo llevárselo su asesino. También de él habla sin tapujos Felipe, aunque llegar a ser su peor pesadilla.

7.000 kilómetros por media Europa para ocultar un cadáver

David Knezevich no solo cruzó el océano con el único fin de matar a Ana, sino que después recorrió media Europa en coche de alquiler para deshacerse del cadáver durante el camino de su cuerpo. El lugar exacto sigue siendo un misterio, pese a que la policía ha peinado todo lo que ha podido los más de 7.000 kilómetros que separan Madrid de Belgrado. De origen serbio, David estuvo unos días allí hasta que regresó a Miami donde finalmente fue detenido.

Impasible incluso al verse acorralado por las pruebas. Como cuando los investigadores revisaron las cámaras del edificio donde vivía la víctima que lo captaron entrando en el portal, encapuchado y portando una maleta. Igual que tenían una grabación suya mientras rociaba con spray una de las lentes para evitar ser reconocido. Y la definitiva: sus restos de ADN en el interior de la casa que él intentó atribuir a una transferencia fruto del tiempo que habían convivido. Una hipótesis que se descartó por completo y ante la que el cobarde homicida optó finalmente por suicidarse entre rejas, cuando estaba punto de celebrarse el juicio contra él, en Miami. Eligió llevarse a la tumba la ubicación que había decidido fuese la tumba de ella.

La mujer independiente que terminó enjaulada por su marido

La última vez que Felipe habló con su hermana Ana fue el 23 de enero de 2024, nueve días antes de que su rastro se perdiera para siempre. Él la llamaba su “enana, mi chiquita, media metro cincuenta”, sonríe al recordarla. “¿Cómo era? De carácter fuerte, noble también, y servicial”. A él lo llamaba Pipe. “Estaba contenta en Madrid. Solo me había contado que lo dejaba porque la trataba muy mal. Pero nunca le pregunté los detalles, por discreción. Siempre fue una mujer muy independiente. De los tres hermanos, es a la que siempre le iba bien. Yo soy el pequeño y el mayor es el único que sigue en Colombia. Pero ella era la mediana, la que se mudó a Florida y tenía hasta su empresa inmobiliaria con David”.

Felipe llegó a vivir cuatro años con el matrimonio: “Él no era un tipo fácil. Le encantaba tener siempre la razón. Era un narcisista. Pero nunca pensé que sería capaz de hacerle algo así a Ana”, se lamenta a sabiendas de que poco a poco Knezevich había construido una jaula entorno a su hermana: “La puso en contra de la familia y estuvimos alejados durante años. Pero cuando por fin supe que íbamos a tener nuestro primer hijo quise contárselo y ella me puso al día de su decisión”. Harta de discusiones e infidelidades, Ana había decidido dejar a su marido.

Aunque la separación no estaba siendo amistosa. Knezevich quería hacerse cargo por su cuenta del reparto del negocio familiar y de la venta de las propiedades millonarias de ambos. Llegó a ofrecerle un sueldo vitalicio si rompían la relación pero no la empresa. Pero ella rechazó todo de plano. Decidió pleitear por lo suyo y puso tierra de por miedo. En realidad, el Atlántico. Lo que sin saberlo supuso su sentencia de muerte. “Para él suponía perder poder económico. Ahora, viendo lo que ha pasado con sus propiedades, sabemos sin ninguna duda que además la defraudó. Solo en las ventas de las casas le sacó unos cuatro o cinco millones de dólares”.

Cómo actuó el único sospechoso posible

Hasta ahora, Felipe no había contado con tanto detalle aquellos días. Tampoco lo que ha tenido que batallar para recuperar la herencia de su hermana. No tenía hijos y en ningún caso se habría quedado su exmarido asesino, pero una vez suicidado este descubrieron toda una cadena de pufos. David se había dedicado a reinventar y cerrar negocios de cualquier manera con el dinero y las propiedades del negocio familiar.

“Yo sé que mi hermana nunca nos quiso contar porque le daba vergüenza, pero sus amigos sí que nos hablaron del infierno que había vivido y la presión que estaba sufriendo”. Dos en concreto resultaron cruciales en la investigación, Luisiana y Daisy. Con ellas contactó Felipe cuando Ana no daba señales. Había seguido muy de cerca el embarazo de su cuñada y de repente no respondía llamadas ni mensajes. Y los que supuestamente envió a su amiga Luisiana, Felipe los descartó al instante: “Según los vi, supe que no eran suyos. Por cómo estaban escritos, por los planes que realmente tenía Ana a sus 40 años y porque nunca me habló de que hubiera conocido a alguien con quien desaparecer unos días sin más”.

Todos las alarmas se activaron en cuanto llamó a David, que al principio no le respondió. “Y cuando lo hizo, estaba claramente borracho y drogado. Solo me decía: tu hermana no aparece”. Días después, volvieron a hablar. Esta vez, el asesino parecía más sereno y la conversación fue más larga. “Le pregunté dónde estaba y me dijo que en Fort Lauderdale, Florida, a unos 40 minutos de Miami. Así que le dije de vernos, pero me dijo que no, que se estaba preparando para viajar a Serbia. Cuando en realidad, ya estaba en Serbia. En ese momento supe que no iba a dejar ningún cabo suelto. Y empecé a asimilar lo que había hecho”.

Ana quería ayudar a otras víctimas de la violencia machista

Si hasta ese momento a Felipe le había podido la natural discreción de los Henao y la cautela que le pedían los investigadores, la convicción de que su hermana estaba muerta lo impulsó a dar un paso más y comenzar su periplo por los medios. Hasta el punto de que Knezevich, aún en libertad pues no había hallado todavía los investigadores las grabaciones ni el ADN, amenazó con demandarle. Una amenaza que persiguió a Felipe incluso en sueños: “Llegué a soñar que salía libre y mataba a mi mujer y a mi hijo. Y sin duda, me dolió mucho que se matara porque él tenía las respuestas. Pero con que un solo miembro del jurado hubiese dicho en el juicio que no era culpable nos hubiese puesto a todos en peligro. Y yo sé que no puedo vivir sin tener paz”.

felipe

Por eso en parte también ha emprendido este viaje. Sentía que se lo debía a su hermana: recorrer el Madrid que nunca le pudo enseñar y el Toledo que a ella le habría encantado visitar en su compañía. “Creo que ella querría que no viviésemos tristes sino que celebremos su vida. Quiero hacer obras de caridad en su nombre. No por creencia, sino como lo hubiera querido ella; por ayudar a niños, mujeres que viviesen una situación como ella, a perros… Es más, es la razón por la que vino a Madrid. Ella quería ayudar a mujeres víctimas de violencia machista, después de todo lo que había vivido en su propia piel”.

Se han planteado contratar un detective privado para seguir buscándola

Ese legado también lo quiere recoger de alguna manera haciéndola justicia. A título póstumo, han conseguido que por corte civil sea reconocido el crimen. A nivel legal, consta que Ana murió por asesinato, a manos de su exmarido. Con lo que, como tal, la madre de Ana es su heredera en un fatal giro del destino. “He hablado con el FBI y con la policía española y les he preguntado si merecía la pena contratar un detective privado y me dicen que, honestamente, sería agotar el dinero. Y no lo dudo”. Pero le da vueltas a cualquier posibilidad que implique no quedarse de brazos cruzados.

Consciente de que hay quienes no han cejado en su empeño de localizar. “Una de las razones por las que queríamos venir aquí era para agradecer en persona el trabajo de la Policía Nacional”. Felipe habla con especial cariño del grupo XII de la Jefatura de Madrid. Son los que trazaron todos los movimientos de Knezevich desde que llegó a Madrid con la intención de matar a Ana, quienes viajaron hasta Serbia en busca de la caja negra del coche que pudiese arrojar más pistas y los que se colocaron los trajes de neopreno para sumergirse en el río Jalón, a su paso por Soria. Por allí saben que paró el asesino. Pero no han conseguido hallar el cuerpo. Aunque los Henao confían en que algún día pasará.

Si algo de lo que has leído te ha removido o sospechas que alguien de tu entorno puede estar en una relación de violencia puedes llamar al 016, el teléfono que atiende a las víctimas de todas las violencias machistas. Es gratuito, accesible para personas con discapacidad auditiva o de habla y atiende en 53 idiomas. No deja rastro en la factura, pero debes borrar la llamada del terminal telefónico. También puedes ponerte en contacto a través del correo 016-online@igualdad.gob.es o por WhatsApp en el número 600 000 016. No estás sola.

TAGS DE ESTA NOTICIA