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Así actúan las mujeres de la UME en incendios como el de Murcia: del barro al fuego

Diez de ellas han participado en las labores de extinción y apoyo durante el operativo: "En la emergencia no se improvisa"

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La UME actuando en la lucha contra incendios.
Ministerio de Defensa.

Cuando Murcia vuelve a mirar al cielo con el humo pegado a la sierra, la Unidad Militar de Emergencias (UME) activa el engranaje que la ha convertido en una de las fuerzas más reconocida del Ejército. Entre quienes podrían intervenir en emergencias como esta hay unas 250 mujeres, apenas un 7,74% del total entre cuadros de Mando y personal de Tropa y Marinería que cuentan con gran formación especifica para el cumplimiento de su misión. Son pocas, pero están en todas partes: en el barro, en el agua, en el fuego. En esta ocasión diez mujeres de la UME han participado en las labores de extinción. 

Creada en 2005, la UME nació para cubrir un vacío: disponer de una fuerza militar capaz de desplegarse en horas ante incendios, inundaciones, nevadas o catástrofes que superan la capacidad de los servicios civiles. Dos décadas después, su estructura, su movilidad y su preparación la han convertido en la herramienta de respuesta inmediata del Estado cuando una emergencia se desborda.

LOS GARRES, (MURCIA), 02/06/2026.- Tres hidroaviones, otros tantos helicópteros con cargas de agua y otro de coordinación junto a otra aeronave para esta última tarea han sido enviados a la extinción del incendio forestal declarado sobre las 15.10 horas de este martes en el incendio localizado en la pedanía de Garres y Lages en el parque regional murciano de El Valle-Carrascoy en una zona de pinar y arbustos, informan los Gobiernos de España y Murcia.- EFE/ Marcial Guillén
Extinción del incendio declarado en la pedanía de Garres y Lages en el parque regional murciano de El Valle-Carrascoy.
Efe

Entrar donde otros retroceden

El trabajo de estas militares empieza mucho antes de que un incendio aparezca en los titulares. En el campo de maniobras de Los Alijares (Toledo), los hombres y mujeres de la UME entrenan con fuego real, rescates verticales, evacuación de heridos, marchas con 20 kilos de equipo y maniobras nocturnas. Aprenden a leer el viento, a anticipar el comportamiento del fuego y a trabajar en condiciones de humo denso. La consigna es simple: estar preparadas para entrar cuando todo lo demás falla.

También practican en pantanos y zonas inundables, donde aprenden rescates acuáticos con el uniforme empapado y el peso del equipo duplicado o se descuelgan por barrancos como si fueran a una intervención real, con cuerda, arnés y un terreno que no perdona errores. Avanzar sin visibilidad, mantener la calma cuando el calor te golpea en la cara, coordinarse por radio en entornos donde el ruido del fuego lo devora todo o sostener una intervención de horas con el pulso acelerado son maniobras que combinan técnica, resistencia y sangre fría. Allí, entre humo y cansancio real, se forja la parte menos visible de la UME; la capacidad de reaccionar en minutos cuando el país arde.

La capitán María del Pilar Martin
La capitán María del Pilar Martin

Descender al infierno

El fuego también se combate desde arriba. La capitán María del Pilar Martín, piloto del 43 Grupo, lleva años volando los Canadair que se adentran en las columnas de humo para frenar el avance de las llamas. En una entrevista en Artículo 14 confesó que “es muy duro ver cómo todo va desapareciendo tras el paso del fuego y, a la vez, muy satisfactorio formar parte del despliegue que lucha para evitar que siga avanzando”.

Desde el aire, el combate contra el fuego adopta otra escala. Los aviones del 43 Grupo actúan como un martillo de agua capaz de abrir brechas en el incendio para que las brigadas terrestres puedan entrar. Su trabajo empieza lejos de las llamas, en un embalse o en el mar, donde descienden hasta rozar la superficie y cargar hasta 6.000 litros en apenas doce segundos, sin detenerse, en una maniobra que exige precisión milimétrica.

 

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Avión de la UME participando en las labores contra incendios.
Ministerio de Defensa

Con el depósito lleno, el avión y su piloto descienden a los infiernos. Allí tendrán su cara a cara frente al fuego entre turbulencias provocadas por el calor y columnas de humo que deforman el aire. Antes de soltar el agua, el piloto evaluará el viento, la pendiente y la dirección de avance del incendio. La descarga dura menos de dos segundos donde el agua se convierte en una cortina que cae con tal fuerza que, si el avión estuviera demasiado bajo, podría dañarse con su propia onda de impacto.

El objetivo no es apagar el incendio desde el cielo, eso lo harán desde tierra, sino lograr que frene su avance, enfriar una zona crítica o proteger un flanco para que los equipos puedan entrar. Tras la descarga, el avión regresa al punto de agua y repite el ciclo.

En un gran incendio, un solo aparato puede realizar veinte o treinta pasadas en una jornada, cada una de ellas una maniobra de riesgo extremo.

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Imagen de miembros de la UME apagando un incendio.
Ministerio de Defensa.

Para entender por qué incendios como el de Murcia avanzan con tanta virulencia, la experiencia de otras mujeres en primera línea del fuego también importa. La bombera forestal Paola Benedí lo explicaba así periódico: “Falta empeño en la lucha contra el cambio climático. La sequía y el incremento de temperaturas tan bestial es lo que está marcando la diferencia en los últimos veranos”.

También la princesa Leonor mencionó ayer en Murcia en su discurso a ese monstruo que avanza con el viento: el incendio declarado en la pedanía de Los Garres y el trabajo de la UME desde la noche anterior. La heredera expresó su deseo de que el fuego pudiera estar pronto controlado, un gesto que subraya la visibilidad y el reconocimiento público del trabajo de estas unidades en emergencias como esta.

Alicia Moreno, teniente coronel de la UME
Pepe Díaz / Defensa

Emergencias que no avisan

Además de las unidades de intervención, la UME cuenta con mujeres en puestos clave de apoyo sanitario y coordinación. Una de ellas, destinada como Jefe de Enfermería, recordaba que durante su paso por la unidad coincidieron la DANA de 2024 en Valencia, Castilla-La Mancha y Andalucía y los incendios forestales del verano de 2025, emergencias que obligaron a coordinar evacuaciones, asistencias y apoyo sanitario tanto a intervinientes como a población civil. “En la emergencia no se improvisa”, resumía en una entrevista a este diario. Su trabajo consistía en mantener el equilibrio entre la atención a los equipos que trabajaban en condiciones de alta peligrosidad y las solicitudes de ayuda de la población afectada, con centros de salud inundados y medios civiles desbordados.

Ese es el otro barro de la UME, el de la gestión bajo presión, la toma de decisiones rápidas y la responsabilidad de sostener a quienes están en primera línea.

20 años UME
De izquierda a derecha, la soldado Esther Sánchez, la comandante María José Rodríguez y la teniente Beatriz Bolívar de la UME en el 20 aniversario de la Unidad.
RTVE

Cuando el fuego obliga a evacuar, cuando el agua arrasa o cuando la noche se vuelve irrespirable, ellas también están ahí. Cada vez son más demostrando que la respuesta a una emergencia nunca es solo técnica: es también una cuestión de vocación, de temple y de servicio.

Y mientras Murcia vuelve a mirar al cielo, ellas siguen haciendo lo que llevan años haciendo; llegar las primeras, irse las últimas y aguantar el frente cuando todo lo demás falla.