Entrevista

Brendan Fraser: “Aunque sea de alquiler, la conexión humana sigue siendo real”

En su nueva película, el ganador del Oscar Brendan Fraser vuelve a encarnar un papel de hombre bondadoso y vulnerable, en una película sobre la familia, la necesidad de contacto humano y los vínculos humanos

Por momentos, Rental Family parece una película pequeña. Un actor estadounidense en declive, un trabajo extraño en Tokio, relaciones que nacen bajo contrato. Pero, a medida que avanza, el filme dirigido por Hikari, la creadora de la serie Beef, se convierte en una de las reflexiones más elocuentes sobre la necesidad de contacto humano en una época saturada de sustitutos artificiales, desde algoritmos hasta inteligencias que imitan la empatía sin sentirla.

No es casual que el proyecto naciera de una conversación prolongada y sin intermediarios. Antes de hablar del guion, la directora y su protagonista, Brendan Fraser, pasaron seis horas cara a cara. “No hablamos tanto de la película; hablamos de la vida”, explicó el actor durante la presentación del filme. “Sentimos una afinidad inmediata. Todavía hoy me entusiasma conversar con ella como entonces, y eso es la señal de una amistad verdadera. Es como la hermana que nunca tuve”.

En Rental Family, Fraser interpreta a Phillip Vandarploeg, un actor sin trabajo que se muda de Estados Unidos a Japón con la esperanza de reinventarse. Siete años después, su única credencial es un anuncio publicitario de éxito pasajero. Su carácter afable y su disposición a escuchar le consiguen empleo en una agencia que alquila acompañantes: padres sustitutos, hijos temporales, parejas ficticias o, simplemente, alguien con quien no estar solo.

La premisa no es ficción. En Japón existen desde hace más de tres décadas empresas que ofrecen este tipo de servicios. Según Fraser, operan hoy varios cientos. “El modelo responde a la  concreta necesidad de cubrir ausencias”, explica. “No se trata solo de suplir a alguien que no está, también se reconoce un deseo profundo de conexión. En un lugar tan densamente poblado como Japón, la gente puede sentirse extraordinariamente aislada”.

Phillip se mueve de un encargo a otro con una bondad casi desconcertante. Un día finge ser el novio de una mujer para que su familia crea que se casa, cuando en realidad planea emigrar a Canadá con su pareja real. Otro, se presenta como periodista para entrevistar a un actor retirado, interpretado por Akira Emoto, y recordarle sus años de gloria. En cada escena, el protagonista se consolida como el hombre más amable de la habitación.

Fotograma de ‘Rental Family’

El conflicto surge cuando la agencia le asigna el papel del padre de Mia, una niña de once años, para ayudar a su madre a asegurarle una plaza en un colegio prestigioso. La relación entre ambos se vuelve genuina, y Phillip se enfrenta a la disyuntiva moral de decir la verdad y romper el vínculo o sostener la ficción a riesgo de perder el trabajo y herir a la niña.

La película evita el cinismo. No ridiculiza a quienes recurren a estos servicios ni juzga sus motivaciones. “Puede parecer una idea extravagante, pero los seres humanos tenemos una capacidad extraordinaria para encontrar sentido y conexión incluso en situaciones artificiales”,  señaló Hikari. La guionista y el coguionista Stephen Blahut amplían esa reflexión a través de Laura, una trabajadora sexual a la que Phillip acude en busca de consejo y afecto.

La conexión que propone Rental Family no es solo interpersonal, sino también con el entorno. Al principio, Phillip aparece atrapado por la inmensidad de Tokio, una ciudad que lo sobrepasa. Con el tiempo, a través de sus relaciones, emergen detalles de los barrios, los rituales o las excentricidades cotidianas. Fraser pasó semanas aclimatándose al ritmo de la ciudad y perfeccionando su japonés, que utiliza con frecuencia en la película.

“Me di tiempo para perderme”, cuenta el actor. “Apagué el teléfono y empecé a caminar sin rumbo. Por aquí, por allá”.  Fraser espera que la película anime al espectador a mirar más allá de la pantalla que lleva en el bolsillo. “Es importante, creo, no depender del móvil ni de una IA. Es mejor pedir ayuda. Esta película trata de conectar a personas que se atreven a decir ‘quiero hacerlo mejor, ¿puedes ayudarme?’”.

La directora de ‘Rental family’, Hikari

Para él, incluso una conexión provisional tiene valor. “Aunque sea un sustituto, aunque dure poco, sigue siendo importante para quien la vive”.

Hikari coincide. En un mundo crecientemente polarizado, confía en que Rental Family actúe como un recordatorio elemental. “La conexión humana lo es todo. Suena grandilocuente, pero así es como se construye la paz. Hay que mirase cara a cara, entendiendo quién es la persona que esta enfrente y quienes somos nosotros. Incluso si vienes de otro país, incluso si tus países están enfrentados”.

El filme también aborda de manera implícita el estigma en torno a la terapia, especialmente en Japón. Fraser menciona un concepto cultural clave: honne y tatemae, el yo privado y el yo público. “El rostro público funciona como una máscara que impide mostrar lo que realmente sientes. Hay una tradición de estoicismo muy arraigada”, explica. En ese contexto, alquilar compañía puede resultar más aceptable que verbalizar una necesidad emocional.

Cuando se le pregunta qué papel alquilaría él mismo, Fraser no duda. “Una hermana”. Es el cuarto de cuatro hermanos varones. De niño, recuerda, vio en un libro británico una ilustración de un hermano y una hermana que se parecían a él. “Yo quería eso”. Luego comparte un recuerdo íntimo. “Tuve una hermana que murió al nacer. Eso dejó un vacío en nuestra familia. Creo que lo llevé dentro desde muy pequeño. Y, además, no quería pasar todo el tiempo con mis tres hermanos mayores, que eran bastante agresivos”, añade con una sonrisa.

Fotograma de ‘Rental Family’

La idea del desarraigo no le es ajena. La infancia de Fraser fue nómada, marcada por el trabajo de su padre en el ámbito del turismo. Nació en Indianápolis, vivió en Cincinnati, Detroit, Ottawa y más tarde en Europa, donde la familia se instaló en los Países Bajos. Hoy considera su hogar el norte del estado de Nueva York, pero su identidad se formó en tránsito.

Esa itinerancia influyó también en su vocación. En un internado masculino de Toronto tuvo dificultades académicas, especialmente matemáticas. “No era falta de capacidad, sino de continuidad. Cambiaba constantemente de sistema educativo”, recuerda. El teatro fue el lugar donde encontró pertenencia. Tras perder la posibilidad de continuar en ese colegio por problemas económicos familiares, una audición improvisada en una escuela de artes de Seattle marcó el inicio de su carrera como actor.

Tres décadas después, Fraser atraviesa un momento singular. Tras años trabajando lejos del foco mediático, su interpretación en The Whale le valió el Óscar al mejor actor en 2022. Rental Family rompe con la celebración de ese regreso, sumando a su prolongada ausencia un retrato coherente consigo mismo donde encontramos una filmografía cada vez más interesada en personajes vulnerables, desplazados y necesitados de cuidado.

“Phillip es un pez fuera del agua, un ingenuo”, resume el actor. “Busca pertenecer. Algo dejó atrás en Estados Unidos que le dio razones suficientes para marcharse y empezar de nuevo”.

En una época en la que la soledad disfraza la humanidad de hiperconectividad, Rental Family nos propone algo radicalmente opuesto; sentarse frente a otra persona y escuchar. Aunque sea por unas horas y de alquiler. Aunque sea bajo contrato. Aunque, como ocurre con el cine mismo, ese vínculo exista sólo mientras dura la historia.

TAGS DE ESTA NOTICIA