El ‘efecto espejo’ de Pangram: el terror de los escritores

La técnica compara textos humanos con imitaciones artificiales mientras los premios literarios revisan cómo acreditar las autorías

Pangram - Cultura
Imagen promocional de la inteligencia artificial.
Pangram

Durante siglos, una novela podía despertar admiración, indiferencia o rechazo. Ahora también puede convertirse en objeto de una investigación tecnológica. La irrupción de Pangram, una inteligencia artificial capaz de identificar patrones de escritura sintética, está poniendo contra las cuerdas a escritores, jurados y editoriales. Su funcionamiento incluye una técnica especialmente sofisticada, conocida como «efecto espejo», que permite comparar textos humanos con versiones artificiales que reproducen sus características. Y sus consecuencias ya se están dejando sentir en los premios literarios internacionales.

Novelas retiradas, contratos cancelados y autores obligados a defender públicamente su trabajo forman parte de una controversia que ha alcanzado España. El último episodio tiene como protagonista a Donde el agua trabaja, una obra premiada con 20.000 euros cuya autoría ha quedado bajo sospecha. Sin embargo, detrás de los porcentajes que ofrece este detector existe una cuestión todavía más compleja: ¿puede una máquina determinar quién ha escrito realmente una novela?

Una novela premiada con 20.000 euros desencadena la polémica

El 'efecto espejo' de Pangram: el terror de los escritores
Portada de la novela ‘Donde el agua trabaja’.
Almadía

El pasado 23 de octubre, una investigación de El País reveló que Pangram atribuía a la inteligencia artificial el 99% del texto de Donde el agua trabaja, del escritor peruano David Silva Rojas. La novela había conquistado en julio el primer Premio Internacional de Novela Breve Almadía Ventosa-Arrufat, después de imponerse a 2.204 manuscritos procedentes de 22 países.

El jurado, integrado por Cristina Rivera Garza, Selva Almada y Mónica Ojeda, había valorado la construcción literaria de una obra centrada en las condiciones de los trabajadores agrícolas de Ica, en Perú. Pero las bases del concurso contenían una prohibición explícita: los participantes no podían recurrir a herramientas de inteligencia artificial para escribir sus novelas, ni siquiera parcialmente.

El análisis de las aproximadamente 26.000 palabras del libro fue acompañado de otras comprobaciones. El detector clasificó como artificial el 97% de las respuestas escritas del autor en una entrevista con la revista Ulrica y el 80% de otro texto suyo sobre el origen de la novela.

Tras conocerse los resultados, la editorial Almadía suspendió las presentaciones previstas en Madrid, Barcelona, Sevilla y Cádiz. Silva Rojas negó haber utilizado inteligencia artificial y se ofreció a facilitar sus borradores para acreditar el proceso creativo. La editorial abrió una investigación sin anticipar conclusiones. Hasta el 27 de octubre no se había comunicado una resolución definitiva sobre la autoría ni sobre el premio.

¿Qué es el ‘efecto espejo’ y cómo funciona Pangram?

La clave tecnológica de este sistema no consiste simplemente en localizar palabras repetidas, construcciones previsibles o expresiones habituales de ChatGPT. Su procedimiento de entrenamiento es considerablemente más elaborado y tiene un nombre técnico: Mirror Prompts, que puede traducirse como «instrucciones en espejo».

Según explica la propia empresa en su documentación, Pangram trabaja con grandes cantidades de documentos humanos y artificiales. Para cada texto escrito por una persona genera otro mediante inteligencia artificial, procurando que ambos compartan contenido, estilo y tono. La máquina debe aprender a distinguir dos escritos que deliberadamente se parecen.

Imaginemos que un novelista redacta una escena mediante frases breves, descripciones contenidas y diálogos escuetos. El sistema puede utilizar una versión artificial diseñada para reproducir esas características durante su entrenamiento. El objetivo es que el detector aprenda a reconocer señales específicas de la generación automática, en lugar de considerar sospechoso un determinado estilo literario.

El procedimiento incorpora otra técnica, denominada hard-negative mining, que consiste en identificar ejemplos especialmente difíciles. Cuando el clasificador señala erróneamente un texto humano como artificial, ese documento puede incorporarse a nuevos ciclos de entrenamiento, acompañado de su correspondiente versión sintética.

El proceso se repite para reducir los errores. Así, los textos humanos que inicialmente confunden al detector ayudan a perfeccionar su capacidad de diferenciación. El «espejo», por tanto, no se crea cada vez que alguien analiza un manuscrito: forma parte del aprendizaje previo de Pangram.

Un detector muy preciso que tampoco es infalible

Los resultados publicados sobre Pangram muestran una precisión considerable. Según las cifras facilitadas por la empresa y recogidas por El País, la herramienta clasifica erróneamente como artificial aproximadamente uno de cada 38.000 textos humanos en determinadas evaluaciones.

También existen análisis independientes. Una recopilación de 17 estudios elaborada por el profesor Steven Mollmann encontró 49 falsos positivos entre 36.282 documentos humanos examinados, aproximadamente el 0,14%. Son cifras prometedoras, aunque proceden de muestras y metodologías diferentes.

Para evaluar su precisión, Pangram utiliza también grandes colecciones de textos anteriores a 2022, excluidos del entrenamiento, cuando la generación de contenidos mediante los modelos actuales todavía no se había popularizado. Esto permite comprobar su comportamiento con escritos cuya procedencia humana está razonablemente acreditada.

Sin embargo, una tasa de error muy reducida no convierte cada resultado individual en una prueba definitiva. Tampoco permite reconstruir el proceso creativo. Una persona puede desarrollar la trama, los personajes y la documentación de una novela y recurrir después a una herramienta para reformular determinadas páginas. El detector puede reconocer intervención artificial sin establecer cuánto aportó el escritor.

Además, el porcentaje señalado por Pangram indica qué proporción del documento clasifica como generada por IA, no la probabilidad de que el autor haya cometido fraude.

El precedente francés: una novela candidata al Goncourt y un contrato roto

El 'efecto espejo' de Pangram: el terror de los escritores
El caso de Thélyson Orélien.
Montaje: kiloycuarto

La controversia española llegó apenas dos días después de otro desenlace especialmente significativo. El 21 de octubre, la editorial canadiense Boréal anunció que rompía su relación profesional con Thélyson Orélien, autor de C’était ça ou mourir, uno de los éxitos literarios franceses de 2026.

La novela había conseguido el Premio de Novela Fnac y figuraba entre las candidatas al prestigioso Goncourt, hasta que fue apartada de su selección en septiembre tras las acusaciones de utilización de inteligencia artificial. Orélien rechazó inicialmente esas sospechas.

La diferencia respecto al caso español apareció durante la investigación editorial. Boréal reunió distintas versiones del manuscrito y encargó un análisis externo que, según su comunicado oficial, encontró rastros de etiquetas relacionadas con inteligencia artificial en los metadatos de determinados documentos.

La editorial anunció que no volvería a imprimir la novela ni publicaría nuevas obras del escritor. No obstante, reconoció que desconocía el alcance exacto de la intervención tecnológica. Por tanto, el caso francés incorpora indicios documentales adicionales que todavía no se han hecho públicos en la investigación sobre Silva Rojas.

De Hachette al Premio Caine: otros escándalos literarios

La crisis también alcanzó al mercado anglosajón. En marzo, Hachette canceló el lanzamiento estadounidense de Shy Girl, una novela de terror de Mia Ballard, y retiró su edición británica después de que surgieran sospechas sobre su elaboración. Un análisis con Pangram había atribuido a la inteligencia artificial aproximadamente el 78% del contenido.

Ballard negó haber utilizado personalmente estas herramientas y señaló que una persona contratada para trabajar en el manuscrito podría haberlas empleado. La retirada comercial no supuso una demostración pública concluyente sobre la responsabilidad de la autora.

En octubre, otro escándalo afectó al zimbabuense Simbarashe Steyn Kundizeza, ganador del Premio Caine de Escritura Africana con The Blue Fighter. Una investigación publicada por The Atlantic señaló que Pangram identificaba prácticamente todo el relato como artificial. El escritor negó las acusaciones y los organizadores abrieron una revisión.

Existe, además, un precedente que invita a extremar la prudencia. Tras las sospechas surgidas alrededor del Commonwealth Short Story Prize de 2026, la fundación organizadora examinó borradores, documentos fechados y explicaciones de los autores. En junio concluyó que los relatos ganadores no habían sido escritos mediante inteligencia artificial y mantuvo los premios.

Las editoriales se preparan para una nueva era de sospechas

Las consecuencias ya están modificando los procedimientos del sector. El grupo francés Gallimard ha anunciado controles de inteligencia artificial sobre sus manuscritos a partir de 2027, mientras otras editoriales estudian mecanismos para verificar el origen de las obras que reciben.

El problema, sin embargo, supera la capacidad de cualquier detector. Corregir una errata, mejorar un párrafo, reorganizar una escena o encargar la redacción completa de una novela son intervenciones profundamente diferentes, aunque todas puedan implicar herramientas tecnológicas.

La aparición de Pangram obliga a reconsiderar los límites de la autoría, las normas de los concursos y la responsabilidad de las editoriales. También introduce un riesgo: que las sospechas se conviertan en condenas públicas antes de examinar las pruebas.