A veces, el asombro no surge de manera instantánea. Muchas veces vivimos experiencias que de primeras, no nos impactan, pero que paulatinamente calan en nosotras y finalmente dejan una huella mayor de lo que sospechabas. Algo así experimenté con El paseíto, obra de teatro protagonizada por las maravillosas Eva Latonda y Sara Nieto, esta última también productora. Se trata de una versión dirigida por Luis D’Ors, adaptada del texto de Dino Buzzati.
La pequeña señora Folleti es una anciana que lleva una vida solitaria y ordinaria, sin nada que la ilusione especialmente. Recientemente, ha estado muy enferma y una elegante extranjera ha venido a visitarla a casa, a quien Giussepina llama “Profesora”. Sin explicarle nada, la distinguida señora invita a la anciana a dar un paseíto para confesar allí un secreto que cambiará su vida…
Lo primero que nos despierta el alma, lo más inmediato a nuestros sentidos: Latonda y Nieto captan la atención del espectador de una manera prodigiosa. Antes de que sepamos quiénes son o dónde estamos, ya estamos enganchadas a ellas, que con gracia, sin grandes aspavientos ni discursos, van desenvolviendo la trama con gallardía. Eva Latonda es especialmente talentosa en la dicción, y asombrosamente expresiva, teniendo en cuenta que su personaje no se quita apenas las gafas de sol en toda la obra y aun así no se pierde ni un matiz de expresión. Latonda es una artista polifacética, con amplia experiencia en el ámbito teatral y docente de Madrid. Su carrera combina la actuación con la docencia, la escritura y otras prácticas creativas con una postura profundamente reflexiva sobre el arte, creadora de la agencia Con Causa, pone el foco en el arte con valores. Actualmente, la podemos ver actuar el El Elefante, del 25 de enero al 29 de marzo en la sala OFF Latina. Junto a Latonda, Sara Nieto (Punto de fuga, Moon, La casa de Bernarda Alba) pisa fuerte el escenario y nos brinda una entrañable interpretación de la señora Folleti, perfecta para el tándem. Sin desvelar nada, las dos mujeres nos harán volar en una magistral escena con mucho ritmo, cumbre de la primera parte de la trama.

El director Luis D’Ors adapta el relato o cuento filosófico de Dino Buzzati, desde una mirada serena y profunda, algo que demuestra una vez más que el futuro del teatro también puede construirse desde el silencio, la delicadeza y la verdad escénica, en un panorama teatral a menudo marcado por la urgencia y el exceso.
Uno de los grandes aciertos de El paseíto reside en la mirada delicada con la que Giussepina se aproxima a su final. Esto traslada un mensaje muy potente: Por mucho que pensemos que nuestra vida es insignificante, la dignidad que tenemos cada uno de nosotros como personas únicas e irrepetibles, estemos donde estemos, es más valioso que cualquier cosa. La obra es un homenaje al valor de la vida y a la apreciación de cada existencia humana. La virtuosidad en lo ordinario de la señora Folleti nos golpea casi tanto como la sorpresa que aparece en la segunda mitad de la obra, y es completamente admirable todo lo que cuenta esta obra en tan poco tiempo, o mejor: la profundidad de la reflexión que nos deja el cuento. En apenas sesenta minutos, la obra abre un espacio de introspección que interpela al espectador sobre el rumbo de su existencia y la manera en que se enfrenta a su propia finitud.

Asimismo, destaca la manera en que se compone al personaje más oscuro: despojada de solemnidad, revestida de ironía y convertida en una figura altiva, provocadora y sin identidad concreta. Este retrato, cercano a la sátira, no la trivializa, sino que la vuelve accesible, casi dialogante. Al dotarla de rasgos humanos —vanidad, desafío, autosuficiencia—, la obra consigue que dejemos de mirarla solo con temor y empecemos a pensarla, incluso, con cierta complicidad.
Otro detalle no menos importante: esta producción nace por iniciativa de pequeñas agrupaciones artísticas como Tribu Creativa, en colaboración con Con Causa, agencia creativa enfocada a diseñar proyectos con valores, y con Actores Chejov, escuela, productora y compañía, comunidades teatrales muy humildes pero con gran ambición creativa, algo que por fortuna, Madrid lo premia y lo sostiene.
Por último, precisamente por el valor que tiene levantar una obra así, merecen una mención especial todas las personas que forman el equipo técnico: Tomás Muñoz en la dirección artística y la iluminación, Yair Cambindo escenógrafo y técnico de iluminación y sonido, Maru García Ochoa en el vestuario, Luis D’Ors dirige el espacio sonoro, Con Causa y Mauricio D’Ors se hacen cargo del diseño gráfico, Begola Frutos asume el asesoramiento vocal, Yair Cambindo la coreografía, Jorge Cruz Sobrina la grabación y edición de video, e INFLUX Records y José Miguel Hueso en la edición de sonido.


