La crítica ★★★★☆

‘Father Mother Sister Brother’: Jim Jarmusch frente ese enigma llamado familia

Jim Jarmusch retrata las grietas familiares en un tríptico de encuentros marcados por el silencio, la melancolía y las emociones nunca dichas

Sabemos que las relaciones familiares son complicadas y con frecuencia basadas en manipulaciones, engaños, secretos y fingimientos, y el nuevo largometraje de Jim Jarmusch recurre tanto a la comedia como al drama agridulce para recordárnoslo. León de Oro a la Mejor Película en la pasada Mostra de Venecia, Father Mother Sister Brother plantea un trío de encuentros sin relación argumental entre sí -entre padres e hijos, entre madres e hijas, entre hermanos- que transitan entre el absurdo y la melancolía, y en el proceso va calibrando cómo el peso de las emociones no expresadas y las preguntas no formuladas va acumulámdose hasta resultar aplastante.

La película se estructura en tres episodios. En el primero, dos hermanos (Adam Driver y Mayim Bialik) visitan la aislada cabaña de su padre viudo (Tom Waits), que finge ser más pobre de lo que es para sacar tajada; el segundo reúne a dos hermanas de personalidades antagónicas –la una apocada (Cate Blanchett), la otra rebelde (Vicky Krieps)– que se reúnen con su estricta madre (Charlotte Rampling) para tomar té y pastas; y, en el tercero, dos gemelos (Luka Sabbat e Indya Moore) hacen una última visita al piso parisino de sus padres, que acaban de morir en el accidente de una avioneta, y hacen inventario de su legado. Quienes estén familiarizados con la obra de Jarmusch saben de antemano qué esperar de su narración: ritmos pausados, motivos visuales recurrentes, personajes reacios a decir lo que piensan y significados que surgen sobre todo de los silencios, los espacios entre las palabras, las miradas de soslayo y las pausas, que a menudo funcionan también como gags.

Indya Moore y Luka Sabbat en 'Father Mother Sister Brother', de Jim Jarmusch
Indya Moore y Luka Sabbat en ‘Father Mother Sister Brother’, de Jim Jarmusch

El director ya ha recurrido al formato episódico en diversas ocasiones en el pasado. En Mystery Train (1989), unió un trío de historias ambientadas en Memphis y conectadas a nivel temático por la figura de Elvis Presley; en Noche en la Tierra (1991) compendió cinco relatos sobre otros tantos taxistas de servicio en diferentes ciudades del mundo; y en Coffee and Cigarettes (2003) presentó una colección de conversaciones protagonizadas por celebridades del mundo del cine y la música para rendir homenaje a dos de sus grandes pasiones, la cafeína y el tabaco.

En cualquier caso, Father Mother Sister Brother se relaciona de forma al menos igual de estrecha con otra de las películas del de Ohio, Paterson (2016), retrato meditativo de los placeres y sinsabores cotidianos de un conductor de autobús y poeta aficionado. Ahora como entonces, Jarmusch se muestra despojado del distanciamiento irónico que tan esencial se mostró en sus obras más tempranas, aquellas que le otorgaron un lugar destacado en el mapa del cine independiente estadounidense. A diferencia de ellas –películas magníficas, por otra parte–, este nuevo trabajo exhibe una madurez y una compasión propias de un artista ya instalado en una etapa vital más crepuscular. El humor sigue siendo parte fundamental del lenguaje del director, pero la película no cae en la condescendencia ni pierde la empatía ni siquiera en sus momentos más corrosivos. Y más que ninguna otra ficción de Jarmusch, además, Father Mother Sister Brother aparece matizada por la conciencia de la mortalidad y del inevitable paso del tiempo.

Tom Waits en 'Father Mother Sister Brother', de Jim Jarmusch
Tom Waits en ‘Father Mother Sister Brother’, de Jim Jarmusch

Al mismo tiempo, y a través de la sucesión de repeticiones y variaciones que aportan tejido conectivo entre los tres episodios, la película nos proporciona la agradable impresión de estar observando vidas sin duda muy distintas entre sí en aspectos como la clase social, los valores y la educación pero, aun así, sincronizadas en lo importante, sugiriendo así la universalidad subyacente que todas las familias comparten pese a las diferencias aparentes que las separan. Mientras tanto, va ralentizando su ritmo y adoptando una actitud más reflexiva, incluso elegíaca, a medida que los gemelos descubren muchas cosas que nunca llegaron a saber de sus progenitores. La idea de fondo que Jarmusch parece subrayar de ese modo es que padres e hijos nunca llegamos a conocernos del todo, y que a menudo sentimos más afecto por las personas con quienes compartimos vínculos de sangre después de que se han ido.

En última instancia, Father Mother Sister Brother es una película inconfundiblemente jarmuschiana, y eso significa que, como todo el cine de su autor, puede resultar exasperante para quienes no conecten con el laconismo lírico y el resto de idiosincrasias que Jarmusch convirtió hace mucho en sello de estilo. Pero quienes logren sintonizar con su longitud de onda obtendrán el salvoconducto necesario para abrirse camino a través de los aspectos más amargos, ridículos e ilusorias de las vidas que retrata hasta alcanzar el corazón latente y vibrante que se oculta tras ellos.

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