GALE —se pronuncia como se escribe— es el nombre artístico de Carolina Isabel Colón Juarbe (Arecibo, Puerto Rico, 1993), que se encuentra estos días en Madrid acompañando a su admirada Shakira durante su residencia Es Latina, después de haber abierto varios conciertos de Aitana en su gira Cuarto azul. Pero GALE es mucho más que una telonera, y basta con repasar sus créditos para comprobarlo. La artista nos recibe en un diáfano piso de Gran Vía, donde la encuentro sentada en el suelo, mirando por la ventana y entonando una canción para un vídeo de redes sociales. Al reparar en mi presencia, me saluda con efusividad, se presenta y nos sentamos a conversar en la cocina. Es risueña, cercana y habla con la seguridad de quien lleva más de una década inmersa en la industria musical internacional, pero también con la modestia de alguien que todavía está encontrando su propia voz. Como si no hubiera compuesto para ídolos como Shakira, Christina Aguilera, Juanes, Cardi B, Anitta o Ca7riel y Paco Amoroso; como si no hubiera colaborado con Ana Mena, Abraham Mateo y Marlon; como si su nombre no figurase en los créditos de nueve canciones del último álbum de Aitana. Sí, incluida “Superestrella”, uno de los mayores éxitos recientes del pop español, cuya popularidad se ha extendido internacionalmente gracias a su presencia durante el Mundial de fútbol.
Como solista, tras publicar el álbum independiente Espirales sin sentido (2017), GALE ha lanzado dos discos de estudio con Sony Music: Lo que no te dije (2023) y Lo que puede pasar (2025), dos trabajos profundamente personales en los que explora distintas vertientes del pop electrónico.
Consolidada como una de las compositoras más solicitadas de la música latina y a las puertas de grabar su próximo álbum, hablamos con GALE sobre la composición como ejercicio terapéutico y colaborativo, la importancia de preservar una identidad artística propia y la desaparición de las etiquetas de género en la música.

Primero, ¿quién es GALE cuando no está haciendo música?
¡Qué buena pregunta, me encanta! Soy una mujer bastante dramática, que siente todo muy profundamente y está muy conectada con sus emociones. Escribo mucho, me gusta leer, me gustan los perfumes y amo las películas. Pero también amo la música, escribir canciones y cantar. Entonces, eso también forma parte de lo que soy sin la música: sigo teniendo la música.
Tus canciones son muy confesionales. ¿Alguna vez te da miedo haber contado demasiado? Cuando escribes para otra persona, ¿cómo sabes qué parte de ti puedes poner en la canción sin dejar de escribir para ella?
Siempre es diferente. Cuando compongo con otros artistas, trato de crear un filtro y entender cuál es mi papel en ese espacio, en esa sesión. Lo que estoy haciendo es ayudar a esa persona a expresar lo que quiere, a ponerlo en palabras, melodías y, finalmente, canciones. A veces tienen una idea o están pasando por alguna situación, así que desde el principio puedo trazar esa línea y sé que lo que estoy proponiendo es para ellos. Cuando compongo para mí, en cambio, es algo muy personal y terapéutico, así que nunca siento que sea demasiado. A veces pienso: “Ay, esto es muy explícito” o “Esto es demasiado”. Pero después me digo: “Eso es lo que lo hace mío”. Eso es lo que lo hace auténtico, así que lo dejo.
Has pasado muchos años ayudando a otros artistas a encontrar qué quieren decir. ¿Qué aprendizajes has sacado para tu propia carrera?
Yo creo que uno nunca deja de aprender. Soy un poco como una esponja: me gusta absorber y llevarme alguna experiencia o aprendizaje de cada cosa que vivo, sobre todo en estas sesiones con artistas a los que admiro y con los que, en muchos casos, acabo desarrollando una bonita amistad. Algo que he aprendido es a no juzgar las ideas, a escuchar eso que quiero decir y plasmarlo sin miedo al qué dirán o qué pensarán. Simplemente entender que es algo que necesito procesar y expresar, que está bien hacerlo y que después ya llegará al público.
¿Y qué has aprendido sobre ti escuchando a los demás?
Siento que ya tengo un poco de una huella propia cuando trabajo y cuando escucho música de otros artistas. Eso me gusta. Está presente en mis melodías, quizás en algunas palabras, ciertas rimas o determinadas partes de las canciones. Son cosas más técnicas. Pero más que un aprendizaje, lo que siento es que disfruto muchísimo de ese proceso. Me siento muy orgullosa y honrada de poder aportar mi granito de arena a la historia de otro artista. Siempre es muy especial.
Has trabajado con Shakira como compositora y ahora compartes con ella este momento en Madrid. ¿Qué has aprendido de verla trabajar que no se aprende escribiendo una canción?
A Shakira la conocí en Miami, cuando estuvo unas semanas haciendo sesiones de composición. Me invitaron a una de ellas y allí nos conocimos. Ese día escribimos dos canciones con otros compositores que finalmente no salieron, pero hicimos clic. Entonces ella me invitó a Barcelona, donde vivía en aquel momento, y pasé una semana trabajando con ella. Ahí escribimos “Copa vacía” y “Puntería”, que sí se publicaron. Después creamos una amistad muy bonita y ella se convirtió en una persona muy importante para mi carrera, porque escuchó mis canciones antes de que lanzara mi proyecto como artista. Mi primer sencillo fue “Inmadura” y ella lo escuchó. Después me dijo: “Pónmela otra vez, me encanta”. ¡Yo me quería morir de la felicidad y de la gratitud! También escuchó otras canciones y, cuando salió el álbum, lo compartió porque le nació hacerlo, genuinamente.
Es muy bonito tener esta relación de amistad con una persona que ha sido un referente y una inspiración para mí desde pequeña. Primero, poder trabajar con ella y después formar parte de algo tan grande como lo que ha hecho aquí en España con estas doce fechas. Ha sido precioso todo lo que se ha creado alrededor del universo de Shakira. Cantar en el espacio dedicado a ella con Amazon Music y después caminar junto a ella fue algo que me hizo pensar: “¡Guau!”. Yo ya había abierto dos de sus conciertos en estadios de Medellín y otro en Ciudad de México, y aquello fue increíble porque actué en esos estadios antes que ella. Pero aquí ha sido especialmente bonito conectar con el público y ver cómo todas esas personas se unen para apoyarla y verla. Me ha encantado conocer a mis ídolos porque, en el caso de Shakira, ha sido una experiencia preciosa.

Con Aitana has pasado de escribir canciones de Cuarto azul a trabajar ya en su siguiente etapa. ¿Qué tiene ella como compositora que el público no puede ver?
Es muy buena compositora. Me encanta trabajar con ella. Normalmente llega con una idea muy clara, con una dirección de lo que quiere hacer, y eso para cualquier compositor o productor es ideal. Por supuesto que se puede crear una idea desde cero, pero es increíble cuando alguien llega y te dice: “Me imagino algo así, me gustaría escribir sobre esto”. Entonces podemos hablar; ella también crea sus melodías y empezamos a trabajar juntas en la letra. Es muy buena compositora. Eso es algo que la gente debe saber y que seguirá descubriendo, porque en Cuarto azul coescribimos nueve canciones, pero ese álbum lleva su sello, su huella. Es muy bonito que hayamos podido plasmar todo lo que estaba viviendo, su realidad, en canciones tan hermosas.
Después de dos discos, ¿qué te da más miedo ahora: repetirte o alejarte demasiado de lo que la gente espera de ti?
No me da miedo porque estoy en un momento de explorar, crecer, conocerme más y experimentar. En este tercer álbum he querido volver un poco a mis raíces, a cómo empecé componiendo: yo sola en mi cuarto, con mi guitarra, mi libreta de canciones, mis miedos y mis dudas, pero sin miedo a expresar todo eso. Me emociona volver a crear algo más orgánico. Mis primeros dos álbumes son bastante pop, lo cual me fascina. Es el sonido que siempre he querido defender, el que quiero escuchar. Yo escucho mucha música en inglés, mucho pop, y pienso: “Esto es lo que quiero hacer en español”. Entonces, ahora me gustaría jugar un poco con sonidos más orgánicos, pero mantener también los sintetizadores y ese pop más atrevido que tanto me gusta. Quiero explorar por ahí.
Rolling Stone te incluyó entre una nueva generación de “pop girls” latinas. ¿Te interesa pertenecer a una escena o prefieres sentir que estás haciendo algo por tu cuenta?
A mí me gusta que me asocien con el pop. ¡Es que me fascina! Aunque mi propuesta sea un poco más alternativa, más atrevida, yo estoy feliz de que se me asocie con eso. Respeto mucho que existan esas categorías, aunque siento que hoy en día no las necesitamos tanto. La verdad es que hay espacio para crear la música que te dé la gana y mezclar los géneros que quieras. Y esto también lo digo en general, sobre la vida que estamos viviendo hoy. Me gusta que no te tengan que encasillar ni meter en una caja solo porque sí. Que la gente entienda y esté más abierta a propuestas únicas, diferentes, que no encajen necesariamente en una categoría específica. Pero, en mi caso, si me asocian con el pop, increíble. ¡Yo feliz!
¿Sientes que todavía existe una expectativa sobre cómo debe sonar —o incluso verse— una artista latina?
Creo que quizás antes sí, pero hoy en día hay espacio para todo, y eso es algo que se está viendo en las redes sociales. Como todo es tan inmediato y hay tanto ruido, tanta información, es difícil llegar a la gente, conseguir que te escuchen y te conozcan. Pero si eres fiel a tu propuesta y haces algo que es auténtico para ti, que te hace feliz y representa quién eres en ese momento de tu vida, creo que eso es lo importante. Obviamente yo voy a cambiar, evolucionar, crecer y pasar por otras experiencias. Ahora mismo siento que existe esa libertad. ¿Que todavía hay estereotipos? Quizás, no sé, pero no lo siento tanto así. Creo que hoy uno puede expresarse y ser lo que quiera ser. Y si no es así, ojalá sigamos caminando hacia un mundo donde eso no sea un problema, una expectativa o un estereotipo. ¡Porque qué aburrido sería!
Cuando eliges un proyecto, ¿qué pesa más: el instinto, las personas que hay detrás o hacia dónde puede llevarte?
Para mí, lo más importante es que me guste lo que esa persona hace. No importa lo grande que sea, si está empezando o qué números tenga. Si conecto con el proyecto, con la esencia o la visión del artista, me encanta la idea de trabajar y colaborar con él. No estoy calculando. Es más bien: “Me gusta, vamos a hacerlo”. También es una cuestión de tiempos y agendas. Hay que planificar con antelación y ajustarse para que yo pueda seguir trabajando en mi propio proyecto, que es mi prioridad. Necesito poder encerrarme a crear y trabajar en mis canciones.
Estudiaste teatro musical y llegaste a participar en Rent y Spring Awakening. ¿Te gustaría actuar otra vez, quizá en cine o televisión?
¡Me encantaría! Eventualmente, sí. Disfrutaba muchísimo del teatro, pero tomé conscientemente la decisión de parar porque tenía que irme a Miami a buscar oportunidades para mi carrera musical, que siempre ha sido mi prioridad. Fue una muy buena escuela para mí, porque actuar, bailar y cantar frente a un público diferente todas las noches da miedo, pero también te prepara muy bien. Eventualmente sí me gustaría volver. Ahora mismo estoy más enfocada en mi faceta artística como cantante, pero sería chulo. Sí, estaría bien.

¿Qué escuchas cuando necesitas volver a sentirte tú?
Ahora mismo estoy obsesionada con Olivia Rodrigo porque soy muy fan suya y estoy escuchando su álbum You Seem Pretty Sad for a Girl So in Love. Esta misma mañana lo he escuchado. Es que yo soy así: un poco obsesiva. Cuando algo me gusta, es lo único que escucho durante un tiempo. Hace poco me pasó con Spanish Leather, de Guitarricadelafuente. Ese álbum para mí es perfecto y era lo único que escuchaba. Después descubrí a Audrey Hobert, otra artista y compositora que trabajaba con Gracie Abrams. De hecho, compuso con ella algunas de mis canciones favoritas. Ahora ha lanzado su propio proyecto, muy independiente, con una propuesta increíble. Su álbum se llama Who’s the Clown? y, para mí, es un diez de diez. Así que pasé de Guitarricadelafuente a Audrey Hobert y ahora a Olivia Rodrigo. Ahí estoy.
¿Sientes que la profesión de compositora está lo suficientemente reconocida o permanece demasiado en la sombra? Al final, es una parte fundamental de la construcción de cualquier proyecto musical.
Sí, es que sin los compositores no hay canciones. Me encantaría que se les siguiera dando visibilidad, que la gente pudiera conocerlos más. Bueno, siempre que ellos quieran, claro. Tengo muchos amigos compositores que están encantados con su vida tranquila, que nunca se ponen delante de una cámara, y están muy bien así. En mi caso, mi sueño principal siempre ha sido desarrollar mi carrera como artista. Siento que tengo una voz propia, una manera de decir las cosas, de cantar y de expresarme a través de mis canciones. Por eso llevo esas dos facetas de la mano. Pero el mundo de la composición es muy bonito y divertido, sobre todo si te organizas bien con las sesiones. Antes, por ejemplo, también hacía sesiones de noche. Podía empezar a las diez y salir tardísimo. Eso ya no lo hago, ¿me entiendes? Ahora puedo decidir que prefiero trabajar durante el día. Me gusta mucho poder mantener ese equilibrio entre las dos facetas.
¿En qué consisten los campamentos de composición? Existe cierto esnobismo o elitismo cuando se critica a un artista porque en sus canciones aparecen acreditados cinco o más compositores, especialmente cuando se utilizan samples de otras canciones que añaden más nombres a los créditos. ¿Puede llegar a ser caótico trabajar con tantas personas?
Te respondo varias cosas. Primero, un campamento de composición se organiza cuando un artista decide trabajar en música nueva. Puede escribir sus propias canciones o no, eso no importa. Normalmente se alquila un espacio con varios estudios, pongamos tres o cuatro habitaciones. En cada una hay un productor y dos o tres compositores. El artista va pasando por esas habitaciones, habla de lo que está buscando, explica su visión y trabaja con los distintos equipos. Adele también hace esto, por ejemplo. Durante una semana, de doce del mediodía a ocho o nueve de la noche, todos se reúnen para escribir canciones. El artista puede entrar a trabajar contigo o haberte explicado previamente qué quiere y después ir escuchando, opinando y participando en la creación. Es un proceso muy colaborativo. Eso es un campamento de composición y suele hacerse cuando hay más presupuesto, porque necesitas conseguir un espacio de esas características.
Después están las sesiones de composición, que son más sencillas. Podemos quedar un día en un estudio porque queremos trabajar juntos. Nos reunimos y componemos. Yo he participado en sesiones grandes y no tengo ningún problema con ellas, siempre que desde el principio se hable de los porcentajes y se repartan de manera justa. Eso es fundamental. Personalmente, prefiero no trabajar con demasiada gente porque quizás se pueden perder muchas ideas. Para mí, tres o cuatro personas en un estudio está genial. ¡Me parece brutal! Y creo que con eso te he respondido a todo.
Para tus futuros proyectos, ¿te plantearías que otra persona compusiera para ti o es algo que no entra en tus planes?
¡Excelente pregunta! Creo que nunca en la vida me la habían hecho. Yo, como compositora, estaría muy abierta y me sentiría muy honrada si a otro compositor le gustaran mi proyecto y lo que hago, y escribiera una canción pensando en mí. Si la escucho, me encanta y siento que está impecable, que es perfecta y que no hay nada que cambiarle, estaría feliz de cantar esa canción. Lo digo porque hay mucho ego en esta industria, o en la vida, la verdad. Quizás un artista puede pensar: “Bueno, espera, yo soy compositora, tengo que aparecer en los créditos, así que voy a cambiar esto”. Si la canción necesita un cambio, si genuinamente lo siento así y quiero hacerlo, lo haré. Pero si no lo necesita, la cantaría igualmente. ¡Qué cool! Sería como cerrar un círculo.

