Cuando Pedro Sánchez anunció el adelanto electoral el primer sentimiento entre los críticos del PSOE fue de alivio. Son cada vez más a los que les duelen las siglas. Con el 29 de noviembre en el horizonte empieza a pesar la responsabilidad entre aquellos que pretenden “refundar” el partido.
En los últimos meses ha habido reuniones, conversaciones y hasta se han creado grupos de WhatsApp para canalizar la crítica al líder. Una resistencia clandestina frente a la resiliencia del presidente.
Ahora toca preparar un plan para si, como apuntan todas las encuestas, Sánchez es desalojado de La Moncloa antes de las navidades. La máxima es la discreción dado que cualquier movimiento que se haga en público será interpretado como una “deslealtad”. Hasta el 29 de noviembre todos sanchistas.
Efecto Maricarmen
Ferraz está en plena composición de las listas. El presidente necesita un grupo sólido de afines inquebrantables. Moncloa asume que reeditar el Gobierno es casi imposible pese a que confían en que el “efecto Maricarmen” movilice a la izquierda.
Las encuestas exprés que hace una semana circulaban por su despacho y que le llevaron a adelantar las elecciones han ratificado la idea de alguno de sus susurradores habituales de que los socialistas pueden ser primera fuerza.
Sánchez sale a ganar para quedarse como líder de la oposición. El cálculo es que con Vox cada vez más fuerte, Alberto Núñez Feijóo no aguantará en el poder más de dos años. Santiago Abascal está llamado a tener la llave de la gobernabilidad tanto si decide ser vicepresidente como si no. A “Santi” se le empieza a poner cara de Carles Puigdemont.
Los “gurús” del presidente le han convencido de que la calle estallará ante un Gobierno PP-Vox. La huelga general del 11 de noviembre es un mero calentamiento. La economía en los próximos meses empezará a dar síntomas de fatiga y volverá a ser un gobierno conservador el que tenga que afrontar las decisiones impopulares.
¿La caída de Sánchez?
Sánchez vuelve a tener un plan, mientras sus detractores en el PSOE buscan el suyo para forzar su dimisión tras el 29-N. Para ellos el mejor escenario es que las encuestas acierten esta vez y, a diferencia del 23 de julio de 2023, el líder no pueda salir al balcón de Ferraz a celebrar que hay una “mayoría progresista”.
Necesitan que el presidente marque mínimos, aunque los sondeos le mantienen por encima de los cien diputados. El caos en el nuevo Sumar ha dopado en las encuestas al PSOE, que espera con impaciencia saber quién será su nueva pareja política. ¿Gabriel Rufián?, ¿Ada Colau?, ¿Irene Montero? O los tres.
Si el espacio a la izquierda de Sánchez acierta con el cabeza de lista, el PSOE puede bajar de los cien diputados en las próximas semanas en intención de voto. Los acampados de Sol esperan el advenimiento de un líder.
Revolución de los alcaldes
Si Sánchez pierde las elecciones y La Moncloa habrá revolución de los alcaldes. La corriente crítica del PSOE emergerá desde la mañana del 30 de noviembre para exigir un cambio de rumbo en el partido y evitar una debacle en las autonómicas y municipales del mes de mayo. Será la hora de voces territoriales como la de Emiliano García Page.
Las opciones de que Sánchez de un paso al lado tras la noche electoral son directamente proporcionales a la caída en votos y a la deslealtad de sus afines. A priori tirará de manual para resistir. Si lo logra los críticos no tendrán más salida que esperar a un nuevo castigo al PSOE en las municipales y autonómicas de mayo y, con lo que quede de partido, pedir un Congreso extraordinario.
Oficialmente Sánchez no tiene que celebrar Congreso hasta 2028 y si se lo propone cuenta con el poder orgánico necesario para ganar unas primarias. Los militantes son mucho más benévolos que los votantes.
El barómetro de Winston para Artículo14, publicado el pasado lunes, señalaba que la mitad de quienes votaron al PSOE hace tres años y medio rechazan la candidatura del presidente del Gobierno. Si las urnas no purgan a Sánchez el PSOE estará condenado a una lucha fratricida que puede volver a ganar.

