Qué escuchar

De ‘Madre lingua’ a ‘Lengua madre’: el viaje de Zara Colombo entre Italia y Argentina

El dúo italo-argentino presenta “La noche”, segundo adelanto de su álbum en español, 'Lengua madre', y habla de sus orígenes multidisciplinares, su proceso creativo y la importancia de preservar una identidad propia frente a las presiones externas

Zara Colombo es el dúo formado por la argentina Zara C. Massaro y el italiano Luca Massaro, pareja artística y sentimental que reúne música, imagen, diseño y casi todo lo que habría podido gustar a Andy Warhol. Entre Milán y Buenos Aires, ella hizo sus primeros trabajos como modelo y él desarrolló una carrera como artista visual antes de que sus caminos se cruzasen y su colaboración cristalizase en el proyecto que nos ocupa.

Casados desde 2025, su situación parece, a todas luces, envidiable: un dúo dinámico que se mueve en la misma frecuencia. Son creativos, estilosos e inquietos. Tras publicar en abril de este año su álbum debut en italiano, Madre lingua, ya habían llamado la atención de Rolling Stone, Vogue y L’Officiel en sus ediciones italianas. El disco está compuesto por letras confesionales escritas por Luca e interpretadas por Zara.

Ahora, después de una primera incursión en nuestro idioma con “Viajes en el tiempo”, acaban de anunciar la versión española del álbum, titulada Lengua madre, que verá la luz el 30 de octubre y estará seguida de una gira con paradas, entre otras ciudades, en Madrid y Barcelona. De este lanzamiento ya han adelantado “Como cantan los cantantes” y “La noche”, adaptaciones de sus temas italianos “Tango” y “La notte”, respectivamente.

En una conversación bilingüe —Zara en español y Luca en italiano—, hablamos con Zara Colombo sobre sus inicios en la música, la manera en que confluyen su vínculo profesional y personal y por qué decidieron convertir el nombre de Zara en la identidad del proyecto.

¿Cuándo fue la primera vez que hicisteis música? Podéis interpretar la pregunta como queráis.

Zara: Bueno, de mi lado, vengo de una familia muy musical. Mis hermanos tienen una banda muy importante en Latinoamérica, Bandalos Chinos. Somos siete hermanos y hermanas, pero con mis tres hermanos mayores siempre hicimos mucha música juntos. Cuando éramos pequeños, mi papá nos hacía ser una especie de familia Von Trapp, de The Sound of Music: cenábamos todos juntos y luego nos hacía tocar a los cuatro con él. Así que diría que la primera vez que hice música fue en ese contexto muy familiar y protegido. Después, obviamente, cada uno fue encontrando su camino. Mis hermanos con la banda, otro de ellos también tiene un grupo… Y cuando conocí a Luca, en nuestra primera cita me dijo: “Zara Colombo suena como el nombre artístico de una estrella del pop italiana”. A partir de ahí empezó a escribir pensando en mi voz y, poco a poco, empezamos a preparar estas canciones que ahora están saliendo también en español.

Luca: Yo también empecé de pequeño; siempre he hecho música. Recuerdo que mi primer concierto delante de público fue en cuarto de primaria o así. Pero después fui fotógrafo, artista visual y siempre tuve muchos amigos en el mundo de la música, gente para la que hacía fotos, por ejemplo. Siempre me ocupé más de la parte visual y tocaba solo por placer. Con Zara, en cambio, eso que había dejado un poco de lado volvió a convertirse en una parte real y predominante de mi vida cotidiana.

¿Cuáles fueron vuestras influencias, tanto musicales como de otras disciplinas? Los dos venís también de la moda, las artes visuales o el diseño. ¿Qué os ha inspirado a la hora de crear el proyecto?

Zara: Los dos venimos de mundos creativos muy amplios. Pasamos por la moda, por el arte y siempre nos movimos, por placer, cerca de la música, ya fuera por amistades o por nuestras familias. Cuando tienes un bagaje tan multidisciplinar, al final todo se mezcla un poco. A nivel musical, están obviamente mis hermanos y nuestros amigos, que siempre hicieron música con nosotros. Y pensamos mucho en los dos países: Italia y Argentina. Nos gustan Charly García, el Flaco Spinetta o, del lado italiano, Lucio Dalla. Siempre nos dejamos guiar un poco por esas influencias.

Vuestro proyecto tiene una dimensión estética muy fuerte. ¿Os preocupa alguna vez que la imagen pueda comerse a la música?

Zara: Creo que ambas cosas se retroalimentan. Para nosotros siempre fue muy importante cuidar la imagen del dúo, y siempre la hemos construido juntos Luca y yo. Nunca quisimos que fuera un proyecto que apareciese de la nada únicamente en una dimensión sonora, sino que todo formase parte de la misma propuesta artística. También trabajamos las portadas de los singles con artistas italianos y, para “Viajes en el tiempo”, que publicamos en junio, colaboramos con una artista argentina. En realidad seguimos haciendo lo mismo que hemos hecho siempre en nuestros trabajos: poner todo lo que somos dentro del proyecto. Espero que la imagen nunca eclipse la música; lo veo más bien como un diálogo. Para quien quiera profundizar más allá de lo que escucha en las plataformas, hay todo un universo alrededor.

Madre lingua y Lengua madre funcionan prácticamente como discos espejo. ¿La idea de publicar el álbum entero primero en italiano y después en español estaba planteada desde el principio?

Luca: Sí. Me resulta más fácil escribir canciones en italiano, así que nacen primero en ese idioma, pero siempre supimos que queríamos volver a presentarlas en español, que también forma parte de nuestro día a día. Entre nosotros hablamos una especie de mezcla de idiomas. Además, hay artistas pop de la historia de la música italiana que tradujeron sus canciones al español para el mercado latinoamericano. Es una tradición que nos influye y nos gusta mucho. Desde el principio dijimos a Sugar, nuestra discográfica, que lo haríamos y creo que repetiremos el proceso con todos los álbumes: en teoría, todos tendrán una cara A y una cara B en estos dos idiomas. Y con las traducciones hay muchas cosas que son cercanas, pero por una cuestión de métrica a veces no encajaban. Por eso dimos prioridad al sonido y dejamos que fuese llevando el texto en otras direcciones. Algunas canciones llegan incluso a decir casi lo contrario que en italiano.

Zara: De hecho, “La noche” es probablemente la que más cambió respecto a su versión italiana. En italiano dice: “Non ho più / Paura di niente / Non sono più / In mezzo alla gente / Nella notte dopo la notte quando è blu”. Y en español: “Sos mi cruz / Te llevo en el pecho / Tiempo y viento / Son nuestros testigos / En la noche después de la noche cuando es todo azul”. También cambian mucho los versos. Decimos “En octubre nos vamos de gira”, que no tiene nada que ver con la versión italiana, pero que ahora es nuestra realidad. Nos hizo muchísima gracia incluirlo porque cuando Luca escribió “La notte”, que fue la primera canción que compuso para mi voz hace dos años, nunca habríamos imaginado que el proyecto iba a crecer tanto ni que estaríamos girando así. La versión española refleja también cómo han evolucionado nuestras expectativas y nuestra realidad respecto al proyecto. Por eso queremos hacer este ejercicio con todos los álbumes: obliga a pensar y a tomar conciencia de dónde estamos.

En “La Noche” conviven cosas bastante contradictorias: el daño, el deseo, el enfado y las ganas de seguir juntos —“Me lastimaste / Yo quiero casarme contigo”—. ¿De qué momento de vuestra relación nace?

Zara: Para esa frase hicimos un montón de pruebas porque la traducción literal no entraba en la métrica. Al final quedó así, pero Luca suele escribir muchas veces después de que nos peleemos. Nosotros discutimos; él baja al estudio, yo me quedo arriba y él escribe una canción canalizando los dos puntos de vista. Después me llama y me la hace escuchar. Esa primera canción que escribió para mi voz nació de una situación así. Nosotros ya estábamos hablando de casarnos y recuerdo perfectamente que me hizo escuchar: “Mi hai fatto male / Ti voglio sposare / Lo stesso”, que sería algo como “Me lastimaste / Me quiero casar con vos / Igual”. Me puse a llorar. Es muy autobiográfica, pero también una catarsis muy linda. Y verla nacer ahora en mi lengua materna juega también con el título del álbum. Está esa madre lingua, la lengua que construimos juntos y en la que, de alguna manera, yo volví a nacer, y después está Lengua madre, el español, con todas sus facetas.

Luca: Son canciones muy autobiográficas porque parten de cosas que realmente estamos viviendo, pero después adquieren vida propia. Es casi como en la portada del álbum, donde de la lengua nace una nueva creación. A veces es precisamente el sonido de las palabras en los dos idiomas el que marca una dirección. Existe un punto de partida biográfico, pero el resultado termina siendo mucho más libre. La idea es que, partiendo de algo personal, podamos llegar a algo universal que ya no hable únicamente de nosotros dos. Las canciones funcionan mejor cuando adquieren vida propia y deciden hacia dónde quieren ir.

Luca, ¿cómo es escribir algo tan íntimo y después escuchar a Zara cantarlo? Y Zara, ¿qué ocurre cuando das voz a algo que él ha escrito sobre una experiencia que compartís los dos?

Zara: Creo que hay algo muy terapéutico. Muchas veces, cuando discutes con una persona que quieres —y no tiene por qué ser una pareja romántica; puede ser un amigo, un hermano, un padre o una madre—, sientes que tu punto de vista no está siendo entendido. Piensas: “Vos no estás entendiendo lo que digo, solo te importa tu punto de vista”. En la dinámica que se creó mientras Luca escribía estas canciones había algo muy terapéutico porque yo veía en ellas, obviamente, su punto de vista, pero también el mío. Y pensaba: “Bueno, entonces no entró por una oreja y salió por la otra”. Nunca tuvimos una situación en la que yo dijera: “Esto no lo canto”, o él: “Esto lo voy a cambiar porque en tu voz suena mal”. Es un proceso con distintas etapas. Desde que Luca escribe una canción hasta que llegamos al resultado final, evoluciona muchísimo: podemos cambiar la melodía, trabajarla con el productor… Se transforma en un diálogo. Nace de una experiencia muy personal, de mi punto de vista y del suyo, y acaba convirtiéndose en algo casi colectivo.

Luca: Totalmente. Aunque tampoco todas las canciones nacen necesariamente de una pelea. “Punk”, por ejemplo, nació en la Patagonia, en un momento muy tranquilo, y quizá contenía experiencias más relacionadas con sus hermanos que con nosotros. Eso es lo bonito de las canciones: para mí, las mejores son suficientemente abiertas y no tienen un mensaje cerrado, de modo que puedan adquirir vida propia y no quedarse atrapadas en un único momento. Hay algo autobiográfico, sí, pero también algo externo y más abstracto.

¿Os habéis enterado alguna vez de algo que sentía el otro por primera vez a través de una canción?

Zara: Algunas de las canciones que más me sorprendieron fueron las nuevas, porque ya estamos trabajando en el segundo álbum. Pero también me pasó con “Como cantan los cantantes”, en italiano “Tango”. Había nacido porque yo le conté la historia de mi abuela, que perdió a mi abuelo cuando ambos tenían 56 años. Ella vivió 27 años sin el amor de su vida y bebía bastante vino para poder llorarlo, porque si no, no podía hacer el duelo. Yo se lo había contado muy por encima, casi como algo sin importancia, y después Luca vino con esta canción que empieza: “Pero yo solo tomo / Así después lloro”. Y pensé: “Lo dije superficialmente y te acordaste”. Fue muy lindo.

Luca: A mí me parece bonito porque, cuando escribo, casi entro en comunión con su abuela y con sus palabras. Ahí se ve que existe un punto de vista muy mezclado entre los dos.

Este es vuestro primer álbum como proyecto conjunto. Al hacer un disco que funciona como carta de presentación, ¿se siente presión? ¿Tuvisteis que planear conscientemente un estilo, un sonido o una estética que condensase quiénes sois?

Zara: Creo que tuvimos mucha suerte por varias razones. Primero, tuvimos el privilegio de poder trabajar en las canciones antes de que existiese ninguna expectativa alrededor del proyecto. Empezamos con mi hermano, que produjo algunas canciones, y con nuestro amigo Dumbo Gets Mad. No había un contrato que nos impusiera una fecha límite. Simplemente pensábamos: “Veamos adónde nos llevan estas canciones que nos gustan y que les gustan a nuestros amigos”. Y después volvimos a tener mucha suerte porque, cuando finalmente recibimos una oferta de Sugar, nuestro sello en Italia, no quisieron intervenir en nuestra estética ni en lo que habíamos construido. Lo dejaron exactamente como estaba y, al contrario, nos animaron a ser todavía más nosotros. Haber empezado así nos quitó mucha presión de encima, sobre todo ese exceso de darle vueltas a las cosas cuando empiezas un proyecto: “¿Qué quiero hacer? ¿Cómo quiero que suene?”. Nosotros ni siquiera tuvimos tiempo de planteárnoslo. Lo hicimos como éramos y punto. Ahora tenemos una base muy sólida sobre la que seguimos construyendo de una manera bastante intuitiva.

Luca: Sí, porque es cien por cien nosotros. No hay nada forzado. Las fotos son las mismas que yo ya le hacía a ella. Si hacemos un viaje, quizá acabemos grabando un vídeo allí. Por ahora hemos podido mantener todo completamente a nuestra manera. No hay prácticamente influencia externa sobre lo que hacemos y en eso hemos tenido mucha suerte. Al final depende muchísimo de la gente que te rodea.

Rolling Stone os comparó con Gainsbourg y Birkin y con la Factory. ¿Os reconocéis ahí o es una fantasía que otros proyectan sobre vosotros?

Zara: Nos divierte muchísimo porque nosotros también somos muy románticos. De hecho, una parte de “Punk” —“Una hija en la panza y la otra en la bolsa”— nació porque habíamos leído que Jane Birkin llevaba a Charlotte dentro de un bolso cuando salía. Así que nos divierten mucho esas comparaciones. Al final son influencias bastante universales, imágenes que están casi tatuadas en nuestro imaginario popular. Y después nosotros también jugamos un poco con ellas.

Zara, ¿cómo te sentirías si alguien te definiera como “musa” de Luca? ¿La idea de musa coloca necesariamente a una persona en un segundo plano respecto al artista?

Zara: Es una gran pregunta. Yo tuve la suerte de crecer rodeada de ejemplos femeninos increíblemente fuertes: desde mi abuela y mi madre hasta las parejas de mis hermanos. Creo que, por suerte, se está desdibujando un poco esa idea tradicional del hombre artista y la mujer escondida detrás como musa. Nosotros jugamos bastante precisamente con esos papeles. En nuestro caso, Luca escribe y compone todas las canciones y después puso todo a mi nombre: el nombre del dúo es el mío. Y en las obras plásticas de Luca ocurre casi lo contrario. Están firmadas con su nombre, pero yo siempre he trabajado también en ellas; por ejemplo, estiraba sus lienzos aquí en casa. Jugamos mucho con quién está delante y quién detrás. Creo que la palabra “musa” quedó un poco cuestionada, pero todavía tiene posibilidades de lectura muy amplias. Puede significar muchísimas cosas.

Luca: Sí. Además, “musa” y “música” suenan cercanas. Y en la relación hombre-mujer existe una tradición muy concreta: históricamente ha habido muchas mujeres que desaparecían detrás de un hombre, incluso adoptando su apellido al casarse. Zara Massaro, por ejemplo, tomó mi apellido. En nuestro caso es casi como si uno desapareciera detrás del otro y dentro del otro.

Zara: Exactamente. Es como jugar a las escondidas: decidir quién se pone delante, quién ocupa el centro, e ir cambiándolo constantemente. Ser dinámicos en ese diálogo. Es divertido.

Quería que me contarais sobre el proceso de grabación del álbum. ¿Ha cambiado algo en vosotros, tanto a nivel personal como artístico? ¿Cuál ha sido vuestra parte favorita y qué habéis aprendido de cara a futuros lanzamientos?

Zara: Para mí fue un sueño hecho realidad. Siempre viví muy de cerca el éxito musical de mis hermanos. Los escuchaba componer en casa de mi mamá y lo tenía tan cerca que casi parecía inalcanzable para mí. Cuando conocí a Luca, él me abrió este mundo e hizo el enorme gesto de confiar sus canciones, su música y sus letras a mi voz. Desde el principio, también durante la producción, fue algo que me enseñó muchísimo sobre mí misma y me dio mucha seguridad. Después llegó el sello, el álbum en español, la gira… y esas oportunidades convierten aquella seguridad inicial en algo que a veces también puede generar estrés y dudas. Pero, al menos para mí, todo eso me hace apreciar todavía más el hecho de que seamos dos. Ser dos es un privilegio porque podemos repartirnos mucho los papeles. Lo que yo no hago tan bien, lo hace Luca; lo que a él se le da peor, lo hago yo. Siempre nos cubrimos el uno al otro. Evidentemente ha cambiado nuestra relación profesional y, a nivel personal, también ha profundizado muchísimo nuestro vínculo.

Luca: Y te convertiste también en productora.

Zara: Tuve que aprender a producir [risas].

Luca: Yo soy cero. No sé utilizar un ordenador para hacer música. Siempre trabajo con instrumentos reales. Con el ordenador no puedo hacer nada.

Zara: Boomer.

Luca: Ella aprendió rapidísimo gracias también a sus hermanos. Y ahora vamos a volver a producir con Chapi [Salvador Colombo] en Buenos Aires porque tenemos una dinámica increíble los tres. Hemos aprendido muchísimas cosas técnicas y, de hecho, ahora estamos empezando a construir nuestro propio estudio aquí en Milán, dentro de una iglesia desacralizada.

Zara: En una iglesia del siglo XVI.

Luca: Con frescos. Una locura.

TAGS DE ESTA NOTICIA