J.V. Gachs (Gijón, 1982) es la más internacional de nuestras novelistas jóvenes, dentro y fuera del terror. Ha publicado sus novelas y relatos antes en Estados Unidos que en España, donde es su propia traductora, habiendo sido nominada a prestigiosos premios como el Stoker o el Kelvin del Festival Celsius 232. Tras deslumbrarnos con Epifanía (Dolmen), atrevida incursión en el folk horror con protagonistas femeninas absolutas y divertirnos con Los amantes espeluznantes (Dimensiones oscuras), irónico ejercicio de romance oscuro LGBTI+, ahora nos desafía con Impía (Plan B), imaginativa y feroz revisión feminista de clásicos satánicos como El día de la Bestia, La semilla del diablo o La profecía. Aprovechando su presencia en el IX Festival Híbridos de León, celebrado el pasado mes de noviembre con el lema Un gótico para el siglo XXI, hablamos con la nueva voz del terror. Que es, claro, una voz de mujer: J.V. Gachs.
¿Qué fue lo que te atrajo del género de terror?
Siempre he sentido fascinación por el terror. No sabría decir exactamente cuándo comenzó, pero algo tendrá que ver haber leído, como tantas autoras de mi generación, Flores en el Ático de V. C. Andrews a una edad demasiado temprana, además de la educación estética de una niña española de los 80. El terror me parece el género más adecuado para explorar el amplio espectro de las emociones humanas, llevarlas al extremo y profundizar sin tapujos en la escala de grises de la moralidad.
Ser mujer en este momento, ¿te ha facilitado entrar en el género?
Durante muchos años, el terror fue un club de caballeros donde de vez en cuando conseguía colarse alguna mujer. Hoy tenemos la fortuna de disfrutar de voces que se acercan al terror desde los márgenes, que aportan frescura tanto en la temática como en los puntos de vista. Pero si atendemos a los números o los premios, ser mujer hoy escribiendo terror todavía dista de ser una ventaja. En mi caso, al haber llegado al mundo editorial a través del terror indie de EEUU, ni mi género ni mi primera lengua jugaron un papel determinante en mi carrera en un mercado que prima la originalidad, ya que puede permitirse mayores riesgos.

Eres la única autora o autor del género en España que escribe en inglés y es publicada primero en Estados Unidos. ¿Cómo te hiciste hueco en su mercado?
Hasta donde sé, soy la única que escribe en ambas lenguas y es autora tanto de la versión en castellano como de la versión en inglés. Aunque siempre había escrito, hace seis años decidí tomármelo más en serio. Hice varios cursos de narrativa y me encontré con un puñado de relatos con los que no sabía qué hacer. El mercado de revistas de género en España no parecía excesivamente amplio y las antologías carecían de remuneración. Descubrí que eso no era así en EEUU. Se publican cientos de revistas online, en papel, podcasts de ficción, antologías, amén de mucha información sobre el proceso para enviar relatos… Aprendí muchas cosas sobre el mercado estadounidense y decidí probar suerte traduciendo uno de mis cuentos. Tuve la fortuna de venderlo a una revista y eso me dio seguridad para seguir. Cuando meses después, mi relato “Baby Girl” se publicó en la antología What One Wouldn’t Do con obras de Hailey Piper, Laurel Hightower y Eric LaRocca entre otros, me di cuenta de que el hecho de que el inglés fuera mi segunda lengua no presentaba ningún problema. Una vez tuve el borrador de mi primera novela, Epifanía, no dudé en escribirla en inglés y enviarla a editoriales americanas. Una semana después de enviar el manuscrito a la editorial Off Limits Press, responsable de la publicación de Encrucijada de Laurel Hightower o El Gusano y sus Reyes de Hailey Piper, publicadas en España por Dilatando Mentes, recibí un correo entusiasta del editor deseando publicar Epiphany. Me parecía surrealista debutar antes en EEUU pero me encanta que haya gente al otro lado del océano leyendo sobre los Reyes Magos y comer casadielles.
En tus novelas las protagonistas son mujeres en situaciones extremas. ¿Hay algo autobiográfico en ellas?
Cuando pienso en el terror escrito por mujeres me doy cuenta de que utilizamos lo sobrenatural como vehículo que nos permite enfrentarnos a nuestros miedos más profundos de forma “segura”. Ciertas experiencias, relatadas desde la más cruda realidad, se me harían imposibles de tratar. Sin embargo, los abusos, la infertilidad o el duelo resultan más llevaderos cuando puedes encauzarlos a través de una xana, un fantasma o el mismísimo demonio. Todos los autores vertemos algo de nosotros en nuestros personajes, de cómo reaccionaríamos o nos gustaría reaccionar ante determinadas situaciones las hayamos vivido o no. Anne Rice contaba que Louis sería la representación de cómo es, y Lestat la de cómo le gustaría ser.

Tu obra muestra influencias literarias pero también cinematográficas, ¿te influye más el cine de terror que la literatura?
Mi generación, que se crio con la televisión, con las películas de terror a las tantas, pudiendo ir al cine con frecuencia y cierta permisividad, ha adquirido una potente influencia cinematográfica imposible de negar. Al menos, en mi caso. Sobre todo porque durante mis años formativos no era una ávida lectora de terror. Hay más del Amante de Margarite Duras en Epifanía que de Cementerio de animales, la novela, pero mucho de la película. Es importante beber de diferentes fuentes, géneros y medios que hibridar en tu imaginación para conseguir lo más parecido a una voz propia.
Uno de tus temas principales es la maternidad como fuente de amenaza y miedos.
La maternidad juega un papel vital en Epifanía desde diferentes puntos de vista que representan todo el espectro de sentimientos encontrados por los que yo misma he transitado a lo largo de mi vida. Es un tema increíblemente potente que tratar en el terror porque cualquier ángulo desde donde la mires puede convertirse en una esquina oscura donde se escondan los monstruos: desde la mujer que ansía ser madre sin conseguirlo hasta la que está embarazada contra sus deseos, pasando por la que siente el dolor de perder al bebé dentro de ella y la que tiene que soportar la presión social para validarse a través de la maternidad, o las que se arrepienten. Es importante tratar estos temas porque en muchas ocasiones han sido tabú.
En Amantes Espeluznantes cambiaste de registro, ¿por qué?
Necesitaba aire fresco después de haber buceado por las profundidades con Epifanía. Me apetecía disfrutar con dos protagonistas que se toman la vida y la muerte con humor, en lugar con el dramatismo de las mujeres de mi primera novela. Me parecía interesante abordar un tema igualmente duro como son los feminicidios, desde ese otro tono para alejarme del relato de la víctima perfecta. Creo que esa figura extraña de la víctima perfecta que nos quieren pintar ha hecho mucho daño en la lucha contra la violencia. Las protagonistas de Amantes Espeluznantes son promiscuas, bisexuales, alegres y enamoradizas, justo el tipo de mujeres a las que les preguntarían si cerraron las piernas o eran unas ligonas.

Pese a publicarse en Estados Unidos tus novelas tienen escenarios asturianos. ¿Qué piensas de los autores españoles que escriben con personajes y escenarios ajenos?
Igual que aquí podemos leer novelas ambientadas en Nueva York sin haber puesto un pie en la Quinta Avenida, también alguien de Estados Unidos puede imaginarse una ciudad de vacaciones abandonada como Perlora si está bien descrita. En mi forma de escribir las descripciones son muy importantes. Me costaría meterme en la trama sin conocer el entorno, sin poder describir a qué huele o qué sensaciones produce. Los humanos estamos conformados por aspectos sociales y ambientales, una amalgama que hace que actuemos de una determinada manera. Creo que solo conseguiría caricaturas acartonadas si intentara crear protagonistas de Wisconsin, por ejemplo, debido a mi desconocimiento de sus circunstancias vitales. Entiendo que cuando toda tu vida has estado expuesto a historias que suceden siempre en otro país, el recurso natural al empezar es refugiarte en lo conocido, pero me parece muy sano quitarnos esa losa, contar historias que nos toquen más de cerca. King no hace que sus libros transcurran en Maine porque Maine sea el sitio más flipante del mundo, sino porque es el que le resulta familiar. Hagamos lo mismo.
Eres muy gráfica al describir tanto lo erótico como lo terrorífico. ¿No te preocupa herir sensibilidades? ¿Te autocensuras alguna vez?
Nunca se me ha pasado por la cabeza autocensurarme, tampoco ningún editor me lo ha pedido, ni en EEUU ni aquí. Solo en una ocasión se me pidió que recortara escenas de sexo de un relato para su publicación en una antología española (que no salió), pero no cogí la tijera y ese relato tal como lo escribí se puede leer en mi colección Sins of my Sisters. No me preocupa herir sensibilidades: creo que es deber del terror hacerlo.

Generalmente tus protagonistas son mujeres gay. ¿Qué aporta la sexualidad sáfica al terror?
No es algo que me planteara de manera consciente, sencillamente las historias que me apetecía contar tenían más sentido así. La relación entre Eva y Estela en Epifanía permite ahondar en los sentimientos de dos mujeres ante la maternidad, y la relación de Ana y Magdalena en Impía me permite hablar de la ternura al tiempo que de la influencia de la Iglesia en la represión de la sexualidad femenina. Como mujer bisexual considero que ya hay suficientes historias de amor (y de todo) hetero y muchas autoras que las escriben estupendamente, pero encuentro menos donde pertenecer al colectivo LGTBQ+ no sea el centro del terror o del drama sino solo un aspecto más del personaje.
Has escrito un buen puñado de relatos, publicados en Estados Unidos. ¿Cuándo podremos leerlos en español?
Espero que muy pronto. El pasado octubre, mi colección Sins of My Sisters se publicó en inglés y mi traducción al castellano está casi a punto. Ojalá pudiera contar más.
Epifanía fue tu visión del folk horror, Amantes espeluznantes un romance oscuro e Impía es tu (per)versión feminista de El día de la bestia. ¿Qué será lo próximo?
Estoy trabajando en una novela que me gustaría fuera mi homenaje a esas Flores en el Ático que me traumatizaron en la pubertad, una suerte de viaje al Infierno de la infancia salpicado de sectas y vampiros, porque el terror, sobre todo, sobre todo, tiene que ser divertido, darnos esa liberación explosiva del miedo que también produce la risa.
