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James Vanderbilt, sobre el Holocausto: “Es descorazonador comprobar qué poco hemos aprendido del pasado”

‘Núremberg’ explora el origen del concepto de crimen contra la humanidad y su inquietante vigencia en el mundo actual

James Vanderbilt recrea en 'Núremberg' los juicios a los nazis
James Vanderbilt recrea en 'Núremberg' los juicios a los nazis

Recordemos que hace ahora exactamente 80 años, poco después del fin de la Segunda Guerra Mundial en Europa, los países aliados vencedores -Estados Unidos, Francia, Reino Unido y la Unión Soviética- impulsaron un proceso judicial por crímenes contra la Humanidad contra los miembros supervivientes del gobierno y el ejército nazis. Considerados un antecedente pionero del Tribunal Penal Internacional, aquellos juicios criminales tuvieron lugar en Núremberg, ciudad desde la que el partido nazi había emprendido su ascenso al poder, y gracias a los esfuerzos del por entonces juez de la Corte Suprema de Estados Unidos Robert H. Jackson. “En realidad, nadie quería llevar a los alemanes a los tribunales”, recuerda James Vanderbilt, director del biopic Núremberg. “Preferían pegarles un tiro en la cabeza y olvidarse del asunto. Pero Jackson comprendió que el mundo necesitaba saber qué barbaridades habían cometido los nazis exactamente en nombre del Tercer Reich, porque confiaba en que éso ayudría a evitar que la barbarie de la Segunda Guerra Mundial volviera a ocurrir”.

Jackson es uno de los personajes de la nueva película -lo encarna Michael Shannon-, pero no el principal. Basada en el libro de no ficción de Jack El-Hai El nazi y el psiquiatra (2013), propone un duelo psicológico entre Hermann Göring, el más notorio de los procesados y en su día mano derecha de Adolf Hitler, y el psiquiatra estadounidense Kelley, que pasó más de 80 horas entrevistando y evaluando a Göring y a otros 21 funcionarios nazis antes de los juicios. “Los dos querían obtener algo del otro”, explica Vanderbilt acerca de ambos protagonistas, a quienes dan vida respectivamente Russell Crowe y Rami Malek. “Oficialmente, Kelley debía asegurarse de que los acusados estaban mentalmente capacitados para ser juzgados, y el alto mando también esperaba de él que obtuviera información que garantizara la condena; en la misión, además, vio la oportunidad de escribir un libro superventas sobre las raíces psicológicas del mal”. Por lo que respecta a Göring, “ansiaba subirse al estrado para poder defender ante el mundo los ideales nazis a los que seguía aferrándose, y para erigirse en mártir sin aceptar su responsabilidad en el Holocausto”.

Vanderbilt se dio a conocer gracias al guion que sirvió en base al que David Fincher dirigió el drama criminal Zodiac (2007), y en el que ya recreó el caso real de un profesional que queda irreparablemente dañado por su búsqueda de la verdad. Núremberg, en todo caso, se inspira más inmediatamente en otra película sobre asesinos en serie. “Me interesó que la relación entre Göring y Kelley evocara la que Hannibal Lecter y Clarisse Starling mantenían en El silencio de los corderos (1991)”, asegura. “Al parecer, Göring era un hombre extraordinariamente carismático y seductor, como Lecter; alguien lo decidió como el invitado ideal a una cena. Era un hombre obsesionado por el poder y despiadado a la hora de mantenerlo, pero también un tipo divertido y sociable que amaba a su mujer y sus hijos igual que nosotros amamos a nuestras familias, y eso hace de él un personaje aún más aterrador”. En su libro 22 Cells in Nuremberg, Kelley llegó a la conclusión de que, fundamentalmente, los nazis no eran distintos del resto de las personas, y que sus atrocidades podrían repetirse en cualquier otro lugar.

Los juicios de Núremberg ya inspiraron el oscarizado drama Vencedores o vencidos (1961), dirigido por Stanley Kramer y protagonizado por Spencer Tracy y Burt Lancaster. Si aquella película se dedicaba mayormente a recrear al proceso judicial, Núremberg no entra en los tribunales hasta su tramo final, aunque eso no le impide incluir en su metraje las horripilantes imágenes de archivo tomadas en campos de concentración, llenas de cuerpos mutilados y cadáveres apilados por excavadoras, que vieron la luz por primera vez en los juicios y siguen causando pavor ocho décadas después. “Les pedí a los actores que no las vieran antes de rodar la escena, porque quería que sus reacciones ante ellas fueran genuinas”, recuerda Vanderbilt. “Para mí era imprescindible que formaran parte de la película, necesitaba poner al espectador en la piel de quienes se encontraban en la corte aquel día, cuando aquel horror fue mostrado al mundo por primera vez”.

Esas imágenes sirven para recordarnos las lecciones que el Holocausto dio a la humanidad, al parecer olvidadas por completo en 2025, y no son el único modo que Núremberg tiene de establecer conexiones entre el fascismo de entonces y el que nos amenaza hoy. En una de sus escenas, Kelley pregunta a Göring qué fue lo que le atrajo del Führer. “Nos hizo sentirmos alemanes otra vez”, contesta el comandante nazi, y resulta inevitable conectar sus palabras con el infame slogan a través del que Donald Trump prometió hacer “América grande otra vez”. Asimismo, la celebración que la película lleva a cabo del precedente que aquel juicio sentó en la persecución de los crímenes de guerra irremediablemente nos recuerda al mismo tiempo la incapacidad de las leyes internacionales para impedir el genocidio en Gaza. “Aquel proceso representó un logro histórico impresionante porque, en ese momento, muchas personas de diferentes lugares del mundo decidimos elegir la justicia en lugar de la venganza”, opina Vanderbilt. “Resulta descorazonador comprobar qué poco hemos aprendido de nuestros errores del pasado. Desgraciadamente, mi película es muy relevante en nuestro presente y me temo que lo seguirá siendo en el futuro”.

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