Opinión

Pedro vs España

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No son fáciles de prever las consecuencias económicas que ocasionará el conflicto emprendido por Estados Unidos e Israel, secundados por sus aliados, contra la República Islámica de Irán y la respuesta de este último, basada en la decisión estratégica de expandir el radio de acción. La duración del conflicto determinará el impacto final. Nadie es capaz de atisbar la capacidad de resistencia de Irán ni tampoco si Estados Unidos e Israel contemplan, como ha apuntado el presidente Trump, la eventualidad de una intervención de la infantería para tomar un control del país. El carácter volátil del presidente americano convierte en impredecible la impetuosidad de sus reacciones, aunque en el otro lado la firmeza de Netanyahu parece determinada a finiquitar el poder militar y político del régimen de los ayatolás.

Claro, que los habitantes de España deben añadir a las circunstancias globales los riesgos derivados de esa decisión tan pacifista, tan bonita, tan guay, tan goya, tomada por nuestro presidente Pedro Sánchez de oponerse al belicismo de los americanos, los israelitas, los británicos, los alemanes, los franceses, los griegos y el resto.

Vayamos por partes. Empecemos por lo general. Los bancos, celosos guardianes del dinero, se han apresurado a enviar a sus clientes análisis de coyuntura y de previsiones. Apuntan como clave el control del estrecho de Ormuz, por donde discurre el 30% del petróleo mundial y el 20% del gas licuado. También la posibilidad cierta de un sabotaje a infraestructuras energéticas. Consideran varios escenarios. Un caso base, que elevaría el Brent a 80-85$ el barril. Una prolongación por unas tres o cuatro semanas, que subiría los precios a unos 100-120$ el barril. Estas opciones se explican en un alto el fuego entre ambos bandos, un cambio de régimen en Teherán o un conflicto enquistado. La reacción inicial de los mercados está siendo contenida. El aumento del precio del combustible agita el fantasma inflacionista y condiciona las políticas monetarias. Los bonos soberanos elevan sus rentabilidades, al tiempo que los spreads de crédito se amplían, aparejando una caída de los bonos. La renta variable, pese a las caídas generalizadas, está aguantando dadas las circunstancias.

Una caída sostenida de la oferta energética que conduciría a un descenso de 0,6 puntos al PIB mundial y una subida de 1 punto de la inflación. El impacto en las bolsas, muchas de ellas vienen de máximos históricos, no está siendo muy considerable, pues parece confirmarse que se han vacunado contra los cambios geopolíticos. Sólo una duración prologada con un impacto real en el suministro energético podría cambiar esta circunstancia.

Como en todo en la vida, unos ganan y otros pierden. El sector energético es el gran beneficiado, seguido por el financiero, seguros y la salud. Consumo e inmobiliario suelen ser los más perjudicados. En medio, quedan materiales, telecomunicaciones, industria y utilities.

No es la primera vez en estos últimos años, que el mundo se enfrenta a un conflicto de envergadura. Ocurrió en junio del año pasado, pero en esta ocasión la respuesta iraní fue moderada. También en febrero del 22, se produjo la invasión de Ucrania por parte de Putin, con un impacto en el precio de los combustibles. En esta última ocasión, las bolsas mundiales presentaban caídas entre el 10 y el 15% a los seis meses del inicio de las hostilidades. Diferentes estudios explican que las guerras que ocasionan serios quebrantos económicos reúnen alguna de estas condiciones: subidas del petróleo entre un 50 y un 100%, recesión económica y fuertes incrementos de los bancos centrales para amortiguar la inflación. Un informe de UBS, que analiza el comportamiento histórico de los mercados, concluye que la volatilidad está más asociada a crisis económicas que a convulsiones geoestratégicas.

El canciller alemán, Friedrich Merz, y el presidente de EE UU, Donald Trump.
EFE

Ahora vayamos a nuestro Pedro Sánchez, quien no deja de pasar un día sin darnos una sorpresa, normalmente mala. He buscado en la Constitución de 1978 si entre las obligaciones del presidente del Gobierno figura defender los intereses de España. Pero, la verdad, no he encontrado nada. El presidente, aguerrido y galleando, ha enmarcado la posición de nuestro Gobierno, no creo que sea la de nuestro país, en cuatro palabras: “no a la guerra”. Y a partir de ahí, se ha dedicado a criticar las decisiones de los Estados Unidos, de Israel y del resto de los países de peso europeos. No contento con eso, ha impedido la utilización de las bases de Rota y Morón para el repostaje de los aviones americanos que se dirigen al Golfo Pérsico. Y me pregunto: ¿para qué demonios quiere el Gobierno americano mantener unas bases en territorio español si luego no pueden utilizarlas cuando acometen un conflicto? La respuesta es obvia. Donald Trump la ha dado con su habitual claridad: “socio terrible”. Mientras los americanos critican, los iraníes aplauden. Es la segunda parte de la negativa española a aportar un 5% de gastos de Defensa como hacen el resto de los miembros de la OTAN. Ya precedida de la chulesca negativa del frustrado contador de nubes a levantarse al paso de la bandera de las barras y las estrellas. Esto está provocando un progresivo aislamiento de España no solo por el obvio enfrentamiento con los Estados Unidos, sino de los propios socios europeos que ya no invitan a Sánchez a casi nada.

Nuestro audaz presidente, que no teme represalia alguna, se está erigiendo en el líder de la izquierda mundial, empezando por el atrabiliario grupo de Puebla y siguiendo por todos los alternativos, y no digo más. ¿Por qué hace esto? Por un lado, intereses electorales pues no se puede desdeñar el antiamericanismo de mucho voto socialista y, por supuesto, de la extrema izquierda nacionalista y no nacionalista, que sin tapujos pide la salida de España de la OTAN y el cierre de las bases. Por otro, sus propios intereses personales para labrarse una carrera internacional si algún día deja el Gobierno al no poder formar otra mayoría Frankestein.

Claro que otra cosa son los intereses de España. Nuestro país está alineado desde tiempos pretéritos con los intereses europeos y atlantistas. Ahí estamos. Nunca pertenecimos al movimiento de los No Alineados ni falta que nos hizo. Formamos parte del bloque occidental, con la Unión Europea y con la OTAN como principales estandartes. No podemos permitirnos un Gobierno que alegre y juvenilmente enarbole la pancarta de “no a la guerra” emprendida por todos nuestros aliados.

Las consecuencias van a ser terribles para las empresas españolas y, por supuesto para los españoles. Nuestra balanza comercial con los Estados Unidos es desfavorable en unos 15.000 millones de dólares. Los americanos compran maquinaria, aceite, productos agrarios, vino, jamón. Nosotros petróleo, fármacos y material militar. Si Trump consuma su amenaza de un bloqueo comercial no sólo van a sufrir nuestras empresas, sino que vamos a tener serios problemas de abastecimiento. Por ejemplo, ya que nuestro Gobierno no compra tecnología militar israelí, si ahora tampoco va a poder adquirir la americana, ¿dónde la va a obtener?

Los españoles estaremos abocados a pagar muchos más caro la electricidad, el combustible, el gas y la cesta de la compra. Y muchos trabajadores de empresas exportadoras perderán su empleo. Puede que nuestro presidente, iluminado por su infantil pacifismo, se oriente a China y Rusia. Espero que no sea ese el futuro que nos espera. España por historia, por valores, por raíces, por derechos humanos y por intereses pertenece al mundo europeo, occidental y atlantista. Merece un Gobierno responsable que lo respete y defienda.