Entrevista

Kkayvi, DJ y cantante: “Mi trabajo no es ser influencer de redes”

La DJ y cantante Victoria Ortuño reivindica el talento frente al peso de las redes sociales en la industria musical, denuncia los prejuicios que todavía sufren las mujeres en las cabinas y explica cómo combina el house con la voz en directo mientras prepara su primer EP

Antes de aprender a pinchar, Victoria Ortuño (KKayvi) ya había desarrollado una estrecha relación con la música electrónica. Durante su infancia, los recopilatorios de Blanco y Negro Hits sonaban sin descanso en el coche familiar, mientras que artistas como Bob Sinclar despertaban una fascinación por el house que acabaría convirtiéndose en su profesión. Sin embargo, su formación musical tomó inicialmente otro camino: el canto, el jazz y la composición. Fue después cuando decidió reunir ambas disciplinas y construir una propuesta en la que alterna la selección musical con intervenciones vocales en directo.

Tras trabajar en locales y eventos de Ibiza, Viena, Andorra y la Costa Blanca, la DJ se encuentra ahora en una etapa de búsqueda de una identidad artística más definida, mientras prepara sus primeras composiciones propias de house. Pero su experiencia también le ha permitido conocer algunas de las contradicciones de la industria de la música electrónica: desde las exigencias comerciales de los promotores hasta los prejuicios que todavía sufren las mujeres en las cabinas. En conversación con Artículo14, KKayvi reflexiona sobre sus influencias musicales, los límites que se ha impuesto a la hora de aceptar determinados trabajos y una realidad que considera especialmente preocupante: el creciente peso de la imagen y el número de seguidores en las redes sociales por encima del talento artístico.

Empezaste como cantante y fue después cuando decidiste aprender a pinchar. ¿Qué te llevó a querer controlar también la música que acompañaba a tu voz?

Desde muy pequeña he tenido muchas influencias musicales; he tocado muchos palos, pero la música que escuchaba por ocio siempre ha sido electrónica. Cuando era pequeña, la de los noventa y los 2000, me imagino que por influencia de mis padres. Y eso nunca paró. En la adolescencia, cuando empiezas a buscar la música que te gusta y a hacerte tus propias listas, lo que más escuchaba era EDM, house y todos esos estilos. Como también cantaba esa música en mis ratos libres, un día pensé: “A lo mejor puedo combinar las dos cosas”. Además, siempre me había llamado mucho la atención pinchar. Ahí empezó todo.

Hablas de los recopilatorios de electrónica que escuchabas de pequeña durante los viajes familiares. ¿Recuerdas algún artista, disco o canción que te marcara especialmente? ¿Y qué escuchas ahora cuando no estás trabajando?

Mi padre compraba los discos de Blanco y Negro Hits y los escuchábamos uno detrás de otro. Teníamos el del año 2000, el de 2001, el de 2002… Me los sabía todos. A mis padres les gustaba la música de los ochenta y el pop español, pero no sé si mis hermanos mayores les dijeron que compraran esos recopilatorios. Al final acabaron en el coche y, como yo era la pequeña, era la única manera de que estuviera tranquila. Todavía escucho muchos clásicos de aquella época e incluso los incluyo en mis sesiones, porque para mí son nostalgia pura y dura. También escucho muchísimo jazz, que siempre me ha gustado, y algo de música clásica, para contrarrestar un poco.

DJ Kkayvy
Kkayvi.
Javier Cuadrado

Hablas de house, afro house y referencias al sonido de Detroit. ¿Qué artistas o productores consideras fundamentales para entender tu selección musical?

No sabría decirte uno en concreto, pero probablemente la mayor influencia de mi infancia haya sido Bob Sinclar. En mi familia nos gustaba muchísimo. Escuchábamos todos sus grandes éxitos y es un sonido que me trae muchos recuerdos, que también incorporo bastante a mis sesiones. Siempre me ha gustado la complejidad musical, especialmente en las progresiones armónicas. Me he dado cuenta de que los artistas que más he escuchado son aquellos cuyas canciones tienen una mayor complejidad musical. No sabría decirte exactamente por qué me gusta. Es curioso porque, cuando analizas la música popular, normalmente encuentras estructuras mucho más sencillas. Eso no les resta valor, simplemente son más fáciles de escuchar para el gran público. Pero a mí siempre me ha atraído esa complejidad. Si analizas determinadas melodías y progresiones, encuentras influencias del jazz y de otras músicas más elaboradas.

Tu principal elemento diferencial es que cantas durante tus propios DJ sets. ¿Cómo funciona exactamente? ¿Improvisas sobre los temas que pinchas, preparas las intervenciones o decides sobre la marcha cuándo entrar con la voz?


Al principio incluía canciones que escuchaba en mi tiempo libre. De tanto repetirlas, me las aprendía y las iba cantando. De vez en cuando metía una en la sesión y pensaba: “Ah, pues esto está guay”. Ahora intento preparar una selección más cuidada, sobre todo las mezclas de los momentos en los que no voy a cantar. Tampoco lo llevo todo calculado al milímetro, porque me gusta adaptarme a lo que sucede. A veces no sabes qué público vas a tener delante ni cómo va a reaccionar a tu música. A lo mejor piensas que vas a hacer el calentamiento de una fiesta y finalmente te toca el cierre. No puedes limitarte a decir: “Esto es lo mío y al que le guste, bien, y al que no, que se vaya”. Hay que adaptarse un poco al público. Sí que tengo una estructura más desarrollada de cómo empezar, qué estilos utilizar y cómo introducir las canciones en las que canto. No paso dos horas cantando porque, aparte de que probablemente me moriría, creo que perdería el factor sorpresa. El público no sabe cuándo voy a coger el micrófono y ponerme a cantar, y esa incertidumbre está muy bien. Intento poner unas cinco canciones instrumentales y después una o dos en las que canto. A veces interpreto la melodía original de otro artista y otras veces utilizo una canción instrumental y empiezo a improvisar.

¿Podrías darme un ejemplo de una mezcla reciente?

A veces hago una mezcla de “Feel My Needs”, que es bastante famosa, con otra canción que se llama “Closer”, que no lo es tanto. Pegan muy bien y, mientras está sonando “Feel My Needs”, empiezo a cantar la melodía de la otra canción. Me gusta muchísimo cómo queda.

Existe cierto debate entre quienes defienden una música electrónica puramente instrumental y quienes incorporan elementos vocales, más próximos al pop o al eurodance. ¿Qué opinas? Si crees que hay debate siquiera. ¿Hay momentos en los que decides no cantar porque la música funciona mejor por sí sola?

Creo que ese debate existe y que tiene una base válida, porque los puristas defienden que el origen de esta música está ahí. Pero también creo que el equilibrio es muy importante. He ido a sesiones de DJ mucho más puristas, en las que solo había música instrumental, y me lo he pasado increíble. A mí me gusta mucho la música e intento disfrutar siempre de lo que escucho. En mis sesiones combino canciones sin letra, tanto clásicos como novedades, con otras en las que canto. Ese juego de ahora sí y ahora no me parece muy interesante, también desde el punto de vista del público. Además, creo que para alguien que no pertenece a ese nicho del house más puro es mucho más fácil acercarse al género a través de una canción con letra. Resulta más accesible. Pero, evidentemente, el house en su estado más puro es instrumental.

Has trabajado en Viena, Ibiza, Andorra y distintos locales de la Costa Blanca. ¿Qué diferencias encuentras entre esos públicos y esas escenas? ¿Hay algún lugar donde hayas sentido que podías desarrollar una propuesta más personal?

Sinceramente, entre que me he movido por muchos sitios y que el público de mi música en España es principalmente extranjero, no noto tanta diferencia entre unos lugares y otros. Al final, el perfil del público es prácticamente el mismo, aunque sean personas distintas. Suele ser gente que viene a España y quiere escuchar house. No sé muy bien por qué, pero aquí no prima tanto la música house ni la electrónica. Evidentemente, tiene un público muy bueno y muy amplio, pero la mayoría de la gente no sale de fiesta pensando que va a ir a una sesión de house.

Ibiza ha pasado de ser uno de los grandes laboratorios de la cultura de club a convertirse también en una industria turística gigantesca. ¿Qué Ibiza conociste tú? ¿Crees que todavía queda espacio para la experimentación musical?

Yo Ibiza solo la he conocido trabajando. Me hice una promesa: no iba a ir a Ibiza a menos que me llamaran para trabajar. Decidí que no me iba a gastar el dinero en ir por mi cuenta. Mis padres estuvieron allí en los ochenta, cuando eran jóvenes, y les encantó. Me hablaban de aquel espíritu hippie, de algo mucho más flower power. Evidentemente, ahora ha cambiado muchísimo. Es una pregunta complicada porque podría meterme en terrenos pantanosos. Lo que más me preocupa no es tanto el exceso de turismo, que evidentemente tampoco es bueno, sino el tipo de turismo que llega. En mi trabajo me muevo por ambientes que a veces son bastante oscuros, entre comillas. Hay determinadas actividades recreativas vinculadas a la fiesta con las que no estoy nada de acuerdo. Nunca las he practicado ni pienso hacerlo. Me preocupa que ese tipo de turismo se centre en actividades peligrosas que acaban desvirtuando el objetivo de salir, disfrutar y pasarlo bien. No creo que sea necesario recurrir a esas prácticas para divertirse, ni en Ibiza, ni en Alicante, ni en Madrid, ni en ninguna parte. Pero es una realidad que se han promovido bastante, y eso es lo que me parece más peligroso para el turismo de lugares como Ibiza.

DJ Kkayvy
Kkayvi.
Javier Cuadrado

También trabajas en eventos privados, donde la música tiene que adaptarse a lo que busca el cliente. ¿Cómo compaginas esa faceta con el deseo de construir una identidad artística reconocible?

Este año me he centrado mucho en desarrollar mi imagen y mi estilo musical. Sigo haciendo eventos privados y me encantan, porque el ambiente es mucho más cercano. Tienes una relación más directa con el cliente, con la marca o con la persona que te contrata. También estás mucho más cerca del público. Pero tomé una decisión: me voy a adaptar al cliente, evidentemente, aunque dentro de unos límites. No voy a manchar mi imagen ni mi reputación por aceptar un evento en el que quieren que pinche una música completamente distinta a la que hago. Eso ya lo hice cuando empecé. Ahora estoy centrada en mi música y en mi estilo. Los clientes que buscan mi sonido y mi imagen me contratan. A quienes simplemente quieren un DJ que esté allí como un radiocasete, lo siento mucho, pero tengo que decirles que no. Tengo que ser fiel a mí misma.

Tu próximo proyecto es un EP de house. ¿Qué vas a poder expresar a través de tus propias composiciones que todavía no hayas conseguido transmitir en tus sesiones? ¿En qué fase se encuentra?

Está completamente al principio. Este verano decidí que quería hacerlo y monté un estudio en mi casa. Cogí a mi pareja y le dije: “Esta habitación va a ser un estudio”. Él también ha producido música y es un apasionado, así que estuvo totalmente de acuerdo. Todavía estoy empezando, pero me gustaría ir introduciendo mis propias composiciones en las sesiones. Cuando tenga un primer borrador de una canción que esté suficientemente bien, quiero probar cómo reacciona la gente. Llevo componiendo desde que tenía unos diez o doce años. Soy bastante amateur con el piano y otros instrumentos, pero me las he ido apañando. Cuando tenía unos quince años saqué una canción, aunque era más bien pop. En aquel momento no tenía claro qué quería hacer. Ahora sí sé cuál es mi nicho, mi sitio, mi música y mi sonido, porque llevo años trabajando en esto. En realidad, creo que ya lo sabía de pequeña, pero no quería escucharme a mí misma. Pensaba que era simplemente una afición. Tengo mucha formación musical, especialmente en jazz y composición, y creo que puedo aportar un sonido particular al house.

Como mujer que combina el canto y la selección musical, ¿has sentido alguna vez que el público o los promotores prestaban más atención a tu imagen o a tu faceta de cantante que a tu trabajo como DJ?

Totalmente. Algunos compañeros de cabina me han llegado a hacer comentarios como: “Si yo tuviera 20 años y fuera guapa como tú, también estaría haciendo esto”. No suelo tomármelos a mal, pero me han servido para querer mejorar. Pienso: “¿Te crees que estoy aquí solo porque soy guapa o porque soy una chica? ¿O porque la discoteca quiere presumir de contratar a mujeres?”. No. Yo quiero estar aquí porque realmente mi trabajo vale. Puede que al principio me dieran una oportunidad porque no tenían a nadie y fui yo quien se ofreció. Pero si me he mantenido, es porque valgo como DJ. La gente no siempre se da cuenta de la presión que tiene este trabajo. Muchas veces no hay margen de error. Si haces una mala mezcla o te equivocas gravemente, puedes vaciar una sala. Lo he visto. He visto a algún compañero entrar en cabina después de haber bebido demasiado y que la pista se vaciara en cuestión de segundos. El público no te da muchas oportunidades. La gente sale para disfrutar y, si no le gusta lo que estás haciendo, se va a otro sitio o directamente a su casa. Por eso, si la gente sigue viniendo a verme, se queda y se lo pasa bien, creo que no es porque sea mujer o porque sea guapa. Es porque mi trabajo vale. Porque valgo como DJ.

¿Hay algo más que quieras añadir para terminar?

Volviendo a esta última pregunta, creo que debería producirse un cambio y empezar a valorar el trabajo de las mujeres que realmente tienen talento. No simplemente porque tengan miles de seguidores, se vistan de determinada manera o sean guapísimas y funcionen como reclamo para atraer hombres a una discoteca. El oficio de DJ debería estar determinado por el talento de cada artista, no por su imagen.

Has mencionado a los seguidores. ¿Hasta qué punto influyen las redes sociales en las contrataciones?

Muchísimo. Me lo han dicho directamente: “Me encanta lo que haces, eres genial, pero es que no tienes más de tantos seguidores”. Y en ese momento pienso: “Si valoras más el número de seguidores de Instagram, que además hay gente que los compra, que el trabajo y el valor del artista, tampoco me interesa que me contrates”. Si buscas eso, tienes miles de influencers que se hacen DJ. Pues contrátalos. No tengo nada en contra de los influencers. Si han tenido éxito, me alegro por ellos, porque entiendo que también requiere esfuerzo y trabajo. Pero no quiero que me quiten oportunidades ni que el estándar de mi profesión sea tener determinado número de seguidores. Mi trabajo nace del arte, de saber hacer disfrutar a la gente en una fiesta o en un evento. Entiendo que cuantos más seguidores tenga un DJ, más posibilidades parece que hay de llenar una sala. Pero esa también es responsabilidad de la propia sala. Mi trabajo no es ser influencer de redes ni dedicarme a promocionar fiestas. Ese es el trabajo de las promotoras. Para eso existen y para eso invierten dinero en publicidad. Evidentemente, ayuda que tenga un público establecido y que quienes siguen mi sonido quieran venir a verme. Pero mi trabajo no es promocionar. Mi trabajo es pinchar.

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