En las memorias de Juan Carlos I, Reconciliación, hay un espacio breve para Irene de Grecia. Bastan unas cuantas menciones para dibujar, sin embargo, la posición que ha ocupado durante décadas: la de presencia constante junto a la reina Sofía y figura habitual en los escenarios familiares más reconocibles de la monarquía española, desde La Zarzuela a Marivent.
La Princesa Irene (hermana de la Reina Sofía) se instaló de forma estable en La Zarzuela en los años 80, después del exilio de la familia real griega y tras el fallecimiento de su madre, Federica de Grecia. El propio Juan Carlos recuerda en su relato cómo aquel exilio marcó la vida de la familia política de Sofía: el rey Constantino II, hermano de la reina, perdió la Corona en 1967 y terminó viviendo primero en Italia y después en Reino Unido. Ese desarraigo familiar explica, en parte, que Irene terminara convirtiendo La Zarzuela en su hogar definitivo.
En Reconciliación, Juan Carlos presenta a Irene de Grecia casi siempre unida a la figura de Sofía. Su papel aparece asociado a la vida privada de la Reina: compañía, rutina doméstica, veranos en Mallorca y celebraciones familiares. De hecho, una de las frases que cita el texto para fijar esa idea es la que Irene pronunció en su día ante Pilar Urbano: “Mi lugar está con Sofía”. La frase resume la naturaleza de una relación fraternal que, en la práctica, también ha marcado el día a día de la familia real española.

El emérito la menciona al hablar del verano en Mallorca. En su libro recuerda que la Reina Sofía sigue pasando temporadas estivales en Marivent “con la mayor discreción” y acompañado ese tiempo por su hermana, la Princesa Irene. Lo enmarca en una idea de continuidad: Mallorca como lugar emocional y familiar para Sofía y como punto de encuentro con nietos, parientes y la rama griega de la familia.
No es una referencia anecdótica: subraya que Irene forma parte de esa imagen reconocible de Marivent como espacio familiar, donde se mezclan tradición y privacidad, y donde la presencia de la hermana de la reina ha sido habitual durante décadas.
La Zarzuela, Nochebuena y una mesa compartida
Las menciones navideñas refuerzan ese mismo patrón. Juan Carlos evoca sus celebraciones de Nochebuena en La Zarzuela y describe un encuentro familiar en el que se sentaban “mis hermanas, mis sobrinos, mis hijos, mi mujer y su hermana, la Princesa Irene”. El detalle es revelador porque no la sitúa como invitada ocasional, sino como integrante fija del núcleo familiar que se reunía al menos una vez al año, antes de que cada uno celebrara el fin de año por separado.
En el libro también aparece Irene vinculada a la rutina diaria de cuando Juan Carlos era rey. En el pasaje donde reconstruye su agenda, detalla que a las dos de la tarde se reunía “con mi mujer y su hermana Irene para comer en el comedor de la Zarzuela”. La escena apunta a un dato sencillo: Irene compartía espacio y horarios con los reyes en una dinámica de convivencia prolongada, sin necesidad de grandes explicaciones.

El viaje de 2022: una presencia señalada en un momento sensible
Otra mención significativa es la que el emérito introduce al recordar su primer viaje a España desde Abu Dabi en mayo de 2022. Juan Carlos reconstruye un almuerzo en La Zarzuela donde, según escribe, se reunieron la Infanta Elena con sus hijos, Irene de Grecia, y también la reina Letizia y la infanta Sofía, que regresaba del colegio.
La forma en que narra aquel episodio tiene dos capas: por un lado, enumera quiénes estuvieron presentes; por otro, desliza una sensación personal de distancia respecto a lo que fue su casa, al describir la comida como “ordinaria” y recordarse a sí mismo como “el invitado” en La Zarzuela. En ese listado de asistentes, Irene vuelve a aparecer como figura estable del entorno cotidiano de Sofía.
Del inicio de la relación a la boda de 1962
En el tramo más retrospectivo del libro, Juan Carlos menciona a Irene al relatar el inicio de su relación con Sofía, cuando la describe como una joven con una vida activa: estudiaba arqueología “con su hermana Irene”, colaboraba en un hospital pediátrico y navegaba con su hermano Constantino. Es una alusión breve, pero coloca a Irene en el relato familiar desde el origen, antes incluso del matrimonio.
Y vuelve a aparecer en el episodio de la boda de 1962 en Atenas. Juan Carlos recuerda cómo, junto a la novia, estaba su hermana Irene como parte del entorno inmediato. En esa escena, Irene figura entre las damas de honor, dentro del grupo de jóvenes aristócratas y miembros de casas reales europeas que rodearon a Sofía aquel día.

Un papel secundario, pero constante
El tratamiento que Juan Carlos hace de Irene en Reconciliación no construye un personaje propio: la presenta casi siempre como acompañante de Sofía y como parte del engranaje familiar cotidiano. Precisamente por eso, la suma de esas menciones funciona como un retrato indirecto: Irene aparece como una figura que no ocupa el centro institucional, pero sí un lugar doméstico y emocional relevante, sostenido en el tiempo.
Así, Irene de Grecia ha sido, durante décadas, una de las presencias más estables y menos visibles de la familia real española. Una constante sin cargo, sin agenda pública propia y con un papel íntimo que el propio Juan Carlos reconoce sin subrayarlo: el de vivir al lado de la reina Sofía.


