El 11 de mayo de 1613, Luis de Góngora envió desde Córdoba a Pedro de Valencia el manuscrito de la primera de sus Soledades. Aquel poema, de más de mil versos, iba a provocar una de las grandes controversias literarias del Siglo de Oro. Su sintaxis enrevesada, sus referencias mitológicas y la extraordinaria libertad con que trataba las palabras desconcertaron a quienes consideraban que la poesía debía ofrecer un significado reconocible. Mientras Góngora transformaba el lenguaje, España atravesaba una crisis económica que estaba modificando la relación entre el dinero y su valor.
Ana Garriga ha encontrado en la coincidencia de ambos acontecimientos el punto de partida de Oro líquido. Desorden literario, alquimia y crisis en la España del siglo XVII (Alianza Editorial), un ensayo que propone reconsiderar uno de los periodos más estudiados de nuestra historia cultural. La investigadora examina cómo las transformaciones económicas, las incertidumbres científicas y las disputas literarias formaron parte de una misma experiencia histórica: la de una sociedad que comenzaba a desconfiar de las correspondencias aparentemente estables entre las cosas y su representación.
En 1602, Felipe III había autorizado la acuñación de monedas de cobre sin la proporción de metales preciosos que tradicionalmente respaldaba su valor. La medida, relacionada con los problemas financieros de la Monarquía Hispánica, contribuyó a alterar la percepción del dinero. El vellón se convirtió en uno de los síntomas más visibles de un sistema económico sometido a fuertes tensiones, agravadas por la inflación y las consecuencias de la expansión colonial.
Garriga relaciona aquella inestabilidad monetaria con las posibilidades expresivas que exploraban los escritores barrocos. Si una moneda podía circular con un valor que ya no dependía directamente de los metales que contenía, también las palabras podían adquirir significados cada vez más alejados de sus referentes inmediatos. La comparación permite estudiar la literatura desde una perspectiva poco habitual, atendiendo a los vínculos entre la economía material y la producción cultural.
La alquimia desempeña un papel fundamental en esa interpretación. Durante los siglos XVI y XVII, esta disciplina ocupaba un territorio ambiguo entre la investigación sobre la naturaleza, la especulación filosófica y las prácticas fraudulentas. La posibilidad de transformar unos metales en otros alimentaba tanto las expectativas de enriquecimiento como las reflexiones sobre la materia y sus propiedades.
Para Garriga, ese imaginario ofrece una herramienta especialmente fértil para comprender la literatura barroca. Góngora, Lope de Vega y Quevedo escribieron en un mundo fascinado por las transformaciones y preocupado por la autenticidad de las apariencias. La alquimia proporcionaba imágenes y conceptos con los que pensar las mutaciones del dinero, del lenguaje y del propio conocimiento.

El ensayo también invita a revisar la expresión “Siglo de Oro”, cuya luminosidad suele ocultar las contradicciones históricas del periodo. La extraordinaria producción artística convivió con el endeudamiento de la Corona, las desigualdades sociales y las consecuencias de la explotación colonial. La riqueza procedente de América alimentó una economía cuyas dificultades terminaron afectando profundamente a la sociedad peninsular.
Esta lectura permite comprender por qué el Barroco desarrolló una sensibilidad tan atenta al engaño, la apariencia y la inestabilidad. La complejidad de sus formas literarias puede interpretarse también como una respuesta a un mundo en el que las categorías tradicionales comenzaban a resultar insuficientes.
Ana Garriga es doctora por la Universidad Autónoma de Madrid y por Brown University, e investigadora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Su trabajo se centra en la literatura y la cultura de la temprana modernidad, especialmente en sus relaciones con la historia de la ciencia y la economía.
Desde 2020 codirige junto a Carmen Urbita Las hijas de Felipe, un proyecto de divulgación que ha conseguido acercar el mundo del Barroco a una comunidad amplia de oyentes. Ambas publicaron también Instrucción de novicias. Vidas del convento barroco para guiar tu presente (Blackie Books, 2026), dedicado a recuperar experiencias femeninas de la vida conventual.
Con Oro líquido, Garriga amplía esa tarea de revisión histórica y propone leer a los grandes autores del siglo XVII desde las preocupaciones materiales e intelectuales de su tiempo. Su planteamiento permite descubrir una dimensión menos conocida de obras que continúan estudiándose como monumentos de nuestra tradición literaria: su participación en los debates de una sociedad profundamente inquieta por el valor de las cosas, la fiabilidad de los signos y las posibilidades de transformación del mundo.

