Laura Diepstraten (Pulpí, Almería, 2006) se dio a conocer siendo todavía una niña gracias a concursos televisivos como La Voz Kids, donde formó parte del equipo de Rosario Flores y Rosana, y Got Talent. Nacida prematuramente, un desprendimiento de retina le provocó una ceguera que le permite únicamente percibir la luz. Sin embargo, a sus veinte años, la cantautora tiene claro que no quiere que su discapacidad defina su identidad artística.
Acaba de publicar Notas de salida, su álbum debut, un proyecto que reúne composiciones escritas desde los catorce años y que presentó el pasado martes en el Intruso Bar de Madrid con un concierto accesible organizado junto a la Fundación Music for All. La gira continuará el 12 de noviembre en Vigo y el 15 en Zaragoza.
Diepstraten visita la redacción de Artículo14 para hablar de su evolución musical, las canciones del disco, sus referentes y las barreras que todavía encuentra la cultura para garantizar la accesibilidad.
Tu disco reúne canciones escritas durante varios años de tu adolescencia. ¿Qué diferencias encuentras entre la Laura que escribió las primeras y la que las canta ahora?
Hay una evolución muy grande porque, aunque empecé a componer con catorce años y puedes pensar que seis años no son tantos, son seis años llenos de muchísimos cambios, de ese paso de la adolescencia a la edad adulta. Hay una diferencia muy grande en la manera de ver las cosas. Algunas canciones tratan sobre las barreras que me he encontrado en mi vida; otras, sobre el amor o el desamor. Reflejan un poco lo que he ido viviendo durante esa transición.
¿Hay alguna canción del disco que hoy escribirías de otra manera?
¡Un montón! De hecho, fue una de las cosas que más me rayaban al sacar el proyecto, porque ahora estoy estudiando música moderna y, cuando compuse esas canciones, estudiaba música clásica. Ya hacía cosas de música moderna, pero ahora estoy profundizando mucho más en el canto moderno y cambiaría mil cosas. El otro día, un profesor me dijo que un disco es como una fotografía de una época de nuestra carrera musical. Aunque he cambiado algunas cosas de las canciones, me apetecía plasmar esa transición y me gusta que haya quedado reflejada en el disco.
Tu música se apoya mucho en el piano, la guitarra y unas letras bastante directas. ¿Es una decisión consciente buscar esa sencillez o te gustaría experimentar con otros sonidos?
Yo compongo las canciones al piano. Para este disco he trabajado con profesores míos y en un estudio de mi pueblo, donde me han ayudado con los arreglos. También he contado con músicos que han tocado la guitarra, la batería y el bajo, y les estoy muy agradecida. Pero en mis siguientes proyectos quiero estar mucho más presente en la parte de los arreglos, precisamente porque ahora me estoy formando en ello. Ese es uno de mis retos de futuro. En este disco he recurrido a instrumentos más esenciales porque me apetecía hacer algo íntimo, un formato un poco de toda la vida. Pero en próximos temas quiero explorar la música electrónica, experimentar con sonidos nuevos y participar mucho más en todo el proceso.
En “Mi ciencia” cantas “Te asignaron una palabra”. ¿A quién va dirigida esa canción?
La historia de “Mi ciencia” es muy curiosa porque, cuando se la enseñé por primera vez a mi padre, pensaba que era una canción de amor. ¡Pero no va de amor! Mi ciencia es la música, porque creo que es una ciencia en la que siempre quedan cosas por descubrir. Por eso digo “Voy aprendiendo tu teoría”. Tiene que ver con formarte y con descubrir que siempre hay mil cosas nuevas que puedes aprender sobre la música.
En “Otra visión” dices que hay que imaginar para mirar. ¿Te preocupa que el público interprete todas tus canciones a través de tu discapacidad visual?
Sí, totalmente. Es mi gran preocupación y mi gran lucha. Es verdad que en “Otra visión” cuento mi manera de ver el mundo y que esa canción sí está relacionada con la discapacidad visual. Pero luego hay otros temas que hablan de amor, de desamor, de muchísimas cosas que no tienen nada que ver con eso. Siempre digo que la discapacidad visual forma parte de mí, igual que una persona es rubia, morena o lo que sea, pero mi música va por delante de todo eso. Y te agradezco que también lo interpretes así, porque hace falta mucho cambio en ese sentido. Muchas veces la gente se queda con una parte muy superficial de la artista ciega. Y es como: tengo nombre y apellido y luego puedes decir que no veo, ¿sabes?
En “A pleno pulmón” reivindicas que no te importe cómo te miran. ¿Es una seguridad que siempre has tenido o algo que has aprendido a construir?
“A pleno pulmón” es totalmente un canto a la seguridad y a la libertad. Se la compuse un poco a una amiga, con esa idea de disfrutar y de no tener tan en cuenta lo que digan o piensen los demás, porque a todos nos pasa. Yo, aunque no lo parezca, soy una persona bastante insegura y muy, muy autoexigente. Estoy trabajando en ello porque en este mundo hay que tener bastante seguridad. La música me ayuda a tenerla, pero necesito confiar más en lo que hago. Creo que tiene que haber un equilibrio entre exigirte hacer las cosas mejor y valorar lo que ya has conseguido. A veces cuesta mucho, porque piensas: “Esto podría haberlo hecho así, esto podría haber quedado mejor…”. Pero también hay que saber reconocer lo que haces bien. A mí me gusta que me digan las cosas malas también, no solamente que todo está muy bien. Creo que se trata de encontrar ese equilibrio. Estoy en ello.
Tienes dos canciones tituladas “Amor de niñez” y “Amor de verano”. ¿Qué diferencia hay entre las dos formas de entender el amor que aparecen en ellas?
“Amor de niñez” trata de la manera que tenemos de querer cuando somos niños. Me di cuenta, cuando era adolescente, de que los niños no juzgan tan rápido. Un niño va al parque, conoce a otro y se pone a jugar con él. Pero cuando llegas al instituto, de repente todo el mundo juzga a todo el mundo. Empiezas a seleccionar quién entra en tu círculo y quién no. Está bien saber con quién te relacionas, pero no deberíamos juzgar a las personas por su apariencia, sino por lo que son. “Amor de niñez” habla de esa inocencia y de esa disposición a conocer a los demás sin miedo. “Amor de verano”, en cambio, habla literalmente de una historia de amor con un chico durante el verano. Y también está “Lo llaman amor”, que trata sobre ese primer amor que se acaba, pero que te ayuda a descubrir lo que significa el amor para ti en ese momento, aunque después puedas entenderlo de otra manera.
En “Madres” utilizas imágenes bastante elaboradas, como la de ser una hipérbole en la vida de alguien. ¿Qué relación tienes con la poesía y qué autores te han influido al escribir?
Cuando compuse esa canción, estaba muy metida en la literatura. Me dio mucho por leer a Bécquer, a Lorca y a otros autores. Me inspiré en ellos e introduje esas figuras retóricas en la canción. Creo que la poesía y las figuras retóricas permiten representar muchísimas cosas de la vida.
“Miedo a volar” habla de abandonar el hogar familiar. ¿Qué te da más vértigo de empezar a construir una vida independiente?
Ahora ya he pasado por eso, pero cuando compuse “Miedo a volar” todavía no. Soy de Pulpí, un pueblo de Almería, y ahora estoy estudiando en Barcelona. Fue un cambio muy grande pasar de un pueblo a una ciudad como Barcelona, irme sin mi familia y sin mis amigos. Te entran muchísimos miedos y de ahí viene ese miedo a volar, a hacer tu propia vida. Ahora tengo otros miedos distintos, pero ya estoy más asentada. Fue un cambio muy importante que me daba mucho miedo. De ahí surgió la canción.
Has pasado por programas como La Voz Kids y Got Talent. ¿Qué has tenido que desaprender de los concursos para encontrar tu identidad como artista?
Es verdad que los concursos están muy bien porque te abren oportunidades, pero también te quedas con esa etiqueta de “la chica que salió en Got Talent“. Estoy súper contenta de haber participado porque fueron experiencias muy enriquecedoras. Además, siempre iba sin ninguna presión. Era menor de edad y mis padres me apoyaban, pero nunca me presionaron. Si pasaba de fase, bien, y si no, me iba a mi casa. Pero después tienes que desaprender ciertas cosas y buscar tu propia identidad, descubrir qué quieres hacer. Es un proceso lento, de pensar mucho y también de equivocarse.
¿Qué artistas escuchas actualmente que te hagan pensar: “Me gustaría hacer algo así”?
Me inspira muchísima gente, incluso artistas cuya carrera sé que probablemente no se parecerá a la mía. Por ejemplo, Esperanza Spalding me inspira mucho vocalmente. También me gusta el tipo de carrera que lleva Chiara Oliver, que salió de Operación Triunfo, y Amaia. Me gustan mucho sus espectáculos y la manera en que plantean sus carreras. Me identifico bastante con ese tipo de formato.
Si dentro de cinco años alguien escucha tu segundo o tercer disco, ¿qué te gustaría que hubiera cambiado respecto a Notas de salida?
Me gustaría que hubiera una mayor riqueza de sonidos, más riqueza armónica y colaboraciones con otros artistas. Por ejemplo, con algunas de las que he mencionado [risas].
¿De dónde viene el título Notas de salida?
A mí me encanta el mundo de los olores y de los perfumes. Normalmente, cuando buscas información sobre una fragancia, te fijas en sus notas de salida. Pero es que la música también está formada por notas musicales. Las notas musicales han hecho que mis emociones, que muchas veces no soy capaz de expresar con palabras, salgan a través de la música. Gracias a ellas puedo expresarme. De ahí viene Notas de salida, de ese paralelismo entre los perfumes y la música.
¿Qué medidas hacen que un concierto sea verdaderamente accesible?
Puede haber intérpretes de lengua de signos, subtitulado, audiodescripción, espacios accesibles y zonas preferentes. Son muchísimas medidas y seguro que me estoy dejando algunas. A veces también se utilizan mochilas vibratorias para que las personas con discapacidad auditiva puedan sentir la música a través de las vibraciones en su cuerpo. Gracias a este proyecto también se presentó una guía de accesibilidad, algo que me hace muchísima ilusión porque la accesibilidad es otra de mis pasiones, junto a la música. Para mí tiene que formar parte de todo desde el minuto uno.
¿Por qué es importante normalizar la discapacidad en los espacios culturales?
Porque la accesibilidad tiene que integrarse, no solamente para quienes la necesitan, sino también para que se naturalice en la sociedad. Yo siempre digo que la discapacidad hay que naturalizarla. A mi entorno ya le da igual que yo vea o no vea. Pero en la vida te encuentras con oportunidades laborales que se te cierran y con muchas otras barreras. Por eso hay que evitar el desconocimiento que lleva al miedo. Y creo que una de las mejores maneras de evitarlo es naturalizar estas situaciones.

