La crítica ★★★★☆

‘Sorry, Baby’ rebate con humor certero los tópicos sobre las víctimas de agresión sexual

La ópera prima de Eva Victor explora la maraña de emociones con la que una mujer sometida al trauma sexual puede tener que lidiar

Las sociedades occidentales parecen estar de acuerdo en que todas las víctimas de violación deberían sentir más o menos lo mismo: ira sin paliativos, o sed de venganza, o paralizante conciencia de víctima; y, en consecuencia, también existen expectativas creadas e ideas preconcebidas sobre cómo el cine debería abordar el tema. Sorry, Baby desafía todos esos prejuicios. A la vez divertida, triste, reflexiva y aguda en sus observaciones, la ópera prima de Eva Victor como guionista y directora explora la maraña de emociones con la que una mujer sometida al trauma sexual puede tener que lidiar, y en el proceso rehúye tanto el retrato lúgubre de los daños psicológicos como la visión lacrimógena del proceso de sanación. En cambio, Victor exhibe mucho más tacto mientras observa cómo una violación cubre de una espesa niebla la vida de quien la sufre, remodelándola, condicionándola y desviando su rumbo de maneras sutiles pero profundas. No es un tema novedoso pero, aun así, la claridad con la que la directora lo aborda resulta reveladora.

Escena de la película ‘Sorry, baby’

Sorry, Baby contempla a su protagonista, Agnes —interpretada por la propia Victor— a lo largo de cinco capítulos, en distintos momentos desde los días inmediatamente previos repartidos a lo largo de un período de unos cinco años y presentados sin orden temporal lineal. En el primer capítulo, más o menos correspondiente al cuarto año cronológico, Agnes recibe la visita de su antigua compañera de piso y de estudios, Lydie, que vive en otra ciudad. Siguen siendo amigas íntimas, y su cercana relación, basada en una lealtad inquebrantable, se convierte en la clave de toda la película. Mientras Lydie deja que la vida siga su curso —se casa, tiene un hijo…—, Agnes permanece atrapada en el tiempo. Ahora ejerce de profesora universitaria a tiempo completo pero, al margen de su carrera, nada avanza; incapaz de aventurarse en un mundo en el que ya no confía, ha reducido su vida a lo mínimo y, aunque sus palabras muestran vis cómica e ironía; sus ojos delatan heridas interiores.

Aunque resulta fácil de intuir desde el principio, el motivo queda en evidencia en el capítulo siguiente, que narra el principio de su historia. Agnes, aún estudiante, está trabajando en su tesis, y el profesor que la supervisa decide a última hora que la tutoría final tenga lugar no en un aula o un despacho, sino en su propia casa. Allí ocurre lo terrible, y Victor lo filma desde el exterior del edificio, en tres planos fijos y en silencio. No hace falta más.

Escena de la película ‘Sorry, baby’

Sorry, Baby arremete contra las instituciones y contra quienes fallan de forma sistemática a las víctimas de violación, ya sean doctores insensibles o funcionarias escolares que fingen solidaridad mientras eluden cualquier responsabilidad legal. Pero, en cualquier caso, la película evita los juicios morales; su argumento es que cada persona debería poder procesar el trauma a su manera, y que cada narradora debería tener la misma libertad a la hora de hablar de ello. Victor, decimos, maneja múltiples líneas temporales para recordarnos que el proceso de reparación emocional ni es rápido ni avanza en línea recta; Agnes no reacciona de forma drástica, y se niega tanto a permitir que sus peores miedos echen a perder sus alegrías como, en concreto, a sacrificar su apetito sexual. Mientras la observa, la película se muestra paciente y segura de sus propios ritmos, y grácil al alternar lo liviano con lo sombrío y lo melancólico con lo alegre.

Escena de ‘Sorry, baby’.

En su centro mismo está la interpretación de Victor, un deslumbrante catálogo de expresiones matizadas y de entonaciones ambiguas. Su trabajo nos hace empatizar con Agnes, pero también logra que nos sintamos algo frustrados que el modo que la joven tiene de disfrazar sus anhelos y necesidades a base de sarcasmo y evasivas. El humor, sea como sea, es el elemento más impactante de la película. Victor lo usa no para suavizar la gravedad del tema tratado, sino para reivindicar su poder sanador esencial, y recordarnos que, incluso para quienes han sufrido una violación, la vida puede resultar hilarante de vez en cuando. Que una historia sobre ese tipo de trauma logre ser tan divertida como Sorry, Baby es un pequeño milagro.

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