Premios Goya 2026

Susan Sarandon, el ansia viva del cine

La actriz neoyorquina, columna de Hércules del mejor Hollywood, recibe el quinto Goya Internacional, en un ejercicio tan justo como marketiniano. Y es que de eso va el cine, amiguis

Susan Sarandon

La primera vez que vi a Susan Sarandon en la pantalla oscura fue en mi prehistoria cinematográfica, en la archifamosa Thelma & Louise, de Ridley Scott. Fue, de lejos, lo que más me gustó de ella, por dentro y por fuera, en una película que se me ha ido cayendo en posteriores visionados. Nunca antes había oído hablar de esta actriz. Fue Blade Runner Nº2, mi profeta audiovisual, quien acudió a los gritos de socorro de mi ignorancia cinéfila y me habló de El ansia, de Tony Scott, el hermano fiestero del primero, una rara joya de culto, pop y esteticista, cargada de erotismo, con unos vampiros muy modernos (David Bowie y Catherine Deneuve), que se chupaban (la sangre y más) entre ellos y en la que Sarandon brillaba en todo su esplendor físico y artístico.

Antes ya había dado buena muestra de su talento en otra pieza de culto, The Rocky Horror Picture Show y, especialmente, en su papel de aspirante a croupier en la extraordinaria Atlantic City, acompañando a un crepuscular Burt Lancaster. A partir de ahí, me enamoré de Susan Sarandon, al igual que otros/as 58.000 personas, por lo menos en España, como el pobre Joaquin Phoenix se enamora de una inteligencia artificial llamada Scarlett Johansson en la espléndida Her y, claro, nunca fui correspondido.

Susan Sarandon en The Rocky Horror Picture Show

Justo al tiempo de leer la nota de prensa de la Academia, me llega vía paloma mensajera un escueto: “Escribe un perfil a tu manera”. Serendipia desde el oculto palomar de mi querida jefa de Cultura, ubicua como los de producción.

Susan Sarandon, junto con alguno de sus predecesores en este ¿premio?, representa lo mejor que tiene el cine estadounidense, que ya es mucho: belleza, compromiso y talento. El llamado de manera injusta “cine mediano”, ese que está en vías de extinción y que se sitúa en medio del cine subrayado de las plataformas y que está empezando a inundar Hollywood, y el sempiterno “cine de autor”, más potente que nunca gracias a los festivales caviar y a los productores kamikaze, pero que apuntala y sirve de base para la mejor narrativa americana.

Obras como Las brujas de Eastwick, El aceite de la vida, El cliente, A cualquier otro lugar, Quédate a mi lado, En el valle de Elah o Los búfalos de Durham (donde conoció a su sosias Tim Robbins), están cosidas a la imaginería popular gracias a los grandes estudios. Con este último formó durante más de veinte años una inteligente pareja-espía, insertada dentro del mainstream más zurdo, pero pegándole patadas en la espinilla y creando una de las mejores duplas artístico-sentimental. Juntos parieron el filme en el que Sarandon alcanzó el cenit de su carrera y le valió su único Oscar a la Mejor Actriz. Pena de muerte, un durísimo y frío alegato contra la pena capital y un estudio de la contradicción humana.

La actriz de teatro estadounidense Susan Sarandon

En su papel de la religiosa Helen Prejean, Susan Sarandon aporta todos los matices, sin maquillar, de la abyección del ser humano. Superlativa interpretación en su, probablemente, mejor película y obra maestra de Robbins. Y así ha seguido hasta ahora, escogiendo sus trabajos con escuadra y cartabón y envejeciendo por dentro y por fuera con la dignidad de quien siempre estuvo escorada y nunca necesitó a un cirujano a lo Bruce Willis para la que le recauchutara y le pusiera la cara de Monchito.

La Academia de las Artes Cinematográficas de España, acostumbrada a pegarse importantes tiros en el pie año tras año, últimamente está acertando  con sus Goyas Internacionales y en esta edición vuelve a hacerlo.  Todos sabemos (eso quiero creer) que al igual que en los grandes festivales, esto obedece a una amplia estrategia de marketing para venderse en el circuito internacional.

Y me parece estupendo, faltaría más. Pero es que además, en este caso, negocio y calidad van unidos. Susan Sarandon, como decía antes, representa lo mejor de una parte troncal del séptimo arte que estamos obligados a no perder. Una filmografía que cabalga entre el puro entertainment de qualité,  el cine de denuncia y una presencia fuera de las pantallas, política y comprometida, de la que muchos deberían tomar nota.

Así que si el próximo 28 de febrero la ceremonia anual de los Goya te parece un petardo, como casi todos los años, espera el momento en el que la luz de Susan Sarandon resplandezca sin necesidad de un foco. No sé lo que dirá en su discurso, pero te aseguro que será sexi, inteligente y reivindicativo. Igual que ella.

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