Desde el inicio de la guerra entre Estados Unidos e Irán, las bases de la OTAN han sido una pieza codiciada en la estrategia del Ejército estadounidense. Sin embargo, España y Alemania se han convertido en los principales detractores del conflicto, un rechazo que ha puesto en jaque las relaciones entre Europa y Washington.
Tras el reciente encuentro entre Donald Trump y el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, en la Casa Blanca, ha surgido la noticia del posible “cierre de las instalaciones militares” estadounidenses en suelo europeo. Es precisamente en el centro de la tormenta política donde se encuentran las bases de Rota y Morón, señaladas como posibles bajas en un rediseño estratégico que busca castigar a los aliados considerados “poco colaboradores“.

Este descontento, sumado a la vieja herida por la negativa europea a facilitar la compra de Groenlandia, ha llevado a la administración Trump a considerar una medida drástica: el traslado de tropas desde los países que “no han ayudado“. Según informes recogidos por The Wall Street Journal, España y Alemania son los principales objetivos de este posible repliegue.
Morón y Rota
En España el Pentágono gestiona dos enclaves fundamentales cuya continuidad está ahora en entredicho. Sin embargo, el peso estratégico de ambos es dispar, lo que sitúa a la base sevillana en una posición de mayor vulnerabilidad.
Por su parte, la base de Morón de la Frontera se perfila como la opción más factible para un eventual cierre. Actualmente cuenta con apenas medio millar de solados estadounidenses y un número similar de personal civil. La función principal se centra en un centro logístico y de despliegue rápido para la Fuerza Aérea de EE. UU. Aunque tiene capacidad para albergar a más de 2.000 militares de forma permanente, su papel ha sido cuestionado en el nuevo marco de prioridades de Trump, que prefiere potenciar bases en países con una alineación política más estrecha.

Por el contrario, la base naval de Rota, en Cádiz, tiene un valor más significativo. El factor inicial es que está situada junto al estrecho de Gibraltar, la puerta de entrada al Mediterráneo. Además, alberga el despliegue de los destructores de clase Arleigh Burke. Actualmente hay cinco buques estacionados, con un acuerdo para llegar a seis, piezas clave del escudo antimisiles de la OTAN. Asimismo, es un punto de escala vital para aviones de gran carga como el C-5 Galaxy y el C-17 Globemaster III, así como para las naves de suministro de combustible KC-135. De igual manera, cuenta con cerca de 3.000 estadounidenses. Rota es una ciudad norteamericana en suelo español cuya desactivación supondría un coste logístico y operativo masivo para el Pentágono.

Un muro legal en el Capitolio
A pesar de las amenazas de Trump de abandonar la OTAN, organización a la que recientemente calificó de “tigre de papel“, el presidente se enfrenta a un obstáculo legal irónico. En 2023, una ley liderada por el entonces senador y actual secretario de Estado, Marco Rubio, impide que cualquier presidente retire al país de la Alianza sin la aprobación de dos tercios del Senado.
Al estar cerrada la vía de salida total, la administración Trump parece haber optado por la asfixia selectiva: retirar recursos, cerrar bases y desplazar el músculo militar hacia socios más dóciles. Para España, el desafío no es solo militar, sino también diplomático: decidir si mantiene su autonomía estratégica o si cede ante la presión de un Washington que ya no acepta la ambigüedad de sus aliados.
Mientras Mark Rutte intenta calmar las aguas asegurando que la mayoría de los socios sí apoyaron a EE. UU. en la crisis con Irán. Por consiguiente, en Morón y Rota se respira una tensa calma a la espera de que el Pentágono ejecute su próximo movimiento.
