SOLDADO DISFRAZADA

La historia de la mujer soldado que hizo la mili disfrazada de hombre en los cincuenta

Son diversas las historias de los ocultismos sobre el género en siglos pasados. Pero hay una que sucedió a comienzos de la década de 1950, que no tardó en correr como la pólvora

Julia Fernández, junto a un camión militar
José Delfín Val

Son diversas las historias de los ocultismos sobre el género en siglos pasados. Pero hay una que sucedió a comienzos de la década de 1950, que no tardó en correr como la pólvora. Y es la historia de Julia Fernández, una asturiana que hizo la mili en Valladolid bajo el nombre de Julio.

Esta mujer soldado disfrazada de hombre no sólo era realmente buena con las tareas de su sección (Automovilismo). También mostraba todos los comportamientos habituales del hombre en la época. Fue una investigación exhaustiva la que puso fin a su secreto.

Julia de nacimiento, “Julio” de hábito

Fotografía de Julia publicada en El Diario Regional
El Diario Regional

Julia Fernández González nació en el concejo de Langreo, Asturias. Todo apunta a que nació en la parroquia de Sama, aunque hay quien sugiere otras localidades. Pero las principales documentaciones apuntan a Sama.

Se decía que sus padres le habían vestido como un niño desde pequeña. Le compraron pantalones, le hacían el corte de pelo de estilo masculino, y le llamaron públicamente Julio.

La familia tenía un tío adinerado, el cual afirmaba que dejaría su fortuna al primer hijo varón de la familia. Y ese sería el motivo tras este encubrimiento.

En 1950, a “Julio” le llegó el momento de hacer el servicio militar. Así que puso rumbo al cuartel de La Rubia, en Valladolid, para cumplir con la obligación castrense.

Su destino fue la sección de Automovilismo, pues según se supo años después, “el joven” asturiano dominaba la mecanografía, conducía con mucha habilidad tanto coches como camiones, y mostraba hábitos considerados masculinos en la época. “Julio” bebía, fumaba e incluso tenía novia.

Todo este suceso lo describió y destapó el periodista José Delfín Val, en su obra Aire de siglos del año 2004. La censura había impedido publicar el artículo, y al hablar con el coronel y el suboficial de la compañía, José pudo contar toda la verdad del caso de “la militara”.

El joven Julio sirvió durante 18 meses, siendo “estimado por sus jefes y compañeros, que sabían apreciar, junto a sus dotes morales, su pericia en la tarea de conducir vehículo“. Era un soldado de primera para sus superiores. De esta manera lo relata Delfín Val.

La verdadera identidad de género de Julio/Julia se destapó a mediados de agosto del año 1951. Tenía 21 años, y por primera vez, se iba a saber públicamente que aquel hombre era en realidad una mujer soldado disfrazada.

El descubrimiento de la mujer soldado disfrazada de hombre

Imagen coloreada de “Julio”, en un recorte de periódico de la época
José Delfín del Val

Resulta que un soldado de su sección denunció la desaparición de su cartera, lo cual llevó a un exhaustivo registro. Al registrar a Julia y sus pertenencias, se detectó una “cierta anormalidad”. Justo el día después de dicha inspección, confesó su verdadero género ante el jefe del cuartel. Los médicos corroboraron su revelación.

Esta noticia no tardó en expandirse, incluso llegó a los medios norteamericanos. El asombro se apoderó de sus compañeros, que jamás se imaginaban que era mujer. “Incluso los hermanos de la muchacha, algunos de ellos casados” lo creían, de acuerdo con los reportes del momento.

El revuelo acabó con Julia siendo alejada del cuartel, y llevada al Hospital Militar bajo el cuidado de las religiosas. Un periodista de El Norte de Castilla quiso hablar con ella, pero no cedió declaración alguna, tras el disgusto y el abordamiento de algunos medios respecto a su caso.

Las religiosas le contaron que hablaba con voz de hombre, aumentando el tono. Pero no dijeron nada más, y la gente quedó con la duda tras las motivaciones del secreto de Julia: si fue por la herencia prometida, o para acudir ella al servicio y no uno de sus hermanos que se negaba a hacerlo, o por obligación de sus padres para suplantar a un fallecido…

Se desconoce cuál fue el paradero de la mujer soldado asturiana. Delfín Val sugiere que acabó en el Colegio de Huérfanos del Ejército, siendo obligada a aprender “conductas femeninas”. También pudo descubrir que estuvo conduciendo la ambulancia de un sanatorio en Valladolid. Pero, a partir de ahí, no se sabe nada más.

Quizá sigue viva, y es Julia o ha vuelto a ser Julio. Sea como sea, su particular historia dio la vuelta al país y al mundo. Y, ya a mediados del siglo pasado, Julia demostró que las mujeres podían realizar las mismas labores castrenses que los hombres.

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