La historia de la Guardia Civil está marcada por hitos poco conocidos que explican mejor que ningún discurso cómo ha evolucionado la institución. Uno de ellos es la existencia de una primera y única promoción de matronas diplomadas, integrada por 69 mujeres que, durante años, desempeñaron una labor tan silenciosa como imprescindible dentro del Cuerpo.
Su reconocimiento oficial llegó en un momento de transición histórica, cuando la Guardia Civil comenzaba a prepararse para la incorporación plena de la mujer.
El 31 de diciembre de 1987 quedó fijado como la fecha clave. Ese día, el Boletín Oficial del Cuerpo recogía la obtención del diploma de aptitud tras superar el I Curso de Matronas de la Guardia Civil. Una convocatoria singular que no volvería a repetirse y que marcaría para siempre la trayectoria profesional de aquellas mujeres.
Un diploma histórico dentro de la Guardia Civil
La convocatoria de este primer curso fue promovida mediante la Resolución 722/38302/1987, de 30 de abril. Tras superar las pruebas selectivas y la formación correspondiente, las 69 mujeres obtuvieron su diploma oficial como matronas de la Guardia Civil, convirtiéndose en una promoción única dentro del organigrama del Cuerpo.
La Guardia Civil asignó destinos muy concretos a estas profesionales. Su presencia era especialmente necesaria en puntos estratégicos como puestos fronterizos, aeropuertos y puertos. Una serie de lugares donde se requería personal femenino para actuaciones específicas. Su trabajo respondía a una realidad operativa muy concreta, en un tiempo en el que la presencia de mujeres en la institución aún no estaba normalizada.

Antes de la creación de esta promoción, la Guardia Civil ya contaba con matronas. Sin embargo, su perfil era muy distinto. Eran, en su mayoría, viudas y huérfanas del Cuerpo, que habían heredado esa función como medio de subsistencia y servicio. Su labor estaba vinculada al reconocimiento corporal de mujeres en casos de sospecha de contrabando, robo u otras circunstancias que lo requirieran.
La llegada de la nueva promoción supuso un relevo progresivo. Las matronas diplomadas asumieron esos cometidos en destinos donde la Guardia Civil consideraba imprescindible la presencia femenina, profesionalizando una función que hasta entonces había tenido un carácter más asistencial que reglado.
La llegada de la mujer y el cambio de funciones
El año 1988 marcó un punto de inflexión. Con la publicación del Real Decreto-Ley 1/1988, se produjo la incorporación de la mujer a la Guardia Civil en la primera promoción mixta de hombres y mujeres. Ese avance estructural tuvo un efecto directo sobre el papel de las matronas.
A partir de ese momento, muchas de ellas comenzaron a desempeñar funciones de carácter más administrativo y burocrático dentro de la Guardia Civil. El contexto había cambiado y la institución avanzaba hacia un modelo de igualdad que hacía innecesaria la existencia de un colectivo específico para tareas que ya podían asumir las nuevas agentes.

En el año 2000, la Guardia Civil ofreció a estas matronas la posibilidad de integrarse en la Administración General del Estado como funcionarias, reconociendo oficialmente los servicios prestados durante años. Aquella decisión cerró definitivamente una etapa singular en la historia del Cuerpo.
Aunque su figura desapareció del organigrama activo, su legado permanece. En 2022 se conmemoró el 35 aniversario de la incorporación de estas matronas a la Guardia Civil. Un aniversario que sirvió para recuperar su memoria y subrayar el papel que desempeñaron en un momento clave de transformación institucional.


